jueves, 1 de diciembre de 2016

LECTURAS Y COMENTARIO II DOMINGO DE ADVIENTO CICLO A - 4 DICIEMBRE 2016

“DEN FRUTOS”

  
ORACION COLECTA

Señor todopoderoso, rico en misericordia, cuando salimos animosos al encuentro de tu Hijo, no permitas que lo impidan los afanes de este mundo; guíanos hasta el con sabiduría divina para qué podamos participar plenamente de su vida. Por Nuestro Señor Jesucristo.

PRIMERA LECTURA

Lectura del libro de Isaías 11,1-10

Aquel día, brotará un renuevo del tronco de Jesé, y de su raíz florecerá un vástago. Sobre él se posará el espíritu del Señor: espíritu de prudencia y sabiduría, espíritu de consejo y valentía, espíritu de ciencia y temor del Señor. Le inspirará el temor del Señor. No juzgará por apariencias ni sentenciará sólo de oídas; juzgará a los pobres con justicia, con rectitud a los desamparados. 
Herirá al violento con la vara de su boca, y al malvado con el aliento de sus labios. La justicia será cinturón de sus lomos, y la lealtad, cinturón de sus caderas. Habitará el lobo con el cordero, la pantera se tumbará con el cabrito, el novillo y el león pacerán juntos: un muchacho pequeño los pastorea. La vaca pastará con el oso, sus crías se tumbarán juntas; el león comerá paja con el buey. 
El niño jugará en la hura del áspid, la criatura meterá la mano en el escondrijo de la serpiente. No harán daño ni estrago por todo mi monte santo: porque está lleno el país de ciencia del Señor, como las aguas colman el mar. Aquel día, la raíz de Jesé se erguirá como enseña de los pueblos: la buscarán los gentiles, y será gloriosa su morada.

SALMO RESPONSORIAL (71)

Que en sus días florezca la justicia,
y la paz abunde eternamente

Dios mío, confía tu juicio al rey, tu justicia al hijo de reyes, para que rija a tu pueblo con justicia, a tus humildes con rectitud. R.

Que en sus días florezca la justicia y la paz hasta que falte la luna; que domine de mar a mar, del Gran Río al confín de la tierra. R.

Él librará al pobre que clamaba, al afligido que no tenía protector; él se apiadará del pobre y del indigente, y salvará la vida de los pobres. R.

Que su nombre sea eterno, y su fama dure como el sol: que él sea la bendición de todos los pueblos, y lo proclamen dichoso todas las razas de la tierra. R.

SEGUNDA LECTURA

Lectura de la carta del apóstol san Pablo a los Romanos 15,4-9

Todas las antiguas Escrituras se escribieron para enseñanza nuestra, de modo que entre nuestra paciencia y el consuelo que dan las Escrituras mantengamos la esperanza. Que Dios, fuente de toda paciencia y consuelo, les conceda estar de acuerdo entre ustedes, según Jesucristo, para que unánimes, a una voz, alaben al Dios y Padre de nuestro Señor Jesucristo. 
En una palabra, acogeos mutuamente, como Cristo los acogió para gloria de Dios. Quiero decir con esto que Cristo se hizo servidor de los judíos para probar la fidelidad de Dios, cumpliendo las promesas hechas a los patriarcas; y, por otra parte, acoge a los gentiles para que alaben a Dios por su misericordia. Así dice la Escritura: «Te alabaré en medio de los gentiles y cantaré a tu nombre.».

EVANGELIO

Lectura del santo evangelio según san Mateo 3,1-12

Por aquel tiempo, Juan Bautista se presentó en el desierto de Judea, predicando: «Conviértanse, porque está cerca el reino de los cielos.».
Éste es el que anunció el profeta Isaías, diciendo: «Una voz grita en el desierto: "Preparad el camino del Señor, allanad sus senderos."». 
Juan llevaba un vestido de piel de camello, con una correa de cuero a la cintura, y se alimentaba de saltamontes y miel silvestre. Y acudía a él toda la gente de Jerusalén, de Judea y del valle del Jordán; confesaban sus pecados; y él los bautizaba en el Jordán.
Al ver que muchos fariseos y saduceos venían a que los bautizará, les dijo: «¡Camada de víboras!, ¿quién les ha enseñado a escapar del castigo inminente?. 
Den el fruto que pide la conversión. Y no se hagan ilusiones, pensando: "Abrahán es nuestro padre", pues les digo que Dios es capaz de sacar hijos de Abrahán de estas piedras. Ya toca el hacha la base de los árboles, y el árbol que no da buen fruto será talado y echado al fuego. 
Yo los bautizo con agua para que se conviertan; pero el que viene detrás de mí puede más que yo, y no merezco ni llevarle las sandalias. Él los bautizará con Espíritu Santo y fuego. Él tiene el bieldo en la mano: aventará su parva, reunirá su trigo en el granero y quemará la paja en una hoguera que no se apaga.».

COMENTARIO

En este segundo domingo de Adviento tenemos la presentación de Juan el Bautista. Nadie mejor para prepararnos a recibir al Mesías. Diríamos que Juan está hecho para eso, para preparar los caminos de Cristo, para anunciar su llegada y promover los encuentros, el Precursor. Es, no una característica, sino la definición de Juan.
Juan era hijo de sacerdote y podía haberse manifestado en el templo. Pero él no iba a seguir el oficio de su padre, ni se iba a llamar como su padre, Zacarías, que significa «el Señor recuerda». Juan no estaba hecho para recordar, sino para anunciar algo nuevo. El nombre de Juan significa «Yahveh es misericordioso», Yahveh se ha compadecido, Yahveh muestra su favor. Juan estaba hecho para anunciar el favor de Dios, que la misericordia de Dios se ha manifestado definitivamente.
Lo que Juan anuncia es que el Reino de Dios está cerca, que Dios mismo está cerca. Por lo tanto, hay que prepararse a fondo, desde la raíz. Hay que quitar impedimentos, hay que limpiar suciedades, hay que podar estorbos, hay que acabar con la esterilidad y ofrecer frutos buenos de todas clases. Para ello Juan bautiza con agua, pero anuncia un bautismo radical «de Espíritu Santo y fuego». Con Jesús el pueblo será bautizado por el Espíritu, es decir, será sumergido en esta fuerza de vida y de santidad de Dios que es su Espíritu. Mateo, al estilo judío, evita en lo posible, por un exagerado respeto, pronunciar el nombre de Dios y recurre a sucedáneos, como "el cielo". El reino de los cielos y el reino de Dios -de que nos hablan Marcos y Lucas- son la misma realidad. El reino, o mejor, reinado de Dios, era la más alta aspiración y esperanza del Antiguo Testamento y del judaísmo. Algo que pertenecía al más allá y que Dios concedería en el momento oportuno. Sería como el nuevo cielo y la nueva tierra donde no habrá pecado, muerte ni dolor. El Bautista anuncia que todo esto, que los judíos esperaban para un futuro incalculable, se realiza en la persona de Jesús y a través de ella. Estamos ante la razón última de las exigencias de la conversión: el hombre debe volverse a Dios, porque Dios se ha vuelto a los hombres.

PLEGARIA UNIVERSAL

Nos ponemos en presencia del Señor para pedirle que escuche todas esas necesidades que hacen a nuestra vida sombría y pesarosa. R.- Padre, Escúchanos.

1.- Por el Papa Francico, para que como pastor supremo guie a su rebaño por los caminos de este Adviento, enderezando los corazones de todos hacia Cristo Salvador.  Padre, Escúchanos.

2.- Por los gobernantes de las naciones, para que en este tiempo propicio del Adviento conviertan sus corazones al Señor. Padre, Escúchanos.

3.- Por los que viven alejados de Cristo y de su Iglesia, para que renazca un renuevo de aquel tronco que un día era floreciente y hoy está seco. Padre, Escúchanos.

4.- Por los enfermos y todos sus cuidadores para que en estos momentos se reavive en ellos la esperanza que Cristo nos ha traído con su primera venida y nos renueva con la promesa de su segunda venida. Padre, Escúchanos.

Padre, te presentamos estas suplicas con el corazón lleno de confianza de que tú nos escucharás. Danos tu Espíritu,  que nos guíes durante este tiempo de preparación. Te lo pedimos por Jesucristo Nuestro Señor. 

ORACION SOBRE LAS OFRENDAS

Que los ruegos y ofrendas de nuestra pobreza te conmuevan, Señor, y al vernos desvalidos y sin méritos propios acude, compasivo, en nuestra ayuda. Por Jesucristo nuestro Señor.

ORACION DESPUES DE LA COMUNION

Alimentados con esta eucaristía te pedimos, Señor, que por la comunión de tu sacramento nos des sabiduría para sopesar los bienes de la tierra, amando intensamente los del cielo. Por Jesucristo nuestro Señor.

PALABRA DE DIOS Y SANTORAL DE CADA DÍA

Lunes 05: Is 35, 1-10; Sal 84; Lc 5, 17-26.
Martes 06:  Is 40, 1-11; Sal 95; Mt 18, 12-14. (Se puede celebrar la memoria de San Nicolás, Obispo (blanco)
Miércoles 07: San Ambrosio, obispo y Doctor de la Iglesia (MO) Is 40, 25-31; Sal 102; Mt 11, 28-30.
Jueves 08: La Inmaculada Concepción de la Santísima Virgen María (S)- Precepto  Gn 3, 9-15; Sal 97; Ef 1, 3-6.11-12; Lc 1, 26-38.
Viernes 09: Is 48, 17-19; Sal 1; Mt 11, 16-19.
Sábado 10: Eclo 48, 1-4.9-11; Sal 79; Mt 17, 10-13.
Domingo 11:  III de Adviento Is 35, 1-6ª; Sal 145; St 5, 7-10; Mt. 11, 2-11.



COMENTARIOS AL EVANGELIO
Mt 3. 1-12
Paralelos: Mc 1, 1-8   Lc 3, 1-18

1.- El verbo "convertirse" y el sustantivo correspondiente aparecen en Mt en momentos de gran importancia para el mensaje evangélico (3. 2; 4. 17; 11. 20; 12. 41). Más que cambio de mentalidad (según el pensamiento griego) habría que entender "cambio de camino (según la manera de pensar del A.T.). Todo el que inicia un camino de fe tiene que encontrarse con esta realidad: vivir de fe es ir cambiando poco a poco nuestra manera de andar por el camino de la vida.
Eucaristía 1989/57



2.- Todos los evangelistas cuentan con la actividad del Bautista como previa a la de Jesús. Cada uno lo presenta desde un punto de vista y los diversos aspectos de esta figura singular nos proporcionan otros tantos elementos para reconstruir su extraordinaria personalidad. Mateo acentúa el aspecto de predicador que lleva a cabo su quehacer al estilo profético. Los profetas antiguos se distinguían tanto por sus vestidos ásperos como por la austeridad de su vida (2 Re 1, 8). El Bautista entra en escena como un predicador penitencial.
El contenido esquematizado de su predicación coincide absolutamente con lo que después anunciaría Jesús (4, 17). Exige la conversión. Era tema y exigencia continua también entre los fariseos. La diferencia estaba en el modo de entenderla. La conversión "farisaica" significaba únicamente el "cambio de mente". La conversión exigida por el Bautista, y por Jesús, es mucho más: la exigencia de un cambio radical, total, en la relación con Dios y esta relación con Dios comprende no sólo el interior sino también lo externo, todo lo que es visible en la conducta humana (v. 8: dar frutos dignos de penitencia). La recta relación con Dios debe traducirse en la correspondiente ordenación y conducta recta de toda la vida. El ejemplo del árbol lo ilustra: si el árbol es bueno, produce buenos frutos, frutos dignos de sí. Quien se convierte a Dios es como una planta de su inmenso campo y sus frutos-obras deben ser buenos. Si el árbol no produce buenos frutos es señal evidente de que no es bueno.Entonces será cortado y arrojado al fuego.
La radicalidad en las exigencias del Bautista molestaban a los piadosos de la época: los "fariseos", movimiento de laicos instruidos y piadosos, que buscaban, con su conversión interna, la seguridad frente al juicio divino, y los "saduceos", la nobleza sacerdotal influyente. Había entre ellos diferencias radicales, por ejemplo los saduceos no creían en la resurrección, pero existía entre ellos un denominador común: su situación de privilegio por ser hijos de Abraham. A estas clases privilegiadas les anuncia Juan: ante Dios no existe seguridad basada en privilegios, ante Dios no hay acepción de personas. El juzga según la conducta observada. Más aún, Dios puede hacer hijos de Abraham de las piedras. Dios puede llevar a cabo una nueva creación, lo mismo que hizo al primer hombre del polvo. San Pablo lo formularía diciendo que los que creen en Cristo son nuevas criaturas. Y esto es, en definitiva, lo que cuenta. El auto-afianzamiento y seguridad propia es el medio más adecuado para caer en la ira de Dios. Evidentemente estamos ante una metáfora. La ira de Dios significa su incompatibilidad con el pecado, la separación-lejanía de Dios de aquéllos que se separan de él.
Comentarios a la Biblia Litúrgica NT, Edic Marova /Madrid 1976.Pág. 936



3.- Presentación de Juan el Bautista. Nadie mejor para prepararnos a recibir al Mesías. Diríamos que Juan está hecho para eso, para preparar los caminos de Cristo, para anunciar su llegada y promover los encuentros, el Precursor. Es, no una característica, sino la definición de Juan.
Juan era hijo de sacerdote y podía haberse manifestado en el templo. Pero él no iba a seguir el oficio de su padre, ni se iba a llamar como su padre, Zacarías, que significa «el Señor recuerda». Juan no estaba hecho para recordar, sino para anunciar algo nuevo. El nombre de Juan significa «Yahveh es misericordioso», Yahveh se ha compadecido, Yahveh muestra su favor. Juan estaba hecho para anunciar el favor de Dios, que la misericordia de Dios se ha manifestado definitivamente.
Lo que Juan anuncia es que el Reino de Dios está cerca, que Dios mismo está cerca. Por lo tanto, hay que prepararse a fondo, desde la raíz. Hay que quitar impedimentos, hay que limpiar suciedades, hay que podar estorbos, hay que acabar con la esterilidad y ofrecer frutos buenos de todas clases. Para ello Juan bautiza con agua, pero anuncia un bautismo radical «de Espíritu Santo y fuego».
Caritas, Ríos del Corazón, Adviento y Navidad 1992.Pág. 40



4.- Texto. A diferencia de Marcos y de Lucas, Mateo introduce a Juan Bautista en acción y después lo presenta. De esta forma resalta más el mensaje transmitido (v.2) que la identidad del mensajero (vs. 3-4). Como los otros evangelistas, también Mateo resalta el impacto y acogida del mensaje (vs. 5-6), pero a partir del v. 7 tiene un punto de mira propio: fariseos y saduceos. Ellos, en exclusiva, son los destinatarios del desarrollo del mensaje. Fariseos y saduceos representaban las dos corrientes religiosas más representativas de la sociedad judía. Los fariseos, con sus haburot o fraternidades laicales, empeñadas en el más estricto cumplimiento de la Ley, interpretada ésta de acuerdo a una tradición que buscaba acomodar los principios a las situaciones siempre cambiantes; los saduceos, con su sacerdocio y su culto en el Templo y con su fundamentalismo religioso que sólo tenía en cuenta la Ley escrita, sin la dinámica de la tradición.
Fariseos y saduceos son objeto de crítica en su calidad de corrientes religiosas que apelaban a su pertenencia al Pueblo de Dios. No os hagáis ilusiones pensando que sois descendientes de Abrahán. A pesar de esa pertenencia se les acusa de no dar frutos adecuados de conversión y por eso se les amenaza con la llegada del día del Señor, una llegada en la que precisamente ellos tenían depositada la máxima esperanza. Se les dice que esa llegada es inminente en la persona del que tiene toda la fuerza y la autoridad de Dios para discernir los corazones.
En su identificación de Juan en los vs. 3-4, Mateo lo había presentado vestido a la usanza de Elías (ver 2 Reyes 1, 8). Para Mateo, Juan es el mensajero del día del Señor, el Elías esperado inmediatamente antes del final de los tiempos para preparar a los miembros del Pueblo de Dios a salir airosos ante la llegada del Mesías.
Comentario. Por encima de los inevitables modelos culturales y religiosos, lo significativo en el texto de hoy es la necesidad de conversión en los miembros del Pueblo de Dios. A fuerza de manida, la afirmación ni nos sorprende ni nos inquieta. Quisiera, sin embargo, indicar que la categoría y altura morales de los destinatarios de la exigencia de Juan hacen de ésta una sorpresa, en el mejor de los casos. ¿De qué tenían, en efecto, que convertirse unas personas que, como los fariseos, se caracterizaban por un estricto cumplimiento de la Ley? Hasta tal punto era ejemplar su cumplimiento que constituyeron un modelo y un reclamo moral en todo el ámbito greco-romano. Es ciertamente sorprendente exigir conversión a unas personas así.
CV/MANDAMIENTOS: Por eso mismo la conversión que se les pide tiene que ir por derroteros distintos de los de la buena conducta. No es que ésta se excluya; sencillamente se da por supuesta. Ser miembro del Pueblo de Dios presupone ser buena persona, es decir, cumplir los mandamientos. La buena conducta pertenece a los presupuestos, no a la esencia del creyente.
La conversión que se le pide a un miembro del Pueblo de Dios ahonda sus raíces en el complejo y misterioso mundo de las estructuras de la conducta. Se trata de un cambio de mentalidad y de talante; de un modo de ser, de orientarse y de estar situado diferentes a los modos al uso. La cercanía de una persona diferente como es Jesús exige también personas diferentes. Lo que no sea esto equivaldrá a tener el mundo que tenemos, pero no el Reino de los cielos.
Alberto Benito, Dabar 1989/02



5.- Comentario. Si hemos de ser fieles a Mateo no tenemos más remedio que reconocer lo siguiente: Juan Bautista amenaza con Jesús a fariseos y saduceos. La imagen del pregonero de Isaías anunciando al pueblo la alegre noticia del final del cautiverio queda contrapesada y eclipsada por la imagen de Elías, que según los judíos tiene que retornar antes del final del presente estado de cosas para poner orden y concierto. Para Mateo, en efecto, Juan Bautista es el duro y terrible Elías, el del segundo libro de los Reyes que hace bajar fuego del cielo. Esto quiere decir que Mateo se sitúa en el final de un estado de cosas intolerable. De ahí la irrupción de Juan clamando por el cambio. ¿Qué cambio? No se nos dice. Sencillamente, se formula su necesidad: Convertíos. El grito queda así como una exigencia abierta a las mil concreciones de los oyentes-lectores.
Hay con todo un dato sugerente. Me refiero a las personas fustigadas. Todo conocedor de la historia judía sabe que fariseos y saduceos no pueden ser contertulios y compañeros de peregrinación, y sabe también que, sobre todo, los fariseos, moldean su conducta en el crisol de la Ley de Dios. ¿Qué sentido puede tener para ellos la exigencia de dar el fruto que pide la conversión? ¿Un mayor o ejemplo cumplimiento de la Ley? Pero si es así no parecen merecedoras de una interpelación tan dura como la de raza de víboras.
Casi siempre asociamos conversión y comportamiento. Y no está mal. Pero casi nunca asociamos conversión y actitud. ¿Se nos ha ocurrido pensar que en un comportamiento bueno puede darse una actitud mala? Por ejemplo, de intransigencia, de engreimiento... "Abrahám es nuestro padre" era el santo y seña común a fariseos y saduceos. De ahí que Mateo los mencione al unísono. Esa frase equivalía a esta otra: Somos el pueblo de Dios. Y tras ella podía esconderse una conciencia con alguno de los siguientes componentes: intransigencia, cerrazón, superioridad, desprecio. El duro y terrible Elías de Mateo asesta su golpe en esta conciencia, desenmascara al Pueblo de Dios en cuanto Pueblo de Dios. Y lo hace en nombre del que está para llegar. Jesús es, pues, una amenaza para el Pueblo de Dios.
A. Benito, Dabar 1986/02



6.- Juan el Bautista es una figura señera que marca la espiritualidad del tiempo de Adviento. Su importancia no viene dada sólo por el hecho de ser el último y "el mayor de los profetas", sino, sobre todo, porque él es el profeta de la inminencia, el que anuncia la presencia del Señor: por este motivo Juan escapa de los tiempos antiguos y se inserta destacadamente en el NT. Los tres sinópticos coinciden en reservar una parte importante de su narración a la descripción del ministerio de Juan el Bautista.
Concretamente, el evangelio de san Mateo, hoy, hace intencionadamente hincapié en que la aparición del Bautista representa el cumplimiento de las profecías recordando Is 40, 3, en que la expresión "camino a Yavhé" queda sustituida por "camino al Señor": Jesús es la manifestación suprema de Dios entre los hombres. Nos encontramos, pues, dentro de una época nueva: la expresión inicial "por aquel tiempo" es cronológicamente poco concreta, pero suficientemente para enterarnos de que la narración evangélica no se coloca en la línea de las teorías, sino dentro de la temporalidad de los hechos de la historia. No es el hombre el que interpreta unos hechos, sino que son los hechos los que revelan el sentido de la historia que ahora empieza a narrar el evangelista.
Notemos el poder de convocatoria que tiene la predicación de Juan. Más allá de todo partidismo, los evangelistas ven y destacan el universalismo de su palabra. En torno a su persona comienza a formarse el nuevo pueblo mesiánico del cual surgirá Jesús. El contenido de la predicación, centrado especialmente en las palabras dirigidas contra los fariseos y saduceos, muestra una vez más que una realidad nueva empieza: no es suficiente la religión formalista, ni la pureza del linaje; el tiempo nuevo se debe caracterizar por una conversión fáctica, nacida del fondo del corazón del hombre. El tiempo de la "fidelidad de Dios" exige asimismo la fidelidad del hombre.
Mateo deja claro que, a pesar de la importancia de Juan, él queda sujeto y subordinado a la persona de Jesús. Sólo él es portador del Espíritu de Dios y del juicio definitivo sobre la vida de los hombres y de los pueblos.
A. R. Sastre, Misa Dominical 1977/22



7.- Después de hablar de la genealogía, nacimiento y narraciones de la infancia de Jesús en los capítulos 1 y 2, Mateo inicia el evangelio de la proclamación del Reino, proclamación hecha en primer lugar por Juan, luego por Jesús, y por encargo de El, por los apóstoles. La expresión inicial "por aquel tiempo" nos indica que entramos en una nueva sección.
La proclamación de Juan consiste en decir: Convertíos que está cerca el Reino de los Cielos. Convertirse debe entenderse como un cambio radical en la vida de cada hombre; siguiendo la línea del Antiguo Testamento, consistiría en un retorno incondicional al Dios que hizo la alianza con el hombre. Mateo, siguiendo la tradición judía, evita decir el nombre de Dios, y por eso habla del "Reino de los Cielos": Dios, que reina en los cielos, se dispone a reinar también en la tierra y sobre los hombres, y por eso hay que prepararle el camino, volverse hacia El para que pueda reinar sobre cada persona.
Las características externas de Juan son las de un profeta, especialmente las de Elías (cfr. 2 R 1,8): es él quien prepara el camino para la venida del Señor. Y su predicación tiene una respuesta verdaderamente popular: "de Jerusalén, de Judea y del valle del Jordán". Para poder aceptar el reinado de Dios es necesaria una purificación interior, que se expresa por medio del bautismo (el baño de inmersión dentro del agua) y que debe manifestarse en frutos ("dad el fruto que os pide la conversión") que vayan estrechamente unidos con el deseo y el signo de la conversión. Para Juan, la llegada del que "puede más que él" supone también el juicio: todo el que no haya dado frutos de conversión será excluido del reinado de Dios por este juicio que está ya aquí mismo. Será el propio Mesías quien haga este juicio: con la imagen de aventar el trigo en la era, se indica la función purificadora y separadora que va a ejercer.
El bautismo mesiánico tendrá también esta característica: será una purificación hecha por medio del fuego del Espíritu Santo. El bautismo de Juan no es más que una purificación para prepararse a recibir el del Mesías, que consistirá en una donación del Espíritu. De ahí que este bautismo del Espíritu no lo dé Juan, sino el que viene después de él, a quien llama "el Poderoso", "el Fuerte", refiriéndose a unos de los nombres que en el Antiguo Testamento se dan a Dios: "Dios grande, fuerte, Yavhé de los ejércitos es su nombre" (Is 32,18). Ante El, Juan se sitúa en una postura como la que el esclavo tenía para con su señor.
Con Jesús el pueblo será bautizado por el Espíritu, es decir, será sumergido en esta fuerza de vida y de santidad de Dios que es su Espíritu.
J. Roca, Misa Dominical 1980/23



8.- Convertíos, porque está cerca el reino de los cielos
Mateo presenta, por un lado, la figura de Juan, el Bautista, y su acción profética confirmada por la Escritura (3,1-6); y por otro, su predicación (3,7-12). De este retrato de Juan emerge su estilo de vida, que bautice y que haga lo que el profeta Isaías había anunciado. Y de su predicación, destaca la llamada a la conversión y el anuncio del juicio de Dios.
El Bautista aparece como el predicador de la conversión, de la opción por una vida nueva, condicionada por el hecho de que el Reino de Dios se ha manifestado históricamente en Jesús de Nazaret, el hombre que trae el juicio de Dios. El papel de Juan es de precursor: hace que se entrevea en su estilo de vida y mensaje cuál será la misión de Jesús de Nazaret.
La predicación de Juan Bautista denuncia el conjunto del judaísmo oficial, que se opone al proyecto salvador de Jesús. Los fariseos (reformadores laicos con pinceladas fuertemente integristas) y los saduceos (conservadores del clero y de los notables de la ciudad) son emparentados con la estirpe de la serpiente (3,7), imagen que significa la maldad perversa y obstinada, y que contrasta con la estirpe del Mesías. Detrás de esta denuncia del Bautista, resuena la preocupación del evangelista Mateo por desenmascarar la falsa seguridad de un ritualismo estéril, que aseguraría la inmunidad ante el juicio de Dios (el bautismo no sería ninguna garantía); así como la falsa seguridad de la pertenencia a la estirpe de Abrahán, que serviría de coartada para escaparse del juicio de condena (3,9). El criterio último y decisivo es la conversión y la adhesión íntegra y fiel a Dios, que implica un estilo de vida conforme a las exigencias de su voluntad (hay que dar buen fruto).
Al final, el Bautista presenta al protagonista del juicio de Dios, el que bautizará con Espíritu Santo y fuego. Aquí se definen las características de los dos bautismos y se presentan a sus protagonistas (3,11): un bautismo es con agua para la conversión y el otro es con Espíritu y fuego para la salvación; el primero es menos que un esclavo y el que viene después es más que Señor; uno anuncia el juicio y el otro es el juez, el purificador de su parva.
Por tanto, ante la inminencia de la venida del Señor y juez, Juan propone llevar una vida enraizada en la fidelidad a la voluntad de Dios (el buen fruto) y no enraizada en falsas seguridades.
J. Fontbona, Misa Dominical 1995/15

viernes, 25 de noviembre de 2016

LECTURAS Y COMENTARIO I DOMINGO DE ADVIENTO CICLO A - 27 NOVIEMBRE 2016

LA ANTIRUTINA


ORACION COLECTA
 El Señor viene «Dios todopoderoso, aviva en tus fieles, al comenzar el Adviento, el deseo de salir al encuentro de Cristo, acompañados por las buenas obras, para que, colocados un día a su derecha, merezcan poseer el reino eterno. Por nuestro Señor.».

PRIMERA LECTURA

Lectura del libro de Isaías 2,1-5

Visión de Isaías, hijo de Amós, acerca de Judá y de Jerusalén: Al final de los días estará firme el monte de la casa del Señor en la cima de los montes, encumbrado sobre las montañas. Hacia él confluirán los gentiles, caminarán pueblos numerosos. Dirán: «Venid, subamos al monte del Señor, a la casa del Dios de Jacob: él nos instruirá en sus caminos y marcharemos por sus sendas; porque de Sión saldrá la ley, de Jerusalén la palabra del Señor.». Será el árbitro de las naciones, el juez de pueblos numerosos. De las espadas forjarán arados, de las lanzas, podaderas. 
No alzará la espada pueblo contra pueblo, no se adiestrarán para la guerra. Casa de Jacob, ven, caminemos a la luz del Señor.

SALMO RESPONSORIAL (121)

Vamos alegres a la casa del Señor

Qué alegría cuando me dijeron: «Vamos a la casa del Señor»!. Ya están pisando nuestros pies tus umbrales, Jerusalén. R.

Allá suben las tribus, las tribus del Señor
según la costumbre de Israel, a celebrar el nombre Señor; en ella están los tribunales de justicia, en el palacio de David. R.

Desead la paz a Jerusalén: «Vivan seguros los que te aman, haya paz dentro de tus muros,  seguridad en tus palacios». R.

Por mis hermanos y compañeros, voy a decir: «La paz contigo». Por la casa del Señor, nuestro Dios, te deseo todo bien. R.

SEGUNDA LECTURA

Lectura de la carta del apóstol San Pablo a los Romanos 13,11-14

Daos cuenta del momento en que viven; ya es hora de despertarse del sueño, porque ahora nuestra salvación está más cerca que cuando empezamos a creer. La noche está avanzada, el día se echa encima: dejemos las actividades de las tinieblas y pertrechémonos con las armas de la luz. Conduzcámonos como en pleno día, con dignidad. Nada de comilonas ni borracheras, nada de lujuria ni desenfreno, nada de riñas ni pendencias. Vístanse del Señor Jesucristo.

EVANGELIO

Lectura del santo Evangelio según san Mateo 24,37-44

En aquel tiempo dijo Jesús a sus discípulos: «Cuando venga el Hijo del hombre, pasará como en tiempo de Noé. Antes del diluvio, la gente comía y bebía y se casaba, hasta el día en que Noé entró en el arca; y cuando menos lo esperaban llegó el diluvio y se los llevó a todos; lo mismo sucederá cuando venga el Hijo del hombre: Dos hombres estarán en el campo: a uno se lo llevarán y a otro lo dejarán; dos mujeres estarán moliendo: a una se la llevarán y a otra la dejarán. 
Por lo tanto, estén en vela, porque no saben qué día vendrá su Señor. Comprendan que si supiera el dueño de casa a qué hora de la noche viene el ladrón estaría en vela y no dejaría abrir un boquete en su casa. Por eso, estén también ustedes preparados, porque a la hora que menos piensen viene el Hijo del hombre.».

COMENTARIO
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El ciclo litúrgico que hoy comienza va a tener a Mateo como evangelista base. “Hermanos, ¡Despierten de su sueño!”. Nuestro sueño es la rutina. La rutina nos oculta el transcurrir inexorable de los días.
Jesús describe esta rutina: “En tiempos de Noé, la gente comía, bebía, se casaba…”. Un hombre supo ver las cosas a tiempo: “Noé entró en el arca”. 
Pero los demás siguieron viviendo hasta que, “cuando menos lo esperaban, llegó el diluvio y se los llevó a todos”. La rutina nos traga a todos. Piensen en esos “debería reaccionar…, es preciso que actúe… ¡es tremendo cómo pasan los años!..., si pudiera volver…, si los jóvenes supieran”.
Nosotros lo sabemos. Basta con escuchar a Jesús: “Dos hombres estarán en el campo, al uno se lo llevarán y al otro lo dejarán; dos mujeres estarán moliendo, a una mismas tareas, unos duermen y otros viven. 
Unos no se preparan para nada y otros están dispuestos. ¿Despiertos a qué?. La llamada a la vigilancia, lo repite Jesús, es a una vigilancia de buena calidad. Puede tomar el aspecto de una angustia paralizante, o convertirse en un “¿para qué?” que suponga un desprecio del mundo y de las taras terrenas. No, la vigilancia evangélica es por el contrario una vida actual poderosa, ya que en ella se verifica constantemente la calidad de interés y de atención de lo que uno está haciendo.
Nuestra costumbre (comer-.tele-auto), nuestras preocupaciones (ganar más; acaba esta tarea) nuestros proyectos de ocio (el fin de semana, las vacaciones). 
¿Hacer todo esto     de   nosotros   unos     hombres   que  utilizamos la vida a fondo?. ¿O es el amor, es decir la vida al cien por ciento? ¿Dónde está el servicio fraternal, los afanes misioneros, la oración? 
“No tengo tiempo” es a veces el grito de la vida intensa. Pero a menudo es la canción de la rutina, porque la rutina canta muy bien. 
La vigilancia cristiana no es más que la vida ante Dios, la vida con Dios. Se hacen exactamente las mismas cosas, pero esas cosas tienen un interés más, una  densidad.  “A uno se lo llevarán y al otro lo dejarán”. 
Los vigilantes se arraigan ya en lo eterno, los rutinarios se quedan en la superficie de las coas y en cada momento corren el peligro de verse barridos.
La verdadera vigilancia, lejos de quitar el gusto por las coas de la vida, les da el sabor de las iniciaciones de los aprendizajes apasionantes. ¡Qué maravilla convertirse  a través de todo lo que uno vive en una persona que se construye para la eternidad y que construye una parte de la humanidad eterna!. ¿La anti-rutina?. Reflexionar recuperarse, no dejar que sea el reloj lo único que dicta nuestra vida, no dejarse atar por la agenda, por los automatismos, por el “siempre he hecho esto”.
El cristiano “que está preparado” es aquel que vive lo ordinario tan libremente tan conscientemente que esto lo mantiene despierto para lo inesperado incluida la hora extraordinaria la última quizás traicionera: “Estad vigilantes para que no os sorprenda”. 

PLEGARIA UNIVERSAL

Como dice San Pablo, es hora de despabilarse y dejar aquellas actividades que nos alejan de Dios. Pidámosle al Dios que viene: R.- Señor, escúchanos.

1.- Por el Papa Francisco, los Obispos y los sacerdotes para que con sus palabras, gestos, estímulos y ejemplos nos hagan  despertar a la vida que Cristo viene a traernos. Señor, escúchanos.

2.- Por el fin de las guerras y las hostilidades por un profundo cambio en los corazones para que todos aceptemos a Dios como juez supremo y junto construyamos la paz. Señor, escúchanos.

3.- Por los niños, para que puedan celebrar una Navidad llena de amor, fiel reflejo del inmenso Amor que Dios nos demostró con la Encarnación de su Hijo. Señor, escúchanos.

4.- Por los que sufren, los que viven solos, los que tienen necesidad, para que encuentren a su alrededor la comprensión y solidaridad necesaria para seguir adelante. Señor, escúchanos.

Padre celestial, al iniciar al Adviento te pedimos que acojas estas suplicas y nos ayudes a preparar la venida de tu Hijo. Por  Jesucristo  nuestro Señor.

ORACION SOBRE LAS OFRENDAS

Acepta, Señor, este pan y este vino, escogidos de entre los bienes que hemos recibido de ti, y concédenos que esta eucaristía que nos permites celebrar ahora en  nuestra vida mortal, sea para nosotros prenda de salvación eterna. Por Jesucristo nuestro Señor.

ORACION DESPUES DE LA COMUNION

Señor, que fructifique en nosotros la celebración de estos sacramentos con los que tú nos enseñas ya en nuestra vida mortal, a descubrir el valor de los bienes eternos y a poner en ellos nuestro corazón. Por Jesucristo nuestro Señor.

PALABRA DE DIOS Y SANTORAL DE CADA DÍA

Lunes 28: Is 4, 2-6; Sal 121; Mt 8, 5-11. 
Martes 29: Is 11, 1-10; Sal 71; Lc 10, 21-24.
Miércoles 30: San Andrés, apóstol (F) Rom 10, 9-18; Sal 18; Mt 4, 18-22.
Jueves 01:  Is 26, 1-6;  Sal 117; Mt 7, 21.24-27.
Viernes 02 : Is 29,  17-24;  Sal 26;  Mt 9, 27-31.
Sábado  03: San Francisco Javier, Presbítero (MO) Is 30, 18-21.23-26; Sal 146; Mt 9, 35-10, 1.6-8.
Domingo  04:  II De Adviento Is 11, 1-10; Sal 71; Rom 15, 4-9; Mt 3,, 1-12.


COMENTARIOS AL EVANGELIO
Mt 24, 37-44
Par: Mc/13/33-37   Lc/21/34-36

1.- -"Viene el Hijo del Hombre". Ciertamente. Velar es estar despierto, permanecer atento en un tiempo en que lo más normal sería estar durmiendo o vivir despreocupado. Y debemos acogerlo "con buenas obras" (colecta). La vida no es una rueda que da vueltas sin ton ni son. Tiene profundidad y sentido, que se abrirán con la venida del Hijo del Hombre. Este pensamiento (que novenarios y sermones aprovechaban para provocar miedo) es esperanzador. No nos encontraremos frente a un azar ciego y sin rostro o con un juez arbitrario y colérico. Le conocemos a Jesús y sabemos con quién nos la jugamos: ¿quién mejor que él para poner de manifiesto, simplemente qué es nuestra vida y cuál es nuestro corazón?
J. TOTOSAUS
MISA DOMINICAL 1980/22

El Evangelio se hace historia en el curso litúrgico que hoy inauguramos: estarán dos chicas en la oficina: una creerá y otra seguirá en las tinieblas exteriores; estarán dos hombres en el taller: uno asumirá la salvación de Dios, y otro seguirá renegando de la vida; estarán dos pecadores crucificados por la vida: uno volverá sus ojos a la Cruz de Jesús, otro seguirá blasfemando. Sucederá como en los días de Noé: vendrá el diluvio en forma de cáncer, de muerte del hijo, de desgracia familiar o social, y se los llevará la desesperación. Estad en vela, porque no sabéis cuándo vendrá el Señor. Pero, en el año que comienza, unas personas concretas se encontrarán con el Hijo del Hombre que viene: será una predicación, el matrimonio que van a contraer, un testimonio, un fracaso, una enfermedad... Incluso alguien que nunca tropezó con JC, lo encontrará cara a cara en la muerte. "Estad siempre preparados, porque a la hora que menos penséis, viene el Hijo del Hombre".
MIGUEL FLAMARIQUE VALERDI
ESCRUTAD LAS ESCRITURAS
REFLEXIONES SOBRE EL CICLO A
DESCLÉE DE BROUWER/BILBAO 1989 .Pág. 17

3.- Invitación a la vigilancia. El futuro del hombre no está escrito ni programado. Tampoco hay horóscopos para el futuro del mundo. Y Dios no se somete a los conjuros del mago o a las visiones apocalípticas. El Espíritu sopla donde y cuando quiere. El Hijo del Hombre es imprevisible y sorprendente, aunque siempre debe ser lo más querido y esperado. Viene como el ladrón, pero no para robar, sino para regalar. Si acaso, ladrón de corazones. Hay que vigilar pues, pero no para defenderse, sino para quitar defensas; no para esconderse, sino para salir al encuentro, preparando los caminos. La venida del Hijo del Hombre no será un diluvio devastador, sino una lluvia refrigeradora y saciante. "Esta vigilancia no es una "obsesión tensa" por la salvación personal, sino una "atención serena" para ser fieles a la misión de cada uno.
CARITAS
LA MAS URGENTE RECONVERSION
ADVIENTO Y NAVIDAD 1983.Pág. 12

En tiempo de Noé, refiere el Libro del Génesis (6,6-12), "toda la tierra estaba llena de iniquidad; la tierra estaba corrompida, porque todo mortal había corrompido su camino sobre ella". El texto evangélico no parece subrayar de manera particular la maldad de los hombres y el hecho de la violencia, sino más bien su vivir despreocupado. Como en tiempo de Noé, los hombres se preocupan poco de la cuestión fundamental, es decir, de su relación con Dios, enteramente zambullidos en las preocupaciones cotidianas. Viven tranquilos, sin tener idea del juicio de Dios que les amenaza. Porque en la vuelta del Señor habrá precisamente un "discernimiento": salvación para los que han vigilado y condenación para los que no se han preocupado de nada (24,40-41; 24,51; 25,12). Ahora podemos comprender ya algún aspecto de la vigilancia. Es la negativa a indagar curiosamente sobre el cómo y el cuándo. Es la actitud del que constantemente permanece alerta y atento; lo contrario es la actitud del que no se entera de nada. Contiene también un aspecto de "sobriedad". En un pasaje paralelo, pero colocado en otro contexto, Lucas (/Lc/17/25-33:CZ/VIGILANCIA) va más allá: la vigilancia es el camino de la cruz, el camino de la donación, y no de la conservación: "Acordaos de la mujer de Lot". El que intente salvar su vida la perderá, y el que la pierda la conservará.
BRUNO MAGGIONI
EL RELATO DE MATEO
EDIC. PAULINAS/MADRID 1982.Pág. 256

5.- Jesús compara la venida del Hijo del Hombre a lo que sucedió cuando el diluvio. Pero la venida del Hijo del Hombre no será un diluvio devastador, sino una lluvia pacífica y fecunda. Lo que pasa es que no avisa. Y la gente ni está preparada ni se da cuenta. Los grandes acontecimientos no suelen anunciarse al son de trompetas. El ladrón tampoco avisa, ni la muerte, ni los cambios culturales, ni las reformas religiosas. Cuando nos damos cuenta, están ahí.
Pues de eso se trata, de darse cuenta. No es que hayamos de vivir temerosos, como si en cualquier esquina nos alcanzara la goma-2 asesina o la navaja ladrona. Temerosos no, porque es falta de fe; pero tampoco inconscientes o dormidos. La consigna es «vigilad». Vigilad porque el Hijo del Hombre viene en cada momento; porque la verdad y la justicia necesitan ser defendidas en cada instante; porque la solidaridad, como el amor, no descansa; porque la libertad hay que ejercitarla en cada hora. Vigilad, para que no os perdáis la gracia del encuentro.
La gente, como en tiempos de Noé, come, bebe, se casa, trabaja, se divierte, pero está insatisfecha y vacía y no se da cuenta de nada. La gente no ve más allá de su cartera o del plato de comida.
CARITAS
LA MANO AMIGA DE DIOS
ADVIENTO Y NAVIDAD 1989.Págs. 19

6.- Texto. El ciclo litúrgico que hoy comienza va a tener a Mateo como evangelista base. Al igual que en la apertura de los restantes ciclos, el texto está tomado de la parte final del Evangelio. Un verbo domina en él: venir. Venida del Hijo del Hombre, del diluvio, de un ladrón. De estas venidas, dos, la del diluvio y la del ladrón, sirven de referencia aclaratoria de la tercera, la del Hijo del Hombre, expresión cuyos orígenes literarios controlables se remontan al singular libro de Daniel.
Las tres venidas tienen un dato en común: su imprevisibilidad y, consiguientemente, el desconocimiento del momento exacto de las mismas. A la luz de este dato, el interés del texto se centra en despertar en los lectores una actitud vigilante a fin de que no les coja desprevenidos la venida del Hijo del Hombre. Comentario. La venida del Hijo del Hombre es un acontecimiento de índole histórica universal que no se debe identificar ni confundir con la muerte de las personas. La vigilancia y preparación para ese acontecimiento es una actitud consciente y tampoco se debe identificar ni confundir con el estado de gracia de Dios.
El texto refleja una concepción de la historia que da respuesta a una pregunta existencial y no a una pregunta moral. La pregunta existencial indaga por el sentido de la historia humana: ¿hacia dónde camina el ser humano?
El texto responde a esta pregunta afirmando que la historia humana termina en una peripecia, cuyo protagonista es Dios. El ser humano vive bajo el polo de atracción de Dios, quien en un momento humanamente imprevisible, pero cierto, obrará una mudanza repentina de la actual situación o condición humana.
El texto inculca la conciencia de esta peripecia universal, invitando a evitar la actitud inconsciente de que nada muda ni puede mudar.
Resulta enormemente evocadora la expresión misma "Hijo del Hombre". En el libro de Daniel, a donde, como hemos dicho, la expresión se remonta, la figura del Hijo del Hombre está a mitad de camino entre lo divino y lo humano, lo individual y lo colectivo. En el Hijo del Hombre se conjugan armónicamente Dios y Hombre, incluyéndose ambos sin confundirse. El texto de Mateo nos habla de esta fusión inconfundible. La historia, por fin, aparece como abrazo de sus dos protagonistas Dios y Hombre. Es natural que, tras el abrazo, todo tenga que ser diferente.
A. BENITO
DABAR 1992/01

7.- Texto. Presenta el siguiente desarrollo: el versículo inicial establece una comparación entre la venida del Hijo del Hombre y la época de Noé. Los versículos siguientes 38-41 explican el sentido de esa comparación. Por último, los versículos 42-44 extraen la consecuencia.
En la explicación del sentido de la comparación el aspecto clave es que, por lo imprevisible del diluvio, éste cogió a todos por sorpresa. Con la venida del Hijo del Hombre puede pasar lo mismo: que, dado su carácter imprevisible, coja a todos por sorpresa. Este factor sorpresa es lo que expresan los dos ejemplos gráficos de los dos hombres y las dos mujeres.
Toda la dinámica del texto está encaminada a contrarrestar el factor sorpresa. De ahí la formulación de la consecuencia en términos de invitación a estar en vela y estar preparados, dos expresiones equivalentes, pertenecientes al campo de la atención y cuyo opuesto es la despreocupación. Entre ambas invitaciones en imperativo (estad) hay una constatación en indicativo, a pesar de que la traducción litúrgica emplee también en este caso el imperativo (comprended). Más bien se trata de la constatación de algo en lo que los interlocutores están de acuerdo para después, en base a ese acuerdo, avanzar con un tipo de argumentación a fortiori. Comprendéis perfectamente que un dueño esté en vela en caso de conocer la hora en que su casa va a ser asaltada. Pues con mucha más razón habrá que estarlo en caso de desconocimiento de la hora, cosa que sucede precisamente con la venida del Hijo del Hombre.
Comentario. Habría que tener la mentalidad y la psicología reinantes en los ambientes religiosos judíos contemporáneos de Jesús para comprender este texto en todo su significado. En esos ambientes se vivía la espera inminente de un ser divino que pusiera fin al estado de cosas existente. En este sentido se hacían las más variadas especulaciones sin renunciar, sin embargo, a una actitud de espera. Hablar de la imprevisibilidad de la venida, cortar con todo tipo de especulaciones sobre ella, era un auténtico mazazo. Pero su contrapartida podría resultar igualmente peligrosa y contraproducente: de la espera podía caerse en una despreocupación apática.
Es precisamente esta despreocupación la que el texto de hoy quiere combatir con su referencia a los acontecimientos de los que hablan los capítulos 6 y 7 del Génesis y con su apremio a estar en vela y preparados. Se trata, en definitiva, de hacer despertar de la despreocupación, de reavivar un sentido de la historia que podía perderse o que, caso de nuestros días, casi se ha perdido.
Una cosa debe quedar clara: el texto de hoy es una reflexión y una forma de postura sobre la historia y no una referencia a la muerte de las personas y a la preparación moral para afrontar adecuadamente esa muerte. Es urgente liberar a este texto de toda referencia a la muerte y a la preparación al bien morir. La interpretación que fuera por esta línea estaría absolutamente fuera de lugar y contribuiría, además, a atormentar y traumatizar la gente.
Esto supuesto, hay que reconocer que el texto está escrito desde un modelo cultural y literario de no fácil comprensión para nosotros. Pero lo importante y duradero no es el modelo, sino lo que en él subyace. Y lo que subyace es una visión gozosa de la historia, porque la desbloquea y la abre al futuro de Dios. El texto nos invita a vivir sabiendo que Dios es más Dios de lo que le dejamos ser ahora. Hasta el momento las condiciones de nuestro mundo no son las más idóneas para que Dios pueda manifestarse como realmente es. Pero estamos invitados a vivir desde la íntima certeza de que no va a ser siempre así. La razón de la esperanza es ese futuro del Dios que aún desconocemos. Vivir así en la vida es lo que significa estar en vela y preparados.
ALBERTO BENITO
DABAR 1989/01

8.- Percatarse de que la historia (la particular y la general) tiene un sentido. Vivir sabiendo que tiene sentido: he aquí el significado de la invitación del texto de hoy. Conciencia de perspectiva, percepción del horizonte. ¡Que existen! ¡Porque existen! He aquí la vigilancia y la preparación de las que el texto de hoy nos habla. No habla de la muerte ni del estado de gracia en el momento de la muerte. Es muy posible que, al leer este texto, alguien piense en ello o hable de ello. ¡Que no lo haga, por favor! Ni el Hijo del Hombre es la muerte ni el estar preparado es el estado de gracia. El Hijo del Hombre es el sentido mismo de la historia, que no es otro que Dios (una buena ocasión para recomendar la lectura de San Agustín). El estar preparado es ser consciente de ese sentido, estar abierto a las inquietudes de la trascendencia. Estar en vela es mirar en lontananza. El texto de hoy es todo lo contrario de una escuela de terrores y de miedos. Dicho más llanamente: es una invitación a la perspectiva y al optimismo. Invitación tanto más necesaria cuanto que con más frecuencia de lo deseable nos encerramos dentro de las cuatro paredes de un universo impremeditado y sin sentido.
ALBERTO BENITO
DABAR 1986/01

9.- 1.- La alusión a los días de Noé antes del diluvio se hace para explicarnos cómo la venida del Señor será repentina y sin previo aviso. A diferencia de lo ocurrido cuando la destrucción de Jerusalén, no hay señales claras que determinen el momento del fin del mundo. Por eso los hombres harán su vida como si tal cosa y serán sorprendidos como lo fueron en tiempos del diluvio.
2.- La venida del Hijo del Hombre, la parusía, sorprenderá a los hombres en medio de sus faenas y diversiones. No todos serán elegidos y congregados de los cuatro vientos de la tierra por los ángeles (v. 31). Uno será tomado y otro dejado. Los hombres, que han crecido juntos, como la cizaña y el trigo, serán separados en aquel día del juicio. Para los justos será un juicio de salvación (cfr. Lc 21. 28); para los impíos, de condenación.
3. La incertidumbre del fin es una advertencia para que vivamos vigilantes en todo momento, pues cualquiera puede ser el decisivo. Vigilar es estar abierto por la esperanza hacia el futuro del Señor que viene, es también estar dispuesto a reconocerle en los pobres y necesitados y a cumplir en cada caso el mandamiento del amor. Es también orar. Sólo el que vigila está preparado para el encuentro con Dios en Cristo. La expresión "vuestro señor" no es original de Jesús, sino del evangelista.
La breve parábola del dueño de la casa que no puede dormir despreocupado porque no conoce la hora en que el ladrón puede robarle, señala claramente cuál debe ser la actitud del cristiano. Así que la espera de la venida del Señor, que vendrá repentinamente como un ladrón que no anuncia la hora de su visita, lejos de ser una buena excusa para evadirse de todos los problemas, es una severa advertencia para vivir atentos la hora de nuestra responsabilidad. Los cristianos deben demostrar que esperan al Señor preparando los caminos de su advenimiento, deben ser los más activos de los hombres en la construcción del mundo. Nuestra sociedad parece cada vez más estúpida e insensible a la verdad y a la justicia. Sin embargo, la justicia vendrá en su día. ¿No es hora ya de despertar del sueño?
EUCARISTÍA 1980/55


jueves, 17 de noviembre de 2016

LECTURAS Y COMENTARIO DOMINGO CRISTO REY CICLO C - 20 NOVIEMBRE 2016

¿PUEDE JESÙS SER NUESTRO REY?.


ORACION COLECTA

Dios todopoderoso y eterno, que quisiste fundar todas las cosas en tu Hijo muy amado, rey del universo, haz que toda creatura, libertada de toda esclavitud del pecado, sirva a tu majestad y te glorifique sin fin. Por nuestro Señor Jesucristo.

PRIMERA LECTURA

Lectura del segundo libro de Samuel 5,1-3

En aquellos días, todas las tribus de Israel fueron a Hebrón a ver a David y le dijeron: «Hueso tuyo y carne tuya somos; ya hace tiempo, cuando todavía Saúl era nuestro rey, eras tú quien dirigías las entradas y salidas de Israel. Además el Señor te ha prometido: "Tú serás el pastor de mi pueblo Israel, tú serás el jefe de Israel."». 
Todos los ancianos de Israel fueron a Hebrón a ver al rey, y el rey David hizo con ellos un pacto en Hebrón, en presencia del Señor, y ellos ungieron a David como rey de Israel.

SALMO RESPONSORIAL (121)

Vamos alegres a la casa del Señor

Qué alegría cuando me dijeron: «Vamos a la casa del Señor»!. Ya están pisando nuestros pies tus umbrales, Jerusalén. R.

Allá suben las tribus, las tribus del Señor, según la costumbre de Israel, a celebrar el nombre del Señor; en ella están los tribunales de justicia, en el palacio de David. R.

SEGUNDA LECTURA

Lectura de la carta del apóstol san Pablo a los Colosenses 1,12-20

Damos gracias a Dios Padre, que nos ha hecho capaces de compartir la herencia del pueblo santo en la luz. Él nos ha sacado del dominio de las tinieblas, y nos ha trasladado al reino de su Hijo querido, por cuya sangre hemos recibido la redención, el perdón de los pecados. Él es imagen de Dios invisible, primogénito de toda criatura; porque por medio de él fueron creadas todas las cosas: celestes y terrestres, visibles e invisibles, Tronos, Dominaciones, Principados, Potestades; todo fue creado por él y para él. Él es anterior a todo, y todo se mantiene en él. Él es también la cabeza del cuerpo: de la Iglesia. Él es el principio, el primogénito de entre los muertos, y así es el primero en todo. Porque en él quiso Dios que residiera toda la plenitud. Y por él quiso reconciliar consigo todos los seres: los del cielo y los de la tierra, haciendo la paz por la sangre de su cruz.

EVANGELIO

Lectura del santo evangelio según san Lucas 23,35-43

En aquel tiempo, las autoridades hacían muecas a Jesús, diciendo: «A otros ha salvado; que se salve a sí mismo, si él es el Mesías de Dios, el Elegido.». 
Se burlaban de él también los soldados, ofreciéndole vinagre y diciendo: «Si eres tú el rey de los judíos, sálvate a ti mismo.». 
Había encima un letrero en escritura griega, latina y hebrea: «Éste es el rey de los judíos.». 
Uno de los malhechores crucificados lo insultaba, diciendo: «¿No eres tú el Mesías? Sálvate a ti mismo y a nosotros.». 
Pero el otro lo increpaba: «¿Ni siquiera temes tú a Dios, estando en el mismo suplicio? Y lo nuestro es justo, porque recibimos el pago de lo que hicimos; en cambio, éste no ha faltado en nada.».  Y decía: «Jesús, acuérdate de mí cuando llegues a tu reino.».  Jesús le respondió: «Te lo aseguro: hoy estarás conmigo en el paraíso.».

COMENTARIO

Con esta celebración terminamos el ciclo litúrgico C y que mejor que celebrando a Jesucristo, Rey del universo. La realeza de Cristo es un dato del evangelio, pero no es fácil ver qué es lo que aporta a nuestras vidas de hoy. ¿En qué sentido puede Jesús ser nuestro Rey?.
Partamos  de la noción de realeza: se caracteriza por su relación con la realidad política, o sea con un poder en la ida colectiva. Un rey era la felicidad o la desdicha de sus  súbditos por su buena o mala política. ¿Tiene una política Jesús rey?
Algunos creen que en el evangelio pueden encontrarse todos los elementos para ella. Aplicándolos, tendríamos a Jesús como rey. En la práctica las cosas no han ido muy bien.  A lo largo de toda la historia de la Iglesia a Jesucristo se le ha vinculado con regímenes conservadores o ideologías de izquierda. Pero para la mayoría de los cristianos, el evangelio no tiene nada que ver con la política ¿Jesús es rey? ¡Perfectamente!. 
No se trata más que de los “corazones”, de una relación muy especial y muy privada con Jesús. Dejemos para “los otros” la política sucia y villana. 
Si las estructuras colectivas hacen desgraciados a muchos hermanos nuestros, nosotros cantaremos cánticos y haremos magníficas plegarias por la paz y el bienestar del mundo.  Como vemos, esquematizando las cosas en su más alto grado, se trata de dos tentaciones opuestas: vincular a Jesús a una política o llevarlo muy lejos de toda política. ¿Es  posible salir de este dilema?. Creo que si, en la medida en que nos dejemos empapar de las bienaventuranzas, que son la carta magna de la “política”  de Jesús: “Más vale ser pobre que egoístamente rico y explotador de los pobres”. 
Los políticos se reirán de eso. Lógico. Pero también nos reímos nosotros cuando los políticos nos dicen que es posible que muchos hombres vivan juntos de una forma justa y feliz (tal es la definición de la política) sin cambiar los corazones.
Así es como Jesús será realmente nuestro rey. No sólo reinando en los corazones, sino en unos corazones cambiados. Es preciso que los cristianos tomen más conciencia de la importancia de las realidades colectivas, y por tanto de la política, para la felicidad de muchos, sobre todo de los pobres, de los indefensos.
Entonces es cuando el evangelio revela su fuerza social. No ofrece un régimen político ideal, pero critica sin cansancio todos los regímenes concretos. Forma hombres capaces de concebir mejores regímenes y sobre todo capaces de comprometerse.
Cuando los hombres superan sus problemas personales para intentar construir sobre las bienaventuranzas un mundo más fraternal, allí reina  Jesucristo. 

PLEGARIA UNIVERSAL
En el Evangelio hemos visto que Cristo aun en la Cruz, abre su Reino a todo el que quiera participar en él. Elevamos nuestras peticiones al Padre repitiendo con gran fe. R. Venga a nosotros tu Reino.

1.- por la Iglesia, para que todas sus obras y actuaciones estén encaminadas a extender el Reino de Dios a toda la tierra. Venga a nosotros tu Reino.

2.- Por los dirigentes de las naciones, para que descubran en la propuesta de Cristo el verdadero Reino de Amor, Paz y Justicia. Venga a nosotros tu Reino.

3. Por todos los llamados ídolos del espectáculo, la música y el deporte, etc.., para que descubran que solo Cristo es el verdadero Rey. Venga a nosotros tu Reino.

4.- Por todos los enfermos y los necesitados para que en su situación apuesten por Cristo como garantía para superar sus dificultades. Venga a nosotros tu Reino.

Padre, sin tu ayuda es imposible extender el Reino de Cristo. Atiende nuestras suplicas y haz que Cristo sea el Rey de nuestra vida. Te lo pedimos por Jesucristo nuestro Señor.

ORACION SOBRE LAS OFRENDAS

Te ofrecemos, Señor, el sacrificio de la reconciliación de los hombres, pidiéndote humildemente que tu Hijo conceda a todos los pueblos el don de la paz y la unidad. Por Jesucristo nuestro Señor.

ORACION DESPUES DE LA COMUNION

Después de recibir el alimento de la inmortalidad te pedimos, Señor, que quienes nos gloriamos de obedecer los mandatos de Cristo, Rey del Universo, podamos vivir eternamente con El, en el Reino de los Cielos. Por Jesucristo nuestro Señor.

PALABRA DE DIOS Y SANTORAL DE CADA DÍA

Lunes 21: La Presentación de la Santísima Virgen María (MO) Ap 10, 8-11; Sal 118; Lc 19, 45-48; (o bien: Za 2, 14-17; Sal: Lc, 1, 46-47; Mt 12, 46-50).
Martes 22: Santa Cecilia, Virgen y Mártir (MO) Ap 14, 14-19; Sal 95; Lc 21, 5-11.
Miércoles 23:  Ap 15, 1-4; Sal 97; Lc 21, 12-19.
Jueves 24:   Santos Andrés Dung-Lac, presbítero y Compañeros, mártires (MO)
Ap 18, 1-2.21-23; 19, 1-3.9ª; Sal 99; Lc 21, 20-28.
Viernes 25:  Ap 20, 1-4.11-21; Sal 83; Lc 21, 29-33.
Sábado 26: Ap 22, 1-7; Sal 94; Lc 21, 34-36.
Domingo 27: I de Adviento. Is  2, 1-5; Sal 121; Rom 13,  11-14;  Mt 24, 37-44.


COMENTARIOS AL EVANGELIO
Lc 23, 35-43

1.- Texto. Presupone una escena: tres malhechores ajusticiados. La cruz del centro es la de Jesús. El texto lo ha trabajado Lucas como una observación de la escena por distintos grupos de personas. Es una secuencia de actitudes ante Jesús sacrificado. En primer lugar está el pueblo (v. 35a). La traducción litúrgica ha unido erróneamente la actitud del pueblo a la de las autoridades. El texto original dice escuetamente: "El pueblo, en pie, presenciaba la escena". Siguen las autoridades religiosas (v. 35b). Su actitud es calificada de comentario con sorna. Cuestionan a Jesús como el Enviado de Dios. En tercer lugar Lucas hace pasar a los soldados romanos encargados de la ejecución (vv. 36-37). Su actitud es descrita como actuación burlona. Cuestionan a Jesús como rey. Lucas aprovecha este momento para dar cuenta del delito por el que Jesús ha sido condenado a muerte: "Este es el rey de los judíos" (v.38). Por última y cerrando la serie de presencias, Lucas se fija en los propios malhechores que flanquean desde sus cruces a Jesús (vs. 39-43). Es la secuencia más larga. Inicialmente corre paralela a la de las autoridades y los soldados. La actitud del primero de los malhechores es calificada de insultante. Como las autoridades, también él cuestiona a Jesús como Mesías. Pero el signo de las actitudes se rompe con el segundo de los malhechores. Tras reconocer la justicia de su castigo y la injusticia del de Jesús, se dirige a éste solicitando un recuerdo cuando llegue a su reino. Las palabras de Jesús cierran el texto: Hoy estarás conmigo en el paraíso.
Comentario. Estas palabras cierran no sólo el texto de hoy, sino un ciclo litúrgico que ha tenido en Lucas al guía y al escritor. Lucas, en efecto, nos ha ido llevando y haciendo descubrir a lo largo del año valores y actitudes del Reino de Dios. Lo ha hecho en gran parte desde los marginados, los etiquetados, los desechados. Pastores, mujeres, hijos pródigos, publicanos, prostitutas, samaritanos. Ellos han sido artífices de los hechos que se han verificado entre nosotros (cfr. Lc. 1, 1). Un día cualquiera de su vida se encontraban con Jesús. Este no los enjuiciaba ni los sermoneaba. Sencillamente estaba al lado de ellos. Pero algo descubrían en él que los impulsaba al cambio. Y por propia iniciativa salían de su desafortunada vida para vivir la de Jesús, la de su reino.
Hoy volvemos a encontrar a uno de ellos, probablemente el caso más clamoroso de marginación por lo legal de la misma. ¡También en esta ocasión se encuentra Jesús al lado de él! El encuentro lo ha patrocinado y hecho posible la Ley del Estado, la misma para ambos malhechores. Pero el malhechor junto a Jesús grita lo injusto de esa ley en el caso de Jesús: "Este no ha hecho nada censurable". Pero es sólo el grito de un malhechor. ¿Qué había descubierto realmente en Jesús? Tampoco esta vez nos lo dice Lucas, pues, no es él un escritor de interioridades o de estudios psicológicos. Simplemente señala una situación que es una constante en su Evangelio: un desechado descubre a Jesús, algo en él que le impone, le impresiona, le cambia.
En la disparatada sucesión de presencias que Lucas ha descrito nadie se ha tomado en serio que Jesús sea rey. Sólo este marginado lo hace. Y Jesús, el increíble Jesús de Lucas, le sorprende con lo único que tiene: el paraíso, es decir, ese reino que la Ley del Estado, sus poderosos y fuertes con la pasividad del pueblo, no han permitido que fuera ya una realidad aquí. Pero tampoco a éstos le enjuicia Jesús (de nuevo el increíble Jesús de Lucas): "Padre, perdónalos, que no saben lo que se hacen".
Y así, entre poderosos y humildes (empleando los mismos términos de Lucas en el Magnificat, al comienzo de su obra), sigue esta historia nuestra de cristianos. Pero yo no sabría decir quién es poderoso y quién humilde, porque, en imagen de Papini, cada uno somos mitad ángel y mitad bestia. Si la fiesta de hoy confiere alas a este ángel nuestro, efectivamente es Cristo Rey.
ÁNGEL BENITO, DABAR 1986/57



2.- Texto. Pertenece a la meta del camino de Jesús. La escena se desarrolla en el lugar llamado la Calavera, donde Jesús y dos criminales han sido crucificados. En la descripción de la escena Lucas procede por acumulación de datos: el pueblo; a él se añaden las autoridades; a éstas, los soldados, y a éstos, por último, un letrero sobre la cabeza de Jesús. La traducción litúrgica no ha reflejado adecuadamente esta acumulación y gradación de datos. El conjunto resultante es un inmenso sarcasmo. ¡Valiente Mesías y Rey! La segunda parte del texto se desarrolla arriba, en las cruces. Tampoco allí reina el silencio, aunque en esta ocasión las palabras no sean irónicas, pues los dos criminales gritan desde su situación de condenados. Los dos, sin embargo, la vivencian de diferente manera: con despecho y amargura uno, con reconocimiento y esperanza el otro. Y así, en medio del griterío abajo y arriba, surge el único diálogo del texto sobre un malhechor y un rey. Por enésima vez en el Evangelio de Lucas un marginado (nadie lo es más que un condenado) se convierte en vehículo de enseñanza para el caminante cristiano.
Comentario. Manejada por el autor, la ironía que recorre toda la primera parte del texto expresa la pura verdad. Jesús es, en efecto, el Mesías y el Rey. Pero lo es en cuanto que está en la cruz. Es sin duda una verdad inesperada y, por eso mismo, escandalosa. El camino y los títulos de Jesús tienen estas cosas, a la vez que rompen esquemas y expectativas. Nos lo ha ido mostrando Lucas en los sucesivos domingos del tiempo ordinario; nos lo confirma en este solemne domingo regio.
Porque Jesús es rey no es tiempo ya de triunfalismo ni de discursos. Nos sigue costando entender esto. No seamos hipócritas: nos sigue costando. La cruz no son los sacrificios que uno se impone a sí mismo. Si así fuera, la cruz podría convertirse en el momento más refinado de orgullo. La cruz no se autoimpone.
La realeza de Jesús es de difícil asimilación. Por su rudeza y crudeza, por un lado; por su sensibilidad para el otro y por su sencillez, por otro. De hecho, Lucas no parece hacerse muchas ilusiones sobre la asimilación de esta realeza, pues una vez más recurre a un marginado para darnos la gran lección. Hay últimos que son primeros, y primeros que son últimos. Son cosas de la realeza de Jesús.
ALBERTO BENITO, DABAR/89/57



3.- Texto. Observación textual: la traducción litúrgica ha unido a pueblo y autoridades en las burlas a Jesús, siguiendo a los manuscritos de la familia koiné en contra de manuscritos más autorizados. En base a estos últimos hay que separar a pueblo y autoridades. El texto quedaría así: El pueblo lo presenciaba. Las autoridades, por su parte, hacían muecas... Jesús en la cruz, visto desde el pueblo, las autoridades judías, los soldados romanos, el letrero de la cruz, los otros dos ajusticiados. Todos dan su opinión sobre el hecho: el pueblo, desde el silencio; autoridades, soldados y letrero, desde la ironía; un ajusticiado, desde la rabia; el otro ajusticiado, desde la comprensión. Las intervenciones responden a esta pregunta: ¿Es Jesús Mesias-Rey?
Pre-texto. Salmo 21 (22) como modelo de inspiración literaria. En concreto, los vs. 7-8 del salmo para los vs. 35-36. A la luz de este salmo la presencia silenciosa del pueblo equivale a una valoración negativa sobre Jesús en la cruz.
Mesías de Dios y Elegido: títulos de la cultura judía. Su equivalente en la cultura romana es Rey. Los tres títulos designan la misma realidad.
Sentido del texto. Hay una pregunta de fondo a la que, sin aparecer formulada explícitamente, van respondiendo todos, cada uno según la cultura de que proviene: ¿Es Jesús Mesias-Rey? Seis intervenciones. Las cinco primeras: respuesta negativa. ¿Es que un ajusticiado puede ser el Mesías espectacular que añoraban los judíos o el Rey revolucionario que temían los romanos? Su final en la cruz muestra que Jesús había sido un pobre iluso. Cristo Rey, ¡que ironía! Sólo la última intervención se decanta por el sí. Uno de los ajusticiados hace justicia al ajusticiado Jesús y descubre quién es. Cinco contra uno. Desalentador balance para el único verdadero reino. ¡Lástima que la insensatez humana haya desplazado el "jardín delicioso" (esto es lo que significa "paraíso") más allá de la muerte!
DABAR 1980/59



4.- -"A otros ha salvado; que se salve a sí mismo...": Al pie de la cruz, la ironía sarcástica de las autoridades y de la gente cae sobre el sufrimiento de Jesús. Y en medio de estos reproches insultantes, el evangelista tiene el coraje de colocar las proclamaciones de su realeza: "el Mesías de Dios, el Elegido", gritan; también los soldados: "Si eres tú el rey de los judíos"; y finalmente, el mismo letrero de la cruz: "Este es el rey de los judíos". Pero son proclamaciones desde la burla y la increencia. También se sitúa en este contexto la intervención de uno de los malhechores crucificados.
-"Jesús, acuérdate de mí cuando llegues a tu reino": En contraste con los gritos de burla, Lucas aporta la actitud de uno de los condenados a la cruz juntamente con Jesús, "el buen ladrón". Este proclama la realeza de Jesús desde la fe. Y notemos que ya no lo hace desde los términos del A.T. con el grito de "rey de los judíos" o de "Mesías", sino viendo en Jesús al portador del Reino.
/Lc/23/43.-"Hoy estarás conmigo en el paraíso": El condenado ha confesado su culpa, ha aceptado el castigo y ha proclamado la fe. Recibe, ahora, el anuncio de su salvación. No es aquella salvación que esperaban las voces burlescas, una salvación terrenal, un milagro extravagante; se trata de una salvación muy distinta. Vale la pena recordar aquí el comentario de ·Bossuet: "Hoy, ¡qué rapidez; conmigo, ¡qué compañía!, en el paraíso, ¡qué descanso!". Es en Jesús en quien se realiza el hoy definitivo, el día de la salvación.
JOAN NASPLEDA, MISA DOMINICAL 1989/22