miércoles, 14 de diciembre de 2016

LECTURAS Y COMENTARIO IV DOMINGO ADVIENTO CICLO A - 18 DICIEMBRE 2016

GENEALOGÍA Y NACIMIENTO DE JESUCRISTO


ORACION COLECTA

Derrama, Señor, tu gracia sobre nosotros, que por el anuncio del ángel hemos conocido la encarnación de tu Hijo, para que lleguemos por su pasión y su cruz a la gloria de su resurrección. Por Jesucristo nuestro Señor.

PRIMERA LECTURA

Lectura del libro de Isaías 7,10-14

En aquellos días, el Señor habló a Acaz: «Pide una señal al Señor, tu Dios: en lo hondo del abismo o en lo alto del cielo.». 
Respondió Acaz: «No la pido, no quiero tentar al Señor.». 
Entonces dijo Dios: «Escucha, casa de David: ¿No les basta cansar a los hombres, que cansáis incluso a mi Dios?.  Pues el Señor, por su cuenta, les dará una señal: Miren: la virgen está encinta y da a luz un hijo, y le pondrá por nombre Emmanuel, que significa  "Dios-con-nosotros".».

SALMO RESPONSORIAL (23)

Va a entrar el Señor, él es el Rey de la gloria

Del Señor es la tierra y cuanto la llena, el orbe y todos sus habitantes: él la fundó sobre los mares, él la afianzó sobre los ríos. R.

¿Quién puede subir al monte del Señor?. ¿Quién puede estar en el recinto sacro?. El hombre de manos inocentes y puro corazón, que no confía en los ídolos. R.

Ése recibirá la bendición del Señor, le hará justicia el Dios de salvación. Éste es el grupo que busca al Señor, que viene a tu presencia, Dios de Jacob. R.

SEGUNDA LECTURA

Lectura de la carta del apóstol san Pablo a los Romanos 1,1-7

Pablo, siervo de Cristo Jesús, llamado a ser apóstol, escogido para anunciar el Evangelio de Dios. Este Evangelio, prometido ya por sus profetas en las Escrituras santas, se refiere a su Hijo, nacido, según la carne, de la estirpe de David; constituido, según el Espíritu Santo, Hijo de Dios, con pleno poder por su resurrección de la muerte: Jesucristo, nuestro Señor. Por él hemos recibido este don y esta misión: hacer que todos los gentiles respondan a la fe, para gloria de su nombre. Entre ellos estén también ustedes, llamados por Cristo Jesús. A todos los de Roma, a quienes Dios ama y ha llamado a formar parte de los santos, os deseo la gracia y la paz de Dios, nuestro Padre, y del Señor Jesucristo.

EVANGELIO

Lectura del santo evangelio según san Mateo 1,18-24

El nacimiento de Jesucristo fue de esta manera: María, su madre, estaba desposada con José y, antes de vivir juntos, resultó que ella esperaba un hijo por obra del Espíritu Santo. José, su esposo, que era justo y no quería denunciarla, decidió repudiarla en secreto. 
Pero, apenas había tomado esta resolución, se le apareció en sueños un ángel del Señor que le dijo: «José, hijo de David, no tengas reparo en llevarte a María, tu mujer, porque la criatura que hay en ella viene del Espíritu Santo. Dará a luz un hijo, y tú le pondrás por nombre Jesús, porque él salvará a su pueblo de los pecados.». 
Todo esto sucedió para que se cumpliese lo que habla dicho el Señor por el Profeta: «Miren: la Virgen concebirá y dará a luz un hijo y le pondrá por nombre Emmanuel, que significa "Dios-con-nosotros".» .
Cuando José se despertó, hizo lo que le había mandado el ángel del Señor y se llevó a casa a su mujer.

COMENTARIO

El evangelista ha presentado la genealogía de Jesús partiendo de Abrahán y pasando por David. El último descendiente de David nombrado es "José, el esposo de María, de la cual nació Jesús, el Cristo".  El acuerdo matrimonial se hacía un año antes de la boda y aunque los novios aún no vivían juntos, tenía validez legal parecida a la del matrimonio, es decir, que para romper el acuerdo matrimonial hacía falta un acto formal de repudio.
 Esto es lo que se dispone a hacer José cuando se da cuenta de que su prometida está embarazada.
De José sólo se dice "que era un hombre justo", un término de profundo significado en el Antiguo Testamento y que recuperaremos como eje central de las Bienaventuranzas. 
¿En qué sentido se declara justo a José? Según una antigua interpretación que se remonta a Justino, José es justo, primero porque observa la ley (que obligaba al marido a disolver el matrimonio en caso de adulterio) y, además, porque mitiga con la magnanimidad el rigor de la ley (evita la difamación pública). 
José es justo porque, comprobando una presencia de Dios, una economía superior, se retira ante ella sin pretensiones. "Justo" tiene entonces el sentido     típico   de   Mateo,   a   saber, aceptación del plan de Dios incluso cuando desconcierta el propio.  
Como en el Antiguo Testamento, el "sueño" es a menudo un medio a través del cual Dios se manifiesta. El "ángel", por otro lado, también se presenta como un mensajero de Dios.  El ángel se dirige a José con un título que sólo se dará a Jesús: "hijo de David", y le comunica que el hijo que espera María "viene del Espíritu Santo". 
Así queda claro que José no ha intervenido en la concepción del hijo de María. Más aún, José ni tan sólo podrá hacer lo que correspondía al padre: escoger el nombre del hijo.
"Jesús" quiere decir "el Señor salva". El nombre indica la misión del hijo de María: hacer patente la salvación de Dios; él mismo será la salvación.
 Es típica de Mateo la indicación de que en Jesucristo se cumple plenamente lo que las Escrituras anunciaban. En este caso recuerda el anuncio hecho por Isaías al rey Acaz.  Y el nombre que decía el profeta, "Emmanuel", será también definitorio de Jesús. Mateo concluirá su evangelio remitiendo a este texto inicial: Jesús "estará con nosotros cada día". José, "hombre justo", se fía de Dios y toma a María en su casa como esposa. A pesar de no serlo físicamente, ejercerá de padre de Jesús. 

PLEGARIA UNIVERSAL

A pocos días de la llegada de tu Hijo, Señor, te pedimos que prepares nuestro corazón para acogerlo y darle posada para siempre. A cada invocación, roguemos: Te lo pedimos, Señor.

1.-  Por el Papa, los Obispos, los sacerdotes y la Iglesia en general, para que todos a una voz pidamos continuamente que todos los hombres conozcan y acojan a Jesús.  Roguemos al Señor

2.- Por los gobernantes de todas las naciones, para que el Niño que va a nacer los ilumine y los guie en llevar a sus pueblos hacia la paz y la prosperidad. Roguemos al Señor

3.- Por los que todavía no han recibido la luz del Espíritu, por los ateos y los agnósticos, por aquellos que buscan la verdad y aun no la encuentran, para que la venida del Niño Dios obre en ellos un milagro de amor. Roguemos al Señor

4. Por los enfermos, los impedidos, los presos, para que, gracias a la solidaridad navideña, pasen las próximas horas reconfortados y aliviados. Roguemos al Señor. 

Aquí estamos, Señor, esperando confiados a tu Hijo. Atiende nuestras suplicas y danos la alegría que no cesa. Por Jesucristo nuestro Señor.

ORACION SOBRE LAS OFRENDAS

El mismo Espíritu que cubrió con su sobra y fecundo con su poder las entrañas de María, la Virgen Madre, santifique, Señor, estos dones que hemos colocado sobre tu altar. Por Jesucristo nuestro Señor.

ORACION DESPUES DE LA COMUNION

Señor, que este pueblo, que acaba de recibir la prenda de su salvación, se prepare con tanto mayor fervor a celebrar el misterio del nacimiento de tu Hijo cuanto más se acerca la fiesta de Navidad. Por Jesucristo nuestro Señor.

PALABRA DE DIOS Y SANTORAL DE CADA DÍA

Lunes 19: Jc 13, 2-7. 24-25ª;  Sal 70;  Lc 1, 5-25.
Martes 20: Is 7, 10-14; Sal 23; Lc 1, 26-38.
Miércoles 21: Cant 2, 8-14; o Sof 3, 14-18; Sal 32; Lc 1, 39-45.
Jueves 22:   1Sam 1, 24-28; Sal de 1Sam 2, 1-8; Lc 1, 46-56. Se puede hacer la conmemoración de San Pedro Canisio, presbiterio y doctor de la Iglesia.
Viernes 23: Mal 3, 1-4.23-24; Sal 24; Lc 1, 57-66.
 Sábado 24: Vigilia de la Natividad del Señor (S)  Is 62, 1-5; Sal 88; Hch 13, 16-17.22-25; Mt 1, 1-25. 
Domingo 25:   La Natividad el Señor (S) Is 52, 7-10; Sal 97; Hb 1, 1-6; J 1, 1-18.


COMENTARIOS AL EVANGELIO
Mt 1. 18-24

1.- Este pasaje ha sido interpretado frecuentemente a expensas de la personalidad religiosa de S. José. De ahí la importancia de captar exactamente el pensamiento de Mateo, en especial partiendo de los matices propios que porta el texto paralelo de Lucas. Sin embargo, estaremos en mejores condiciones para interpretar este pasaje difícil si tenemos en cuenta su género literario muy particular. Existe, en efecto, un género literario particular en la Biblia respecto a anuncios de nacimientos. Este género literario supone siempre la aparición de un ángel, la designación del personaje interesado con un nombre que recuerda su función (aquí: José, Hijo de David, título que el ángel no utilizará en sus demás apariciones a José), una dificultad que hay que vencer (en general, la esterilidad del seno materno; aquí, para José, recibir a María en su casa), un signo dado como prenda (en Lc 1. 36, el embarazo de Isabel; aquí el alumbramiento virginal de María), finalmente, detalles concretos sobre el nombre del niño (aquí: Jesús).
Este género literario de los "anuncios de nacimiento" no es más que la forma de expresión de un acontecimiento muy real, pero hay que saber despojar a este acontecimiento de ciertos detalles del relato.
Cuando el ángel se apareció a la Virgen (Lc 1. 26-38) le anunció de entrada que su Hijo sería Hijo de David (Lc 1. 32); después, partiendo de ahí, formuló la pregunta de la concepción virginal (Lc 1. 34-35). Ante José, el ángel procede de distinta manera: la concepción virginal queda aclarada desde el principio (Mt 1. 20), pero se trata de asegurar que el Niño sea Hijo de David (Mt 1. 20-23).
María tiene una dificultad que vencer: qué será de sus desposorios (Lc 1. 34); José también la tiene: cuál será su papel respecto a un Niño que no será suyo. Evidentemente, María ha sido la primera en saber que pariría en virginidad. Pero ¿puede admitirse que no haya dicho nada sobre el particular a su prometido? Cierto que los evangelistas no nos dicen nada a este respecto, pero ¿quién puede deducir del silencio de los evangelistas el silencio de María y, "a fortiori", el silencio de Dios, y admitir que María dejó a José en la duda y la inquietud? ¿Puede admitirse que una desposada que, ante el ángel, se preocupa de sus relaciones de desposorios, no ponga al corriente a su vez a su prometido de las nuevas condiciones impuestas a su futuro? ¡No! Y José está perfectamente al corriente del alumbramiento virginal de su prometida. José no está, pues, inquieto ni presa de la duda respecto a la virtud de su esposa, y el ángel no se le aparece para tranquilizarle.
JOSE/JUSTO. Pero José es "justo" (Mt 1. 19), no con esa justicia legalista que quiere poner la ley de su parte y repudiar a su mujer, ni tampoco con esa justicia, sobre la que insiste el padre Spicq, que respeta al prójimo y se niega a causarle el mínimo perjuicio, sino con esa justicia religiosa que le prohíbe hacerse pasar por el padre de un Hijo que no es suyo (tanto si comprendió o no de entrada que ese Niño milagroso sería también un Niño divino).
Entonces es cuando interviene el ángel para comunicar a José que Dios le necesita, porque si bien no tiene nada que hacer al nivel del alumbramiento, tiene una misión que cumplir al nivel de la paternidad legal. El mensaje del ángel podría interpretarse así: "Es cierto que lo que se ha engendrado en María ha sido por obra del Espíritu Santo, pero Dios te necesita para hacer que ese Niño entre en el linaje de David y darle un nombre". José no es, pues, "justo", porque sea un modelo de resignación, capaz de una actitud bonachona respecto a su esposa, sino porque respeta a Dios en su obra y se limita a cumplir el papel que Dios le asigna: introducir a Jesús en la estirpe real.
La salvación del hombre no depende, por tanto, exclusivamente de una iniciativa soberana de Dios que basta esperar pasivamente. Dios no salva al hombre sin la cooperación y sin la fidelidad del hombre.
Maertens-Frisque, Nueva Guía de la Asamblea Cristiana I, Marova Madrid 1969.Pág. 154



2. - El tema del Emmanuel (Dios-con-nosotros) conecta con el de "Hijo de Dios con pleno poder". Los exegetas notan en el evangelio de Mt el paralelismo entre este anuncio del ángel a José y la conclusión del Evangelio: "Yo-estaré-con-vosotros"... Hablar de Cristo como Emmanuel es connotar, actualmente, el misterio pascual de Cristo y de su presencia en la Iglesia, por la fuerza del Espíritu. La concepción virginal de María, por obra del Espíritu Santo, enlaza así con la glorificación de Jesús "constituido según el Esp. Santo" (2a lectura).
Pere Tena, Misa Dominical 1986/23



Hemos dividido el capítulo primero del evangelio de Mateo en las dos partes indicadas en el título. La primera recoge una genealogía fatigosa y, aparentemente al menos, innecesaria. A primera vista parece ser simplemente una lista de nombres de los ancestrales de Cristo sin ningún contenido teológico ni poder alguno de interpelación. ¿Por qué la antepone Mateo a su evangelio? Sabemos, y nos lo ha recordado el Vaticano II, que Cristo es la plenitud de la revelación. El hecho de ser la plenitud de la revelación lo coloca inevitablemente en relación con la preparación de la misma, con todo el Antiguo Testamento. Mateo presenta su árbol genealógico para demostrarlo. Por eso, inmediatamente después de mencionar su nombre -nótese que es mencionado el nombre completo, "Jesucristo", que equivale a una fórmula de fe, Jesús es el Cristo, el Ungido, el Mesías- añade "hijo de David, hijo de Abraham". La genealogía nos introduce así tanto en el terreno de la historia como en el de la teología.
Mateo quiere presentarnos al protagonista de su evangelio y, una vez que nos ha dicho su nombre, Jesucristo, con todo lo que significa -Jesús es el Cristo- se apresura a demostrar su afirmación.
El Mesías debería descender de David. Pues bien, Jesús desciende de David. Precisamente por eso divide la genealogía en tres partes compuestas cada una de catorce nombres. El centro de la misma lo ocupa David, por la razón que hemos apuntado. La genealogía, por otra parte, tiene mucho de artificial. Lo demuestra el simple hecho de colocar catorce nombres en cada una de las fases en que divide la prehistoria de Cristo. El número catorce (NU/000014), por ser el doble del siete, indica perfección y plenitud. Aquí significaría la perfección y providencia especial de Dios en la disposición de toda la historia salvífica anterior, que culmina en Cristo.
La razón apuntada anteriormente explica también la mención de Abraham. El origen de Cristo coincide y se remonta al principio mismo de Israel. Por la misma razón son mencionados, en la primera parte de la genealogía, Judá y sus hermanos, es decir, todo Israel. En la tercera parte se resume la historia de Israel, a partir del destierro babilónico, por idéntica razón: quiere abarcarse toda la historia de Israel: su origen, los momentos más importantes y la coronación o plenitud, que es Jesús.
El fin teológico de la genealogía permite a nuestro autor jugar con alguno de los nombres. Nosotros debemos descubrir su juego.
Al mencionar al rey Asa, Mateo escribe Asaf, que, según el Salterio (Sal 72, 1; 75,1...), compuso varios Salmos, y, en lugar de Amón, otro de los reyes de Israel, nuestro evangelista escribe Amós, que fue uno de los célebre profetas del pueblo de Israel. No querrá decirnos Mateo, con este pequeño juego, que también los Salmos y profetas alcanzan su plenitud en Cristo?
La segunda parte del capítulo presenta el nacimiento de Cristo como algo absolutamente milagroso. María concibió a Jesús sin concurso de varón, por obra del Espíritu Santo. Y al mencionar al Espíritu Santo o al Espíritu de Dios, Mateo -como cualquier escritor judío- piensa en el poder creador de Dios. Afirmado el hecho -concepción milagrosa de Jesús-, Mateo se detiene con cierta amplitud en exponer las consecuencias del mismo. La primera es el natural desconcierto de José. María y José estaban desposados. Según la ley judía, esto quería decir que el contrato de matrimonio había sido sellado seria y firmemente. Únicamente faltaba la ceremonia de la boda, que culminaba llevando a la novia a vivir en la misma casa del novio. La ley judía no consideraba pecado serio la relación sexual habida entre los novios-desposados en el tiempo intermedio entre desposorios y casamiento. Más aún, en caso de que naciese un hijo en ese tiempo intermedio, era considerado por la ley como hijo legítimo.
Teniendo en cuenta la ley y costumbres judías, el estado de María únicamente creaba problema a José. ¿Por qué? Creemos que él estaba al corriente de lo ocurrido. No vemos ninguna razón para que María, su esposa, no le hubiese informado de todo. Entonces, ¿por qué la duda? La duda de José no fue acerca de la culpabilidad o inocencia de María, sino sobre el papel que él personalmente tenía que jugar en todo aquello. Una intervención sobrenatural -aparece el motivo del ángel- se lo aclara: deberá poner el nombre al niño, es decir, deberá ser su padre legal (era el padre quien imponía el nombre) y entonces, conocido su papel en aquel matrimonio, cesa su turbación, desconcierto o duda.
El anuncio del ángel a José es un resumen completo del Nuevo Testamento: Jesús salvará al pueblo de sus pecados. Tanto en el Antiguo como en el Nuevo Testamento la expresión "Perdón de los pecados" no significa el perdón de una falta concreta sino que es el resumen de toda la acción salvadora de Dios. Quiere decir esto que, con la aparición de Jesús, ha sido superada la separación entre Dios y el hombre. Decir Jesús o salvador es exactamente lo mismo. El nacimiento de Jesús, su vida y actividad fue -y es- Dios con nosotros. Como lo había anunciado el profeta Isaías.
Comentarios a la Biblia Liturgica NT, Edic Marova/Madrid 1976.Pág. 930



4.- Los comentaristas intentan, no sin dificultad, explicar la reacción de José que resume el v. 19. ¿Cómo puede un repudio permanecer secreto, mientras que los desposorios han sido públicos? ¿Qué conexión hay que establecer entre la "justicia" de José y su proyecto de repudio tácito?. Ya desde los primeros siglos se han propuesto múltiples explicaciones. Podrá apreciarse en particular este comentario de San Bernardo, tomado del diácono sirio del siglo IV, san Efrén.
"¿Por qué quiso José despedir a María? Escuchad acerca de este punto no mi propio pensamiento, sino el de lo Padres; si quiso despedir a María fue en medio del mismo sentimiento que hacía decir a san Pedro, cuando apartaba al Señor lejos de sí: Apártate de mí, que soy pecador (Lc 5, 8); y al centurión, cuando disuadía al Salvador de ir a su casa: Señor, no soy digno de que entres en mi casa (Mt 8, 8). También dentro de este pensamiento es como José, considerándose indigno y pecador, se decía a sí mismo que no debía vivir por más tiempo en la familiaridad de una mujer tan perfecta y tan santa, cuya admirable grandeza la sobrepasaba de tal modo y le inspiraba temor. El veía con una especie de estupor, por indicios ciertos, que ella estaba embarazada de la presencia de su Dios, y, como él no podía penetrar este misterio, concibió el proyecto de despedirla. La grandeza del poder de Jesús inspiraba una especie de pavor a Pedro, lo mismo que el pensamiento de su presencia majestuosa desconcertaba al centurión. Del mismo modo José, no siendo más que un simple mortal, se sentía igualmente desconcertado por la novedad de tan gran maravilla y por la profundidad de un misterio semejante; he ahí por qué pensó en dejar secretamente a María. ¿Habéis de extrañaros, cuando es sabido que Isabel no pudo soportar la presencia de la Virgen sin una especie de temor mezclado de respeto? (Lc 1, 43). En efecto, ¿de dónde a mí, exclamó, la dicha de que la madre de mi Señor venga a mí?".
San Bernardo, 2. homilía sobre el Missus est, PL 183, p. 68. Ver una justificación del pensamiento de san Bernardo y un comentario de todo el relato en X. LÉON-DUFOUR, Estudios de Evangelio, Edic. Cristiandad, Madrid 1982, págs. 67-82.
Louis Monloubou, Leer y Predicar el Evangelio de Mateo, Edit. Sal Terrae Santander 1981.Pág 66



5.- ¿En qué sentido se declara a José justo?
La lectura atenta del fragmento hace que surjan algunos interrogantes. Cosa excelente. Para que un texto hable y desvele su secreto, es preciso siempre interrogarle. Lo importante es hacerle preguntas justas. Nosotros le hacemos tres.
Primera: ¿En qué sentido se declara justo a José? Más en concreto: ¿Cuál es el motivo de su vacilación? ¿Qué problema le inquieta? Según una antigua interpretación que se remonta a Justino, José es justo, primero porque observa la ley (que obligaba al marido a disolver el matrimonio en caso de adulterio) y, además, porque mitiga con la magnanimidad el rigor de la ley (evita la difamación pública). Tenemos, pues, un José "filósofo", que sabe ir más allá de la letra de la ley, compaginando obediencia y magnanimidad. Es el ideal griego de la sabiduría.
¿Pero es éste el sentido de Mateo? ·Jerónimo-SAN es de otro parecer: "José, conociendo la castidad de María y extrañado por lo acaecido, oculta con su silencio aquello cuyo misterio ignora". Por tanto, José se habría encontrado ante un dilema: por un lado, la indiscutible inocencia de María, y, por otro, un hecho que parecía desmentirla; José busca entonces un comportamiento que deje a salvo ambas exigencias. ¿Se puede hablar entonces de justicia? En cualquier caso, no es éste el concepto de justicia que aparece habitualmente en el evangelio de Mateo.
JUSTO/SENTIDO: Los comentaristas modernos prefieren cada vez más otra interpretación, que he intentado poner de manifiesto ya a nivel de traducción: José es justo porque, comprobando una presencia de Dios, una economía superior, se retira ante ella sin pretensiones. "Justo" tiene entonces el sentido típico de Mateo, a saber, aceptación del plan de Dios incluso cuando desconcierta el propio. Según esta interpretación el anuncio del ángel no tiene como objeto la concepción virginal, que José ya conocía y que era justamente el motivo por el que pensaba permanecer en la sombra; el objeto es más bien hacerle conocer la misión que le corresponde, que consiste en imponer el nombre al niño y asumir su paternidad legal.
Bruno Maggioni, El Relato De Mateo, Edic. Paulinas/Madrid 1982.Pág. 21



6.- Centrar la atención en la personalidad de José, su actitud ante el misterio de Dios y ante la misión que le es encomendada. José se muestra como lo que es: un hombre "justo", un hombre "bueno".
José se ve en la presencia de lo divino. Aquella concepción era de Dios, y, ante el Misterio de Dios presente en María, José reacciona como reaccionan ante la presencia de lo divino todos los "justos" en la Biblia: como Moisés, que se esconde ante la Gloria de Dios presente; como Isaías, atemorizado por la aparición; como Isabel, que pregunta por qué viene a ella la Madre de su Señor; como el centurión del evangelio, que dice que no, que él no es digno; como Pedro que, cuando ve en Jesús el poder divino, le dice: apártate de mí, Señor, que soy un pecador.
El "justo" se sitúa así ante Dios: se siente pecador, indigno, y se retira. Porque José es justo y bueno, se siente obligado a retirarse; no tiene derecho a retener a María como suya porque Dios ha tomado posesión de ella; no puede figurar como padre de la criatura que es sólo de Dios. Donde entra Dios personalmente haciendo de María objeto de su presencia y de su bendición, José no tiene nada que hacer y toma la actitud del que es "justo" y se siente indigno.
Y porque es "justo" y bueno comprende que no puede romper con María por el procedimiento legal, pues, o tendría que revelar el misterio, o expondría a María a unas sospechas injustas; cualquiera de estas dos cosas era injusta. Por eso, como esto ocurría "antes de vivir juntos", decidió dejarla en secreto".
Como se ve, la versión de la duda de José -tan popular- que nos lo presenta lleno de esas angustias psicológicas que rayan la sospecha, no tiene nada que hacer en el texto del evangelio. El evangelista no va a interesarnos en unas zozobras psicológicas, sino ha de revelarnos cómo se han cumplido los designios de Dios y qué actitud religiosa han tomado los hombres ante estos designios.
Todo esto está apoyado en una exégesis segura, que se abre camino y se va a imponer acabando con esa otra versión popular. Un estudio a fondo del original de las palabras del ángel a José, descubre en el uso de las partículas "gar...de" uno de los casos en que "gar" anuncia la causa de lo que se afirma, pero esta causa se expresa después de afirmar otra cosa ya conocida por el interlocutor. Así, el sentido de las palabras del ángel a José es este: "`ciertamente', la criatura que hay en ella viene del Esp. Santo, pero tú no te retires, no tengas reparo en llevarte a María por esposa, `porque' tienes la misión de darle nombre". (Por otro lado, San Bernardo en sus homilías resumía ya la opinión de los Padres en esta línea que hemos expuesto y que nos parece la justa).
Y aquí, de nuevo, se muestra José un hombre "justo" porque sabe situarse ante Dios en actitud de obediencia y de fidelidad. Acepta y cumple la misión encomendada. Así, José se manifiesta justo y bueno porque sabe percibir la presencia de Dios y se sitúa ante Él como un pecador, y busca la manera de actuar y retirarse sin hacer daño a nadie. Y, en cuanto conoce la voluntad de Dios sobre él, la cumple. Vive de cara a Dios, dentro de sus planes y, cumpliendo su voluntad divina, es instrumento y objeto del amor de Dios.


7.- La principal dificultad de este pasaje evangélico reside en la traducción de los vs. 20-21, habitualmente inexacta. Proponemos la traducción que consideramos más ajustada al texto original.
"José, hijo de David, no tengas reparo en llevarte a María, tu mujer. -Ciertamente- la criatura que hay en ella viene del Espíritu Santo; -ahora bien-, al hijo que ella va a dar a luz tú le pondrás por nombre Jesús." (Los subrayados responden a los dos puntos de novedad respecto a las traducciones habituales).
El punto de vista de Mateo no es el de descorrer a José el velo del misterio que envuelve la concepción de Jesús. En realidad, José ya sabe que se trata de una concepción misteriosa. Y es precisamente esta cercanía del misterio la que aviva en José el sentimiento de la propia indignidad, hasta el punto de pensar que su persona no podía ser más que un obstáculo al plan de Dios y que por consiguiente tenía que retirarse. Sólo esta interpretación da una respuesta adecuada al v.19. Todo intento de explicación psicológico-cronística se estrella con la frase: "que era hombre justo y no quería infamarla". El repudio secreto hubiera sido el mejor modo de ser egoísta, injusto e infamatorio de María. Nunca mejor que aquí aparece claro que los evangelistas no han pretendido ser cronistas o reporteros de unos sucesos.
El punto de vista de Mateo en los vs. 20-21 es el siguiente: José no es ningún obstáculo al plan de Dios. Al contrario, aceptando ser el esposo de María y dando nombre al hijo que a ésta le nazca garantiza a la criatura una ascendencia legal que lo entronca con David y Abrahán. En definitiva, lo que se le pide a José es que, a pesar del miedo que la cercanía del misterio produce en él, se fíe por completo de Dios. Y José se fió de Dios (v.24).
Dabar 1977/21



8. JESÚS, HIJO DE DAVID ENC/H/DAD 
Nada hay más impresionante que esta genealogía de Jesús y la proclamación de su final: "Jacob engendró a José, el esposo de María, de la cual nació Jesús, llamado Cristo". Esta inserción de Dios en el mundo, entre nosotros, como uno de nosotros, es el acontecimiento que domina la historia de los hombres.
Pero no domina de hecho nuestra historia personal. Nuestra fe es tan débil que nuestras actitudes no corresponden a la dignidad que tiene ahora el hombre, en el transcurso del tiempo, desde la venida del Hijo.
Adrien Nocent, El Año Liturgico: Celebrar A Jc 1, Introduccion y Adviento, Sal Terrae Santander 1979.Pág. 144 S.



9.- El hecho del nacimiento legal, que la genealogía ha afirmado, es el objeto de un relato: José, hijo de David, acoge a Jesús en su descendencia. Este relato es, sin duda, el resultado de una larga elaboración literaria. Volviendo a tomar probablemente un relato apologético anterior (un sueño: cf. 2, 13.19), donde Dios evoca, a través de las objeciones de José, las calumnias concernientes al nacimiento virginal Mt lo orienta teológicamente gracias a la cita de Is 7, 14 (1. lectura), que expresa la fe de la Iglesia en la concepción virginal. Así se responde a la objeción: he aquí el modo en que Jesús, naciendo de una mujer virgen, ha sido agregado al linaje de David. Construcción teológica que, sin duda, oculta algo más de misterio y de hondura que lo que aparece.
El AT no habla nunca de este secreto, sino que, precisamente, había que hacerlo de manera oficial y pública (cf. Dt 24, 1). Hay que contar con la respuesta del v. 21, donde José se hace una idea de que Jesús es algo más que las simples apariencias. Los diversos planos se entremezclan. De todos modos, la encarnación tendrá siempre un cierto margen para quien quiera sospechar, calumniar o ridiculizar. Las cosas más delicadas son las más expuestas al desmoronamiento. Aquí entramos en un contexto cristiano de gran horizonte. El creyente tiene trabajo en encontrarse a sí mismo. Por eso acude a la fe de la iglesia.
Etimológicamente parece que este nombre quiere decir "Dios salva". El mensaje angélico tiene dos interpretaciones posibles: que el ángel revela a José la concepción virginal de María y le confía además la misión de dar el nombre al hijo; o bien que el ángel revela que, aunque María está encinta por el Espíritu, sin embargo José tiene un gran papel que jugar: conferir a este hijo la filiación davídica dándole el nombre. Misterio de la actuación de Dios a través del hombre. Locura para el inteligente, pagado de sí mismo, y necedad para el espiritualista.
Eucaristía 1992/58



10.- Según el derecho matrimonial judío los esponsales, que siempre se celebraban delante de dos testigos, equivalían ya prácticamente al matrimonio en sentido estricto. Se celebraban de ordinario cuando la novia alcanzaba la edad de doce años. A partir de ese momento la desposada no podía ser abandonada si no recibía, por justa causa, un "libelo de repudio", y si moría su esposo era considerada como una viuda. Después de transcurrir un año desde los esponsales, el esposo tomaba a su esposa y la conducía solemnemente a su propia casa, con lo cual el matrimonio quedaba plenamente formalizado. María concibió a Jesús antes de vivir con José en una misma casa, siendo desposada. Este difícil texto admite dos posibles interpretaciones: a) José era un "varón justo", que aquí significa tanto como cumplidor de la Ley y, a la vez, bondadoso o bueno. Y porque era justo y bueno, se encontraba perplejo en una situación insólita: no entiende que se deba proceder contra María según dispone Moisés que se haga con la mujer adúltera (Dt 22, 20s), pero tampoco ve claro que deba tomarla en su casa como si no ocurriera nada. En consecuencia decide repudiarla en secreto. B)José conocía por su esposa el origen de su maravillosa esperanza, y piensa retirarse respetuosamente ante el misterio. Piensa que, una vez María había sido distinguida por Dios con tan alta vocación, él no debía intervenir en absoluto haciendo valer sus derechos de esposo.
Sea lo que fuere, lo cierto es que la embajada del ángel a José no tiene únicamente el sentido de sacarlo de apuros y devolverle la tranquilidad. Significa también para José una vocación excelsa. Además, José era "legalmente" el padre del niño y a José correspondía entre otras cosas el darle un nombre. En este caso (lo mismo ocurrió en el de Zacarías, el padre del Bautista), José es informado por Dios sobre el nombre que había de llevar el hijo de María. Su nombre será "Jesús", esto es, "Dios-salva". En este nombre va indicada ya la misión que trae Jesús al mundo.
Cualquiera que sea el significado del texto de Isaías en su contexto original, ciertamente Mateo lo refiere aquí a Jesús, el hijo de la Virgen María. Y pone el acento en el nombre de Emmanuel, que recibe Jesús. La vida de Jesús, sus palabras y sus obras, significa para nosotros que Dios está con los hombres y nos salva. De Jesús se predica que Dios estaba con él (Jn 8, 29; Hech 10, 38), y Jesús es para nosotros la presencia de Dios en persona (2 Cor 4, 6; Col 2, 9; Heb 1, 3; Jn 14, 6-9; Mt 11, 4s).
Eucaristía 1980/59



11.- Texto. El versículo inicial es fundamental para el posterior desarrollo narrativo. El versículo enuncia un hecho: María está encinta por obra del Espíritu Santo. Con la formulación de este hecho Mateo no pretende anticipar a sus lectores algo que José conocerá más tarde, sino sentar la base de todo el relato y, consiguientemente, de la posterior decisión de José. Desde el comienzo mismo del relato José es, pues, sabedor de la concepción milagrosa del niño que hay en María. Su decisión, formulada en el v. 19, de no convivir con María no es fruto de la sospecha contra María, sino del asombro y de la conciencia de la propia indignidad. ¿Cómo podría él convivir con alguien en quien Dios se ha hecho presente tan especialísimamente? José, que es justo, es decir, que en cada situación adopta la actitud adecuada, decide no convivir con María. Es muy posible que el empleo del verbo repudiar no haga justicia al relato.
De todo esto resulta que lo que José tiene que superar es su propio miedo religioso, su conciencia de indignidad y de pequeñez. Las palabras del ángel tienen precisamente esta función. De ahí que comiencen con un no temas, no tengas reparo, invitando a José a la convivencia con María bajo el mismo techo.
Suele ser habitual atribuir a las palabras del ángel en el v. 20 la función de información a José. La traducción litúrgica así lo confirma. Todo el problema radica en que la misma conjunción griega puede tener sentido causal (porque) o reforzativo (en efecto).
Personalmente me inclino por la segunda alternativa. La traducción del v. 20 debería ser la siguiente: "No tengas miedo en llevarte a María, tu mujer. En efecto (como tú ya sabes), la criatura que hay en ella viene del Espíritu Santo". El ángel no desvela a José el misterio de la concepción de María, sino que refuerza el conocimiento que José ya posee. El ángel no libera a María de la sospecha de infidelidad, sino que libera a José de su miedo religioso; le ayuda, en una palabra, a no sentirse anonadado por la cercanía de Dios.
Pero las palabras del ángel no se limitan a liberar a José de su miedo religioso: le confían, además, la tarea de dar nombre al niño que hay en María. La acción de dar nombre constituía en el ámbito semita el momento genuino de la paternidad.
El nombre, a su vez, definía a la persona, la caracterizaba en su tarea y función posteriores. De ahí la importancia de las etimologías e interpretaciones de los nombres en la biblia. El texto confiere especial relieve al nombre del niño. Por un lado, el ángel define al niño como salvador de los pecados; por otro, el propio autor, aplicándole un texto de Isaías, lo define como Dios con nosotros. El nombre del niño constituye probablemente el centro de atención del texto.
Comentario.
Por encima de los intentos novelísticos, alguno de ellos encomiable, de acercamiento al misterio de Jesús, el intento de acercamiento más completo es el religioso. Resultado de este tipo de intento es el texto producido por Mateo que hoy leemos.
El misterio de Jesús es, en última instancia, el de su divinidad. Jesús es Dios con nosotros. Desde la cercanía, desde la inmediatez. El hecho es tan sorprendente que pueda parecer contradictorio. ¿Cómo se puede ser Dios a la vez que humano? La reacción humana espontánea es la de negar la compatibilidad de ambos extremos. La reacción humana religiosa es la aceptación de su compatibilidad.
Pero con la aceptación surge un nuevo problema. ¿Puede Dios ser uno entre nosotros sin que nosotros suframos las consecuencias negativas de su cercanía? ¿Puede el sol estar tan cerca de nosotros sin que nos destruya? La reacción humana espontánea es la de renunciar a la cercanía. La reacción humana religiosa es la de aceptarla.
Ahora bien, aceptar esa cercanía comporta dar a Dios un nombre y un rostro humanos. Así vio Mateo la tarea de José; así debe ser la tarea del creyente en Dios. La consecuencia no se deja esperar: el que Dios tenga un nombre entre los humanos depende de que haya humanos que quieran dárselo; el que Dios sea Jesús, es decir, salvador de los pecados, depende de la existencia de José, es decir, de la existencia de creyentes. De esta forma, lo que se presentaba como problema divino termina convirtiéndose en problema humano.
De la vida concreta de José, de su vivir diario, conocemos muy poco, prácticamente nada. Pero conocemos de él lo que realmente vale la pena: aceptó el riesgo de dar nombre a Dios. Gracias a esta aceptación Dios se llama Jesús y es uno entre y con nosotros. La tarea de José no es irrepetible. Muy al contrario: está necesitada de que otros la sigan repitiendo. He aquí el reto que nos lanza el texto de hoy.
Alberto Benito, Dabar 1992/04



12.- -Después de la genealogía introductoria al evangelio, Mateo explica el nacimiento de Jesús. En la intimidad de una familia judía, Dios interviene por medio de su Espíritu. María y José se encontraban en la primera fase del matrimonio, después de los esponsales, aún sin cohabitación. Es en esta situación que María "esperaba un hijo, por obra del Espíritu Santo".
-"José, su esposo, que era bueno...": Es mejor el término "justo", que no queda plenamente definido con la expresión "bueno". No se ha de entender tampoco en el sentido de un cumplidor estricto de la Ley. José se mantiene en la fidelidad a la voluntad de Dios. No podemos dejarnos llevar por construcciones psicológicas y anecdóticas sobre el estado de ánimo de José. Intenta una solución que armonice el cumplimiento de la ley con la misericordia: "no quería denunciarla, decidió repudiarla en secreto". La duda de José es también la duda del pueblo de Israel ante la nueva realidad cristiana presentada por María. Tendrá que pasar de la fidelidad a la Ley a la fidelidad a la novedad de la acción de Dios.
-"Se le apareció en sueños un ángel del Señor..": A fin de esclarecer el significado del acontecimiento el diálogo entre el ángel y José pasa al primer plano. "La criatura que hay en ella viene del Espíritu Santo": la casualidad de la acción del Espíritu en el nacimiento del Mesías es única. No hay lugar a una intervención del hombre. He aquí una diferencia radical con otros nacimientos (Samuel, Juan bautista, etc.).
-"Tú le pondrás por nombre Jesús, porque él salvará a su pueblo de los pecados": Jesús es la transcripción griega de una adaptación del nombre de Josué, que quiere decir "Yavhé salva". Existe un nexo entre el nombre y la misión mesiánica. Pero esta misión no se explica en términos de liberación política del pueblo de Israel de sus enemigos, sino "de los pecados". De esta manera se desmarca de las expectativas mesiánicas de su tiempo.
-"Todo esto sucedió para que se cumpliese lo que había dicho el Señor por el profeta..": Comentario del evangelista: las realidades de la Nueva Alianza son la plenitud de la Antigua. No se trata por tanto de una realización literal de un oráculo, sino sobre todo de la continuidad de la acción de Dios en la historia. La designación de Emmanuel no es ningún nombre que desplace al de Jesús sino el signficado de su persona y de su obra.
(J. Naspleda, Misa Dominical 1989/24



13.- El evangelista ha presentado la genealogía de Jesús partiendo de Abrahan y pasando por David. El último descendiente de David nombrado es "José, el esposo de María, de la cual nació Jesús, el Cristo".
El acuerdo matrimonial se hacía un año antes de la boda y aunque los novios aún no vivían juntos, tenía validez legal parecida a la del matrimonio, es decir, que para romper el acuerdo matrimonial hacía falta un acto formal de repudio. Esto es lo que se dispone a hacer José cuando se da cuenta de que su prometida está embarazada.
De José sólo se dice "que era un hombre justo", un término de profundo significado en el Antiguo Testamento y que recuperaremos como eje central de las Bienaventuranzas. Como en el Antiguo Testamento, el "sueño" es a menudo un medio a través del cual Dios se manifiesta. El "ángel", por otro lado, también se presenta como un mensajero de Dios. El ángel se dirige a José con un título que sólo se dará a Jesús: "hijo de David", y le comunica que el hijo que espera María "viene del Espíritu Santo". Así queda claro que José no ha intervenido en la concepción del hijo de María. Más aún, José ni tan sólo podrá hacer lo que correspondía al padre: escoger el nombre del hijo.
"Jesús" quiere decir "el Señor salva". El nombre indica la misión del hijo de María: hacer patente la salvación de Dios; él mismo será la salvación.
Es típica de Mateo la indicación de que en Jesucristo se cumple plenamente lo que las Escrituras anunciaban. En este caso recuerda el anuncio hecho por Isaías al rey Acaz. Y el nombre que decía el profeta, "Emmanuel", será también definitorio de Jesús. Mateo concluirá su evangelio remitiendo a este texto inicial: Jesús "estará con nosotros cada día". José, "hombre justo", se fía de Dios y toma a María en su casa como esposa. A pesar de no serlo físicamente, ejercerá de padre de Jesús.
Josep M. Grane, Misa Dominical 1992/16

viernes, 9 de diciembre de 2016

LECTURAS Y COMENTARIO III DOMINGO ADVIENTO CICLO A - 11 DICIEMBRE 2016

¿ERES TÚ EL QUE HA DE VENIR O TENEMOS QUE ESPERAR A OTRO?.


ORACION COLECTA

Estas viendo, Señor, como tu pueblo espera con fe la fiesta del nacimiento de tu Hijo; concédenos llegar a la Navidad de gozo y salvación, y poder celebrarla con alegría desbordante. Por Nuestro Señor Jesucristo.

PRIMERA LECTURA

Lectura del libro de Isaías 35,1-6a.10

El desierto y el yermo se regocijarán, se alegrarán el páramo y la estepa, florecerá como flor de narciso, se alegrará con gozo y alegría. Tiene la gloria del Líbano, la belleza del Carmelo y del Sarión. Ellos verán la gloria del Señor, la belleza de nuestro Dios. Fortalezcan las manos débiles, robustezcan las rodillas vacilantes; digan a los cobardes de corazón: «Sean fuertes, no teman. Miren a su Dios, que trae el desquite; viene en persona, resarcirá y se salvará.» Se despegarán los ojos del ciego, los oídos del sordo se abrirán, saltará como un ciervo el cojo, la lengua del mudo cantará. Volverán los rescatados del Señor, vendrán a Sión con cánticos: en cabeza, alegría perpetua; siguiéndolos, gozo y alegría. Pena y aflicción se alejarán.

SALMO RESPONSORIAL (145)

Ven, Señor, a salvarnos

El Señor mantiene su fidelidad perpetuamente,  hace justicia a los oprimidos,  da pan a los hambrientos.  El Señor liberta a los cautivos. R.

El Señor abre los ojos al ciego,  el Señor endereza a los que ya se doblan,  el Señor ama a los justos,  el Señor guarda a los peregrinos. R.

Sustenta al huérfano y a la viuda  y trastorna el camino de los malvados.  El Señor reina eternamente,  tu Dios, Sión, de edad en edad. R.

SEGUNDA LECTURA

Lectura de la carta del apóstol Santiago 5,7-10

Tened paciencia, hermanos, hasta la venida del Señor. El labrador aguarda paciente el fruto valioso de la tierra, mientras recibe la lluvia temprana y tardía. Tengan paciencia también ustedes, manténganse firmes, porque la venida del Señor está cerca. No se quejen, hermanos, unos de otros, para no ser condenados. Miren que el juez está ya a la puerta. Tomen, hermanos, como ejemplo de sufrimiento y de paciencia a los profetas, que hablaron en nombre del Señor.

EVANGELIO

Lectura del santo evangelio según san Mateo 11,2-11

En aquel tiempo, Juan, que había oído en la cárcel las obras del Mesías, le mandó a preguntar por medio de sus discípulos: «¿Eres tú el que ha de venir o tenemos que esperar a otro?». 
Jesús les respondió: «Vayan a anunciar a Juan lo que están viendo y oyendo: los ciegos ven, y los inválidos andan; los leprosos quedan limpios, y los sordos oyen; los muertos resucitan, y a los pobres se les anuncia el Evangelio. ¡Y dichoso el que no se escandalice de mí!». 
Al irse ellos, Jesús se puso a hablar a la gente sobre Juan: «¿Qué salieron a contemplar en el desierto, una caña sacudida por el viento?. ¿O qué fueron a ver, un hombre vestido con lujo?.  Los que visten con lujo habitan en los palacios. Entonces, ¿a qué salieron?, ¿a ver a un profeta?.  Sí, les digo, y más que profeta; él es de quien está escrito: "Yo envío mi mensajero delante de ti, para que prepare el camino ante ti." Les aseguro que no ha nacido de mujer uno más grande que Juan, el Bautista; aunque el más pequeño en el reino de los cielos es más grande que él.».

COMENTARIO

En este domingo la Liturgia nos vuelvas a presentar la imagen de Juan el Bautista, pero en relación con Jesús.
Un visionario judío llamado Isaías dijo una vez lo siguiente: En aquel día oirán los sordos las palabras del libro y, libres de las tinieblas y la oscuridad, los ojos de los ciegos verán. Así imaginaba él lo que nosotros denominamos utopía y que él denominaba día de Yahvé. Siglos más tarde, un judío llamado Mateo cayó en la cuenta de que esto era precisamente lo que había sucedido en torno a Jesús. Es entonces cuando tiene la osadía de escribir lo que hoy hemos leído y escuchado. Así pues, Juan, el gran profeta, estando en la cárcel, entró en crisis, como si también se pusiera nervioso. ¿Qué pasa con el Mesías? ¿Será el que yo bauticé en el Jordán? Pero no parece dar señales. Todo   sigue igual. No hay manifestaciones  gloriosas,  ni castigos ejemplares.

Ni siquiera mueve un dedo para sacarme de la cárcel.
La respuesta de Jesús es convincente. Le explica las señales del Reino, como anunciaron los profetas.
 Ya han empezado a cumplirse. Pero de otra manera a como espera Juan: el Reino es una semilla pequeña, un fermento escondido. 
El Mesías actúa desde dentro. 
Esta respuesta fue un rayo de luz en la noche de Juan. Él estaba acostumbrado a interpretar los signos desde el seno de su madre o en el Jordán. Sentía enseguida la presencia de lo divino. Jesús hará de él cumplido elogio. Y lo mejor que hizo fue callar a tiempo, para que hablara la Palabra.
Y no extrañarse que también nosotros podamos dudar sobre la presencia de Dios en nuestra vida o de Cristo en la Iglesia. Habrá que orar, dialogar y estar atentos a los signos. 

PLEGARIA UNIVERSAL

Es el momento de apurar nuestra preparación a la Navidad, pidiendo la ayuda de Dios. A cada invocación digamos: R.- Te lo pedimos, Señor.

1.- Por el Papa Francisco, los obispos y los sacerdotes, para que con su palabra y su oración lleven al pueblo de Dios hasta los pies del Salvador. Te lo pedimos, Señor.

2.- Por los gobernantes de las naciones, para que se dejen iluminar por Cristo a la hora de tomar sus decisiones. Te lo pedimos, Señor.

3.- Por  los que han dejado enfriar su fe, para que, volviendo al calor del pesebre, reencuentren a Dios que los espera para darles la plenitud de la vida y con ella la salvación. Te lo pedimos, Señor.

4.- Por los enfermos, los pobres, los afligidos, los que se encuentran sin trabajo, para que, como dice el apóstol Santiago en su carta, llenen su vida de paciencia y firmeza como los profetas. Te lo pedimos, Señor.

Padre, ante la inminente llegada de tu Hijo, te pedimos que prepares a todas las personas de la tierra para que lo acojan como su Salvador. Te lo pedimos por Jesucristo nuestro Señor.

ORACION SOBRE LAS OFRENDAS

Haz, Señor, que te ofrezcamos siempre este sacrificio como expresión de nuestra propia entrega, para que así cumplamos el sacramento que tú nos diste y se lleve a cabo en nosotros la obra de tu salvación. Por Jesucristo nuestro Señor.

ORACION DESPUES DE LA COMUNION

Imploramos, Señor,. Tu misericordia para que esta comunión que hemos recibido nos prepare a las fiestas que se acercan, purificándonos de todo pecado. Por Jesucristo nuestro Señor.

PALABRA DE DIOS Y SANTORAL DE CADA DÍA

Lunes 12: Nuestra Señora de Guadalupe Patrona de América Latina (F) Eclo 24, 17-22( o bien: Rm 8, 28-30); Sal: Lc 1, 46-55; Lc 1, 39-48.
Martes 13: Santa Lucia, Virgen y mártir (MO) Sof 3, 1-2.9-13; Sal 33; Mt 21, 28-48.
Miércoles 14: San Juan de la Cruz, Presbítero y doctor de la Iglesia (MO) Is 45, 6b-8.21b-26; Sal 84; Lc 7, 19-23.
Jueves 15: Is 54, 1-10; Sal 29;  Lc 7, 24-30.
Viernes 16:   Is  56, 1-3ª.6-8;  Sal 66;  Jn 5, 33-36.
Sábado 17: Feria Privilegiada Gn 49, 2.8-10; Sal 71; Mt 1, 1-17.
Domingo 18: IV de Adviento Is 7, 10-14; Sal 23; Rm 1, 1-7; Mt 1, 18-24.


COMENTARIOS AL EVANGELIO
Mt 11, 2-11

Juan el Bautista se presentó en el desierto de Judea predicando un "bautismo de penitencia para la remisión de los pecados". Fue un predicador penitencial. Esto ya lo sabe el lector del evangelio. Pero la razón última de su misión estaba en anunciar "al que había de venir", el que era más fuerte que él y a quien él no era digno de desatar la correa de su sandalia. Juan había tenido ya algún contacto con Jesús. Más aún, según el cuarto evangelio, le había presentado oficialmente como "el cordero de Dios que quita el pecado del mundo". No obstante, en la misma mentalidad de Juan, ¿hasta qué punto realizaba Jesús aquello que los judíos esperaban del Mesías? La actividad de Jesús ¿se identificaba con la figura del Mesías tal como el Bautista se lo imaginaba? Hay razones serias para dudarlo y una de ellas la tenemos en la embajada que, desde la prisión, hace llegar a Jesús a través de sus discípulos. ¿Eres el que había de venir? Para nosotros, la expresión indica evidentemente la culminación de todas las esperanzas en la persona del Mesías. Se había convertido en frase técnica para describir el tiempo mesiánico y designaría o bien "el profeta" que había de venir (Deut 18, 15) o al Mesías en persona. Los judíos no habían vinculado a esta expresión un significado tan denso, aunque la idea de su venida "en el nombre del Señor" era una convicción generalizada.
Jesús, en su respuesta, se limita a citar la Escritura (Is 35, 5-6; 61, 1). Una respuesta excesivamente concentrada y que nosotros explicitaríamos así: todas estas cosas estaban anunciadas en el Antiguo Testamento para los días del Mesías; todas estas cosas están siendo realizadas por Jesús; luego, han llegado los días mesiánicos en la persona de Jesús. Efectivamente, él es el que había de venir. Es la conclusión lógica que debía deducir el Bautista. Por si el texto no tuviese la suficiente claridad Jesús añade: dichoso aquél que no se escandalice de mí. ¿Por qué? Probablemente por el contraste entre lo que se esperaba -mucho más en la línea del sensacionalismo- y lo que veían realizándose en su persona. La advertencia de Jesús está en la línea de la identificación entre su persona y su palabra. La palabra de Jesús no puede separarse de su persona ni la persona de su palabra. Por algo es la Palabra (Jn 1, 1). Sólo quien comprende su palabra comprenderá su persona y viceversa. Quien no lo entiende así, permanecerá a oscuras ante el misterio de la persona de Jesús. La razón de escandalizarse de él está en su humildad. ¿Es éste el camino hacia Dios?, ¿un camino de sufrimiento y de cruz? El mismo Pedro se escandalizó y, con su escándalo, escandalizó a Jesús (/Mc/08/31ss). El mismo escándalo ante el que sucumbieron sus paisanos de Nazaret (Mc 6,3) y sus mismos discípulos ante la pasión (Mc 14, 27); el escándalo de la cruz del que nos habla San Pablo (1 Cor 1, 23; Gál 5,1). Terminada su respuesta, Jesús hace la presentación del Bautista. Cuantos salieron al desierto atraídos por su predicación no vieron en él una caña agitada por el viento, es decir, Juan no era de esas personas que se doblegan fácilmente ante amenazas o promesas. Era un hombre íntegro e inflexible ante el mal. El caso de Herodes Antipas lo pone bien de manifiesto (14, 1ss). Tampoco se presentó Juan como una figura celeste con atuendo regio al estilo de lo que esperaban los judíos para cuando llegasen los días mesiánicos. Juan era un profeta. Pero un profeta singular. Era el mensajero, el heraldo que había de venir a anunciar la presencia del Mesías y a preparar sus caminos (Mal 3, 1). Era el precursor del Mesías. Todo esto quería decir que, efectivamente, había llegado el que tenía que venir. Que había sido inaugurada la era mesiánica, el mundo nuevo creado por Dios por su última y definitiva intervención en la historia. 
Juan era el precursor del que había de venir. En ser precursor estaba su grandeza y su pequeñez. ¿Cómo explicar que el más pequeño en el reino de los cielos es mayor que Juan? Por supuesto, que no desde la categoría personal de cada uno. Aquí se nos está diciendo que el reino de Dios pertenece a un nivel distinto al nuestro. Para pertenecer a él, a ese mundo nuevo, el nuevo eón, es necesaria una nueva intervención de Dios en el hombre, un nuevo nacimiento (Jn 3. 3ss). Esto nadie, ni el más grande de los hombres -como nos es descrito Juan-, puede lograrlo por sí mismo. Sin embargo, el más pequeño e insignificante a los ojos humanos, en quien se haya realizado este nuevo nacimiento, esta nueva existencia, es mayor que la personalidad más destacada -como era la de Juan.
Comentarios a la Biblia Litúrgica NT, Edic Marova/Madrid 1976.Pág. 998




2.- Este Evangelio se compone de dos partes muy distintas: el relato de la embajada de los discípulos de Juan Bautista (vv. 2-6) y el elogio de este último por el mismo Cristo (vv.7-10).
a) La embajada de los discípulos del Bautista lleva el encargo de investigar si Cristo es realmente "el que tiene que venir". Hay que comprender esta última expresión en el sentido que le da Juan Bautista. Está tomada de Is 40, 10 (pasaje que el Precursor conoce bien, puesto que cita ya el v. 3 en Mt 3, 3), en donde la venida del Mesías va acompañada de fuerza y de violencia. Ahora bien, para Juan Bautista no hay lugar a duda de que el Mesías que él anuncia será particularmente violento (Mt 3, 11). El Mesías, en efecto, debe hacer su aparición dentro del aparato terrible de un día de Yahvé.
Pues bien, Cristo desmiente esa espera poniendo de relieve que sus obras mesiánicas están todas ellas hechas de dulzura y de salvación: en lugar de juzgar y de condenar, cura y libera.
Aunque, por otro lado, en todo eso no hay nada que no esté previsto por la Escrituras y esté en conformidad igualmente con la esperanza mesiánica (cf. Is 61, 1; 35, 5-8). Pero hay dos conceptos opuestos del mesianismo que en aquella época se repartían al pueblo elegido: los unos esperaban los últimos tiempos como tiempos de poder y de violencia; los otros, como tiempos de liberación y de felicidad. Oponiéndose a los discípulos de Juan, Cristo revela un estilo de vida que constituye un problema para ellos y que no dejará de producir escándalo hasta tanto no se penetre en el misterio del Hombre-Dios sobre la cruz. Eso es precisamente el alcance del v. 6 (cf. Mt 13, 54-57; 16, 20-23; 26, 31-33, y , sobre todo, 1Cor 1, 17; 2, 5). Si se produce el escándalo a causa de Cristo, aun comprendiendo que da cumplimiento a tal o cual profecía, es porque en El se ha producido algo inesperado, algo que ninguna profecía podía prever: el misterio del Hombre-Dios.
b) Ni el mismo Juan Bautista ha podido prever este aspecto inesperado de la personalidad de Cristo. Y precisamente Jesús consagra su elogio del Precursor a demostrarlo.
Para preparar a su auditorio a la idea de que el Bautista es un profeta, Jesús utiliza una serie de imágenes: el contraste entre gentes bien vestidas y el hombre vestido de pelos de camello (Mt 3, 4; 2 Re 1-8), entre el profeta que no tiembla y la caña frágil (Jer 1, 17-19). Juan es incluso más que un profeta: es el mayor de los profetas: citando Mal 3,1 y Ex 23, 20, Jesús define, en efecto, la misión del precursor como la de un servidor que conduce al pueblo de Dios hacia la tierra tanto tiempo prometida. Y, sin embargo (v. 11), Juan es el personaje más pequeño del reino. Esta observación es capital para la comprensión del verdadero alcance del Evangelio. Juan es el mayor del Antiguo Testamento, pero, en cuanto tal, se mueve aún dentro de una interpretación demasiado humana y demasiado específicamente judía de las profecías. Por eso es el más pequeño en el reino: le falta, en efecto, la inteligencia del estilo absolutamente inesperado que Cristo introduce con su existencia de Hombre-Dios. Las dos partes del Evangelio, por tanto, se complementan: no basta con comprender que Cristo y su Precursor dan cumplimiento a las Escrituras, ni con definirlas partiendo de las profecías antiguas. Y se es el más pequeño en el Reino cuando uno se detiene ahí, sin llegar a penetrar en el misterio de la personalidad de Cristo. Este no es tan solo el final de una cadena de pobres espirituales, de la que Juan sería el penúltimo eslabón (vv. 8-9); Jesús es "ontológicamente" pobre por su obediencia humana y divina al Padre, y su pobreza hasta la cruz no es más que la repercusión terrestre de su situación eterna de absoluta dependencia de Hijo respecto al Padre.
Después de Cristo, los hombres pueden alcanzar esa pobreza de los hijos de Dios merced a su dependencia del Padre, y la Eucaristía que celebran, proponiéndoles que se dejen guiar por la iniciativa del Padre, les capacita para esa aventura.
Maertens-Frisque, Marova Madrid 1969.Pág. 111





4.- Texto. El domingo pasado escuchábamos a Juan hablar del que viene detrás de él con el poder y el derecho. En el texto de hoy, Mateo igual que Lucas, recoge una tradición sobre la perplejidad de ese mismo Juan ante la actuación del Mesías. El término Cristo, empleado en la traducción litúrgica deriva del griego y es traducción del hebreo Mesías. En este texto Cristo no es nombre propio sino título. Jesús reivindica su condición de Mesías, entendiendo ésta no en la línea de los apocalípticos, sino en la de diversos profetas agrupados bajo el nombre de Isaías. El v. 5 del texto es una refundición de Is. 29, 18-19; 35, 5-6 y 61, 1. en línea con estos profetas la actuación de Jesús no es destructora, sino reparadora de los desajustes existentes.
La reivindicación de Jesús se cierra con una bienaventuranza. Sería incorrecta interpretarla como advertencia o llamada de atención a Juan. Es más bien una declaración a favor de los que no ven en Jesús un motivo de escándalo. La segunda parte del texto se centra en Juan y en su papel dentro de la historia de la salvación. La interpelación y la pregunta retórica dan a esta parte viveza y fuerza. El desierto del que se habla es la misma falla geológica del domingo pasado, paisaje árido y tórrido, salpicado en algunos lugares por matorrales, arbustos y cañaverales. Siguiendo la margen occidental del Mar Muerto, se llega a la altiplinicie rocosa, rodeada de barrancos. Su nombre actual es Masada, que significa fortaleza. Se trata, en efecto, de una fantástica fortaleza inexpugnable, donde, entre los años 37 a 31 a. de C., Herodes había construido un palacio dotado de todos los lujos y comodidades. Un palacio proverbial, del que todo el mundo contaba mil maravillas.
Jesús rinde a Juan tributo de admiración por su entereza y austeridad. Sus referencias a las cañas y a los palacios se explican y comprenden a la luz de lo mencionado en el párrafo anterior.
Pero la verdadera grandeza de Juan reside en su función de mensajero inmediato del Mesías. Esta grandeza, sin embargo, palidece ante la realidad del reino de los cielos traída por el Mesías. La llegada del reino de los cielos hace realmente grandes a las personas. Comentario. Dos son las ideas matrices del texto. Primera: El reino de los cielos es ya una realidad en nuestro mundo. Segunda: este reino no destruye el mundo, sino repara lo desajustado en él existente.
Síntomas de este desajuste son la enfermedad y la marginación de los pobres. La primera es un misterio; la segunda, una injusticia intolerable. La enfermedad debe ser combatida como desajuste y aceptada como misterio; la marginación de los pobres debe sólo ser combatida, nunca aceptada.
A pesar de todo hay que seguir afirmando la realidad del reino de los cielos en nuestro mundo. Mucho, sin embargo, nos queda aún por aprender del mensajero, Juan. Existente entre nosotros demasiado arribismo y búsqueda del sol que más calienta; existe demasiado despilfarro. Entereza y austeridad: dos grandes olvidadas.
Alberto Benito, Dabar 1992/03




5.- El texto del domingo pasado terminaba con el anuncio-amenaza de Juan a fariseos y saduceos con uno que está al llegar. Literalmente: el que viene, el que llega. Una de las expresiones utilizadas por los judíos para designar al Mesías, el personaje que inauguraría el nuevo estado de cosas o Reino de los cielos, circunlocución esta última para designar a Dios, ya que los judíos no pronunciaban jamás su nombre por respeto. El texto de hoy comienza con esta misma expresión. ¿Eres tú ese personaje? ¿Estamos ya en el nuevo estado de cosas o Reino de los cielos? La pregunta la hace el propio Juan. Pero entre la pregunta de hoy y el anuncio del domingo pasado median ocho capítulos en los que Mateo ha ido moldeando dichos y hechos de Jesús.
-Versículos 4-6. La respuesta es del que ha llegado y Mateo la concibe como cita y como recuento. Recuento de los ocho capítulos anteriores. Cita de textos de Isaías que hablan de un futuro maravilloso, del día de Yavé. Se trata en concreto de Is. 29, 18-19 y 35, 5-6. Mejor leer ambos capítulos en su totalidad. Son fascinantes. Pero la respuesta no es sólo esto. Es también promesa de alegría y de dicha. Dichoso el que no se escandalice por causa mía. La intención del evangelista parece muy clara: nos hallamos en el nuevo estado de cosas o Reino de los cielos. Pero alberga la sospecha de que esto se lo creen muy pocos. A éstos va dirigidos la bienaventuranza.
-Versículos 7-11. La liturgia ha cortado las palabras de Jesús en el momento tal vez más aclarador de las mismas. En su estado litúrgico se trata de palabras sobre Juan, cuando en realidad no es de Juan de quien Mateo quiere hablar aquí, y ni siquiera de Jesús. Obsérvese como en su respuesta Jesús no habla de él, sino de la situación en torno a él. Mateo quiere hablar del Reino de los cielos que ya ha llegado. Juan es la recta final que precede a la meta, su precursor, su heraldo, ascético, duro, recio, admirable. Pero no es la meta. Esta la constituye el Reino de los cielos. Este Reino es lo central, lo verdaderamente importante. Su presencia lo eclipsa todo. -Comentario. El interés absorbente de la mayor parte de los comentaristas ha enfocado la problemática de este texto hacia las disposiciones psicológico-religiosas por las que el bautista prisionero se decidió a enviar su embajada. Estado de duda, de impaciencia, estrategia pedagógica para fomentar y favorecer la fe en Jesús. Todo esto puede tener su razón de ser a nivel de pre-texto, pero en absoluto la tiene a nivel de texto. El centro de interés del texto, ya lo hemos visto, no es Juan. El centro es la utopía. Sí, eso que todos anhelamos y que todos andamos buscando. Eso mismo de lo que nadie tenemos la osadía de decir que exista y de lo que, a lo sumo y con mucho escepticismo, decimos que puede que a lo mejor alguna vez exista.
Un visionario judío llamado Isaías dijo una vez lo siguiente: En aquel día oirán los sordos las palabras del libro y, libres de las tinieblas y la oscuridad, los ojos de los ciegos verán. Así imaginaba él lo que nosotros denominamos utopía y que él denominaba día de Yavé. Siglos más tarde, un judío llamado Mateo cayó en la cuenta de que esto era precisamente lo que había sucedido en torno a Jesús. Es entonces cuando tiene la osadía de escribir lo que hoy hemos leído y escuchado. Que no es otra cosa que lo siguiente: el Reino de los cielos existe ya. Dichoso el que crea y acepte esto de corazón. Es el mayor acontecimiento y la mayor grandeza que pueda darse.
Alberto Benito, Misa Dominical




6.- -"Juan, que había oído en la cárcel las obras de Cristo!..": Juan aparece encarcelado por Herodes, pero como era habitual en las personas del mundo antiguo no pierde el contacto con el exterior. Conoce la actividad de Jesús y le envía a sus discípulos. Los discípulos de Juan subsistirán después de su muerte y algunos mantendrán polémica con la comunidad cristiana primitiva sobre la mesianidad de Jesús. Por eso el texto evangélico pone sobre la mesa las dudas del Bautista a fin de darles respuesta.
-"¿Eres tú el que ha de venir o tenemos que esperar a otro?": La acción y la predicación de Jesús no han encontrado acogida en Galilea. Mateo subrayará en los textos que vienen a continuación de esta perícopa el carácter escondido del Reino. No es extraño que Juan manifieste también su desconcierto: él esperaba al Mesías juez poderoso de la apocalíptica judía de su tiempo y, en cambio, ve en Jesús otro tipo de actuación bien diferente y él mismo está encarcelado. ¡El Mesías no actúa como liberador!
-"Id a anunciar a Juan lo que estáis viendo y oyendo..": La respuesta de Jesús a las dudas de Juan remite de nuevo a las obras que hace y que ilustra con el texto de Isaías leído en la primera lectura y que recibe el complemento de una referencia a los leprosos y a los muertos. Los signos que realiza Jesús no se imponen por su evidencia abrumadora ante la gente, sino que piden siempre la fe.
-"¿Qué salisteis a contemplar en el desierto...?": Seguidamente Jesús expresa su pensamiento sobre la figura de Juan, y lo hace interrogando a los oyentes con tres cuestiones que tiene una progresión impresionante: ¿una caña? ¿un hombre bien vestido? (notemos la ironía al contrastar el vestido de Juan con la corte de Herodes?, ¿un profeta? La figura de Juan sólo se puede entender con relación a Jesús, por eso es más que un profeta: "él es de quien está escrito: Yo envío mi mensajero delante de ti...".




Joan Naspleda, Misa Dominical 1989/24