viernes, 22 de junio de 2018

LECTURAS Y COMENTARIO DOMINGO NATIVIDAD DE JUAN EL BAUTISTA T.O. CICLO B - 24 JUNIO 2018

NATIVIDAD DE JUAN EL BAUTISTA


ORACION COLECTA

Oh Dios que suscitaste a San Juan Bautista para que preparase a Cristo el Señor, una muchedumbre bien dispuesta, concede a tu pueblo el don de la alegría espiritual y dirige los corazones de todos los fieles pro el camino de la salvación y de la paz. Por nuestro Señor Jesucristo.

PRIMERA LECTURA

Lectura del libro de Isaías 49, 1-6

Escúchenme islas; atiendan, pueblos lejanos: Estaba yo en el vientre, y el Señor me llamó; en las entrañas maternas, y pronunció mi nombre.
Hizo de mi boca una espada afilada, me escondió en la sombra de su mano; me hizo flecha bruñida, me guardó en su aljaba y me dijo: «Tú eres mi siervo, de quien estoy orgulloso.».
Mientras yo pensaba: «En vano me he cansado, en viento y en nada he gastado mis fuerzas», en realidad mi derecho lo llevaba el Señor, mi salario lo tenía mi Dios.
Y ahora habla el Señor, que desde el vientre me formó siervo suyo, para que le trajese a Jacob, para que le reuniese a Israel -tanto me honró el Señor, y mi Dios fue mi fuerza:
«Es poco que seas mi siervo y restablezcas las tribus de Jacob y conviertas a los supervivientes de Israel; te hago luz de las naciones, para que mi salvación alcance hasta el confín de la tierra.».

SALMO RESPONSORIAL (138)

Te doy gracias, porque me has escogido portentosamente.

Señor, tú me sondeas y me conoces; me conoces cuando me siento o me levanto, de lejos penetras mis pensamientos; distingues mi camino y mi descanso, todas mis sendas te son familiares. R.

Tú has creado mis entrañas, me has tejido en el seno materno. Te doy gracias, porque me has escogido portentosamente, porque son admirables tus obras; conocías hasta el fondo de mi alma. R.

No desconocías mis huesos, cuando, en lo oculto, me iba formando, y entretejiendo en lo profundo de la tierra. R.

SEGUNDA LECTURA

Lectura del libro de los Hechos de los apóstoles 13, 22-26

En aquellos días, dijo Pablo: -«Dios nombró rey a David, de quien hizo esta alabanza: “Encontré a David, hijo de Jesé, hambre conforme a mi corazón, que cumplirá todos mis preceptos”. Según lo prometido, Dios sacó de su descendencia un salvador para Israel: Jesús. Antes de que llegara, Juan predicó a todo Israel un bautismo de conversión; y, cuando estaba para acabar su vida, decía: “Yo no soy quien pensabas; viene uno detrás de mí a quien no merezco desatarle las sandalias”.
Hermanos, descendientes de Abrahán y todos los que teméis a Dios: A ustedes se les ha enviado este mensaje de salvación.».

EVANGELIO

Lectura del santo evangelio según san Lucas 1, 57-66. 80

A Isabel se le cumplió el tiempo del parto y dio a luz un hijo. Se enteraron sus vecinos y parientes de que el Señor le había hecho una gran misericordia, y la felicitaban.
A los ocho días fueron a circuncidar al niño, y lo llamaban Zacarías, como a su padre. La madre intervino diciendo: «¡No! Se va a llamar Juan.».
Le replicaron: «Ninguno de tus parientes se llama así.». Entonces preguntaban por señas al padre cómo quería que se llamase. Él pidió una tablilla y escribió: «Juan es su nombre.» Todos se quedaron extrañados. Inmediatamente se le soltó la boca y la lengua, y empezó a hablar bendiciendo a Dios. Los vecinos quedaron sobrecogidos, y corrió la noticia por toda la montaña de Judea. Y todos los que lo oían reflexionaban diciendo: «¿Qué va a ser este niño?».
Porque la mano del Señor estaba con él.
El niño iba creciendo, y su carácter se afianzaba; vivió en el desierto hasta que se presentó a Israel.

COMENTARIO

La Iglesia celebra normalmente la fiesta de los santos en el día de su nacimiento a la vida eterna, que es el día de su muerte.
En el caso de San Juan Bautista, se hace una excepción y se celebra el día de su nacimiento. San Juan, el Bautista, fue santificado en el vientre de su madre cuando la Virgen María, embarazada de Jesús, visita a su prima Isabel, según el Evangelio. Esta fiesta conmemora el nacimiento "terrenal" del Precursor.
Es digno de celebrarse el nacimiento del Precursor, ya que es motivo de mucha alegría, para todos los hombres, tener a quien corre delante para anunciar y preparar la próxima llegada del Mesías, o sea, de Jesús. Fue una de las primeras fiestas religiosas y, en ella, la Iglesia nos invita a recordar y a aplicar el mensaje de Juan.
El nacimiento de Juan es fruto de "la compasión manifestada por el Señor" y fue motivo de felicitaciones y de alegría para todos.
Dios siempre tiene algo que ver en el nacimiento de sus servidores y de todos nosotros. Y en ese niño recién nacido había puestas muchas esperanzas. Por eso todos se preguntaban: "¿Qué llegará a ser este niño?". Juan es el favor de Dios a una familia buena y Juan es el favor de Dios para un pueblo que siempre espera al Mesías, a Jesús, "el que salva". Juan es el favor, la gracia, el puente que une el Antiguo y el Nuevo Testamento.
Juan es el nombre de un hombre al que Dios va a usar para señalar al Cordero de Dios, para preparar el camino del Señor.
La vida de Juan Bautista nos enseña a cumplir con nuestra misión que adquirimos el día de nuestro bautismo: ser testigos de Cristo viviendo en la verdad de su palabra; transmitir esta verdad a quien no la tiene, por medio de nuestra palabra y ejemplo de vida; a ser piedras vivas de la Iglesia.
Nos enseña a reconocer a Jesús como lo más importante y como la verdad que debemos seguir. Nosotros lo podemos recibir en la Eucaristía todos los días. Nos hace ver la importancia del arrepentimiento de los pecados y cómo debemos acudir con frecuencia al sacramento de la confesión. Podemos atender la llamada de Juan Bautista reconociendo nuestros pecados, cambiando de manera de vivir y recibiendo a Jesús en la Eucaristía.
El examen de conciencia diario ayuda a la conversión, ya que con éste estamos revisando nuestro comportamiento ante Dios y ante los demás.

PLEGARIA UNIVERSAL

En esta solemnidad del nacimiento del Precursor del Señor, san Juan Bautista presentemos confiadamente nuestras plegarias a Dios nuestro Padre.

1.- Por la Iglesia, para que todos vivamos siempre con espíritu de conversión para preparar los caminos del Señor que viene a nosotros. Roguemos al Señor.

2.- Por las vocaciones al ministerio sacerdotal; para que sean muchos los llamados al servicio del Reino de los cielos; siendo para el mundo testigos de la luz salvadora de Dios. Roguemos al Señor.

3.- Por los que gobiernan las naciones de todo el mundo; para que, escuchando la voz de Juan Bautista y de todos los profetas, lleguen a reconocer en Jesús al Mesías esperado. Roguemos al Señor.

4.- Por los que son perseguidos a causa de su fe o a causa de su lucha por la justicia, que sientan siempre en ellos la fuerza de Dios que los acompaña. Roguemos al Señor.

5.- Por todos los que estamos aquí reunidos celebrando esta Eucaristía y por nosotros familiares y amigos; que haya entre nosotros paz, generosidad y espíritu de hermanos. Roguemos al Señor.

Escucha, Padre, nuestras peticiones, que te presentamos en la fiesta de tu profeta y precursor San Juan Bautista, y derrama tu amor sobre el mundo entero. Por Jesucristo nuestro Señor.

ORACION SOBRE LAS OFRENDAS

Colmados de ofrenda en tu altar Señor, para celebrar con el honor debido la natividad de quien proclamo que el Salador del mundo ya estaba próximo y lo mostro presente entre los hombres. Por Jesucristo nuestro Señor.

ORACION DESPUES DE LA COMUNION

NATIVIDAD DE JUAN EL BAUTISTAAlimentados con el convite del Cordero celestial, te pedimos, Señor, que tu Iglesia, llena de gozo por el nacimiento de San Juan Bautista, reconozca al autor de su nueva ida en aquel cuya venida inminente anuncio. Por Jesucristo nuestro Señor.

PALABRA DE DIOS Y SANTORAL DE CADA DÍA

Lunes 25:  2R 17, 5-8; 13-15ª.18; Sal 59; Mt 7, 1-5.
Martes 26:  2R 19, 9b-11; 14-21. 31-35ª. 36; Sal 47; Mt 7, 6. 12-14.
Miércoles 27:  2R 22, 8-13; 1-3; Sal 118; Mt 7, 15-20.
Jueves 28: 2R 24, 8-17; Sal 78; Mt 7, 21-29.
Viernes 29: Hch 12, 1-11º; Sal 33; 2Tm 4, 6-8.17-18; Mt 16, 13-19.
Sábado 30: Lm 2, 2.10-14.18-19; Sal 73; Mt 8, 5-17.
Domingo 01:    Sb 1, 13-15; 2, 23-24; Sal 29; 2Co 8, 7.9.13-15; Mc 5, 21-43.


COMENTARIOS AL EVANGELIO
Lc 1, 57-66. 80

1. JBTA/POBREZA: NO CONSTRUYE NADA PARA ÉL. NI SIQUIERA UN GRUPO DE SEGUIDORES. OBRA EN FUNCIÓN DE OTRO.
La fiesta del nacimiento de san Juan Bautista ha gozado históricamente de gran popularidad. El folklore con sus hogueras y baños, la literatura con sus romances e incluso la economía (por ser el día en que se contrataban los segadores) así lo constatan. La Iglesia colocó esta celebración a seis meses exactos antes de la navidad, aplicando al ciclo litúrgico la frase "ya está de seis meses la que consideraban estéril".
Juan fue un personaje conocido en su tiempo. El historiador Flavio Josefo no se olvida de citarlo. Para la fe cristiana supone el fin del AT y el preludio del Nuevo. Es, ni más ni menos, que el precursor. Su nombre lo indica: Juan quiere decir "Dios se ha compadecido", mientras que Jesús significa "Dios salva". Sin embargo, nada de esto impide el que las actitudes fundamentales de su personalidad puedan servirnos perfectamente como esquema de reflexión.
El Bautista no fue, desde luego, un docto y religioso burgués de ideas acertadas, pero descomprometidas como quien observa la marcha del mundo desde fuera. Juan toma postura ante la situación en que vive. Lo hace con las características y matices de su particular psicología, pero no se limita a pensar o a hablar.
También el nuestro es, en cierto modo, un tiempo de crisis y de necesidad de cambio. No faltan ni en el ámbito civil ni en el religioso personas con ideas, al menos aparentemente, acertadas.
Se piensa y se escribe en las secciones fijas de los semanarios dominicales con la elegancia y el dulce encanto de la progresía, pero el compromiso no va más allá. Así la verdad pierde su carácter de denuncia y se convierte en droga para el lector y en refuerzo para el sistema. La excesiva oferta de estas "verdades" oculta y devalúa la auténtica verdad.
Juan es la antítesis de aquel Herodes que se mantuvo en el trono pese a todos los cambios políticos que tenían lugar en la dirección del imperio romano. A Maquiavelo le debía encantar tan astuto príncipe. Sin embargo, el Bautista no era una caña que se movía hacia donde soplaba el viento. No por ello era un inmovilista y, mucho menos, un conservador al estilo de los saduceos. Actuó sobre la realidad desde la fe que llevaba dentro. Estas características de su personalidad deben hacernos reflexionar hoy. En el fondo se trata de no amar sólo de palabra o por escrito, sino con obras y de verdad. Es obvio que la actuación de cada uno de nosotros vendrá coloreada por nuestra particular psicología, lo mismo que ocurrió en el caso de Juan.
Pero ello no debe suponer una excusa para un irresponsable "dejarnos llevar" por la corriente social que justifica de hecho la injusticia. No basta con ser geniales en las ideas, hay que actuar.
En este punto, interesa recordar que el término "espiritualidad" significa para el cristiano que debe ser movido por el Espíritu de Jesús. Entender esta palabra como mero intimismo, bonito y autogratificante, supone una huida del mundo que ni Juan ni Jesús de Nazaret practicaron. La escucha y obediencia al Espíritu han de hacernos capaces de discernir en nuestro mundo los valores positivos y los que, por el contrario, han de ser rechazados por muy general que sea su aceptación. No se trata por ello de ser fanáticos o intolerantes con los demás. La libertad está en la base de un mundo más humano. Mucho menos puede esto fundamentar el inmovilismo, cuando de lo que se trata es de cambiar la realidad.
Pero quizá la actitud clave que permite al Bautista actuar de esta manera es su desprendimiento. Juan no construye nada para él, ni siquiera un grupo de seguidores. Obra en función de otro. Tiene clara conciencia de ser puente y camino. Él no es el fin. Está dispuesto a desaparecer de la escena cuando su misión esté cumplida.
Este mismo talante es el adecuado para el discípulo de Jesús. No se trata de hacer prosélitos para "nuestro" club, sino actuar de forma que facilitemos a los hermanos el encuentro con el Maestro.
La Iglesia no es para sí misma. Lo importante es que, a través de su predicación, los hombres descubran al verdadero Mesías. Su objetivo, como en el pasaje de la samaritana, es facilitar que las gentes digan: "Ya no creemos por lo que tú nos has dicho, sino por lo que nosotros hemos descubierto". Conseguido esto, ya pueden cortarle la cabeza, si gustan, porque su misión estará cumplida.
Es cierto que muchas veces los que nos llamamos discípulos impedimos a otros su acceso al Maestro. Ni entramos ni dejamos entrar. Deformamos su rostro con abstractas teologías y ocultamos su estilo con un actuar más propio de fanáticos fariseos o de explotadores saduceos que de pueblo convertido. Pero él sigue hablando. ¡Señor, danos la autenticidad y el desprendimiento del Bautista!
Eucaristía 1990, 29



2.- Se llamará Juan. Llamado por gracia, llevará el nombre de la gracia, "para anunciar a su pueblo la salvación". Su nombre no significará un linaje, sino un futuro inesperado. ¡Dios viene! ¡Dios se compadece! "¡Sol naciente que viene a visitarnos!". Dios no está en el pasado, sino que abre el futuro. El nacimiento no es una perpetuación de lo que era, sino la audacia de la fe en el porvenir. La gracia de Dios se renueva sin cesar. Juan será el precursor de la gracia, llamando a los hombres a superarse para ir al encuentro de la aventura. Viene nuestro Dios... Para acudir a su cita es preciso ir más lejos.
Dios cada día, Siguiendo El Leccionario Ferial, Adviento-Navidad Y Santoral, Sal Terrae/Santander 1989.Pág. 69

3.- A Isabel se le cumplió el tiempo y dio a luz un hijo. El alumbramiento de una mujer constituye un hecho absolutamente normal, aunque resulta gozoso para la familia. Pero este caso presenta un aspecto diferente. Los padres eran ancianos: la mujer, estéril; por eso, dentro de los límites humanos, era imposible una concepción y un nacimiento. Pero ante Dios no existen imposibles y por eso los ancianos han podido recibir el don de un niño.
En el nacimiento de Juan han intervenido dos factores: por un lado, la realidad biológica de los padres que se aman. Y al mismo tiempo, influye de una manera decisiva el poder de Dios que guía la historia de los hombres.
Sobre este fondo se entiende perfectamente la historia del nombre. Siguiendo la tradición de la familia y suponiendo que el niño les pertenece, los parientes quieren llamarle Zacarías. Los padres, sin embargo, saben que -aun siendo de ellos- el niño es en el fondo un regalo de Dios y Dios le ha destinado a realizar su obra.
"Entonces preguntaba por señas... extrañados". ¿Qué quiere decir este acontecimiento de un nombre extraño que contradice toda la tradición familiar: que cuando Dios coloca a un testigo, a un hombre ante el Mesías, como mensajero suyo, cuando Dios coloca a un hombre o a una mujer ante Jesús, el Salvador, para que se entrega a El, y lo acepte como Señor y se disponga a seguirle como discípulo, eso no es un acontecimiento más entre tantos otros; lo que suscite ese hombre, lo que le convierte en un testigo, en un discípulo, en un sacerdote, en una religiosa, en un cristiano, esto es algo que no tiene nada que ver con la familia, la tradición, el pueblo, la educación recibida.
Si este niño tiene una vocación, no es porque sea hijo de sus padres. Si ese niño es testigo, no es porque su padre o su madre hayan hecho algo especial por él. Si vosotros tenéis el deseo de ser cristianos no es porque vuestros padres os hayan educado para esto. En vuestro mismo nacimiento ha intervenido un nacimiento nuevo.
El nombre tradicional ya no vale. Tenemos un nombre nuevo. No sabemos cuál es, ya lo conoceremos cuando llegue la plena revelación de nuestro ser, de nuestra auténtica personalidad, cuando llegue la plena manifestación de nuestra condición de hijos de Dios. "Ahora somos hijos de Dios y aún no se ha manifestado lo que seremos. Sabemos que, cuando se manifieste seremos semejantes a El". (1 Jn 3,2).
/Ap/02/17: Al vencedor le daré una piedrecita blanca, y grabado en la piedrecita un nombre nuevo, que nadie conoce, sino el que lo recibe".
Ef 1, 1-10. Himno de gratitud de Pablo, precisamente desde la cárcel.


viernes, 15 de junio de 2018

LECTURAS Y COMENTARIO DOMINGO XI T.O. CICLO B - 17 JUNIO 2018

PARÁBOLAS SOBRE EL REINO


ORACION COLECTA

Oh Dios, fuerza de los que en ti esperan, escucha con bondad nuestras súplicas y pues sin ti nada puede la fragilidad de nuestra naturaleza, concédenos siempre la ayuda de tu gracia, para que, al poner en practica tus mandamientos, te agrademos con nuestros deseos y acciones. Por Nuestro Señor Jesucristo.

PRIMERA LECTURA

Lectura de la profecía de Ezequiel 17, 22-24

Así dice el Señor Dios: «Arrancaré una rama del alto cedro y la plantaré.
De sus ramas más altas arrancaré una tierna y la plantaré en la cima de un monte elevado; la plantaré en la montaña más alta de Israel, para que eche brotes y dé fruto y se haga un cedro noble.
Anidarán en él aves de toda pluma, anidarán al abrigo de sus ramas.
Y todos los arboles silvestres sabrán que yo soy el Señor, que humilla los árboles altos y ensalza los arboles humildes, que seca los árboles lozanos y hace florecer los árboles secos. Yo, el Señor, lo he dicho y lo haré.».

SALMO RESPONSORIAL (91)

Es bueno darte gracias, Señor.

Es bueno dar gracias al Señor y tocar para tu nombre, oh Altísimo, proclamar por la mañana tu misericordia y de noche tu fidelidad R.

El justo crecerá como una palmera, se alzará como un cedro del Líbano; plantado en la casa del Señor, crecerá en los atrios de nuestro Dios. R.

En la vejez seguirá dando fruto y estará lozano y frondoso, para proclamar que el Señor es justo, que en mi Roca no existe la maldad. R.

SEGUNDA LECTURA

Lectura de la segunda carta del apóstol san Pablo a los Corintios 5, 6-10

Hermanos: Siempre tenemos confianza, aunque sabemos que, mientras sea el cuerpo nuestro domicilio, estamos desterrados lejos del Señor. Caminamos sin verlo, guiados por la fe.
Y es tal nuestra confianza, que preferimos desterrarnos del cuerpo y vivir junto al Señor. Por lo cual, en destierro o en patria, nos esforzamos en agradarle.
Porque todos tendremos que comparecer ante el tribunal de Cristo para recibir premio o castigo por lo que hayamos hecho mientras teníamos este cuerpo.

EVANGELIO

Lectura del santo evangelio según san Marcos 4, 26-34

En aquel tiempo, dijo Jesús a la gente: «El reino de Dios se parece a un hombre que echa simiente en la tierra.
Él duerme de noche y se levanta de mañana; la semilla germina y va creciendo, sin que él sepa cómo. La tierra va produciendo la cosecha ella sola: primero los tallos, luego la espiga, después el grano. Cuando el grano está a punto, se mete la hoz, porque ha llegado la siega.»
Dijo también: « ¿Con qué podemos comparar el reino de Dios?, ¿Qué parábola usaremos? Con un grano de mostaza: al sembrarlo en la tierra es la semilla más pequeña, pero después brota, se hace más alta que las demás hortalizas y echa ramas tan grandes que los pájaros pueden cobijarse y anidar en ellas.».
Con muchas parábolas parecidas les exponía la palabra, acomodándose a su entender. Todo se lo exponía con parábolas, pero a sus discípulos se lo explicaba todo en privado.

COMENTARIO

"El reino de Dios se parece a un hombre que echa simiente en la tierra": La lectura evangélica de este domingo está formada por dos parábolas sobre el Reino. En la primera se compara el Reino con lo que sucede en un proceso de siembra. Se subraya la pasividad del hombre ("la semilla germina y va creciendo, sin que él sepa cómo") y la productividad de la tierra ("la tierra va produciendo la cosecha ella sola"). Del mismo modo el Reino irrumpe en el mundo de una forma inapelable, como de una semilla nacerán las espigas, y sin que los hombres puedan hacer nada. Ni a favor ni en contra. El Reino crece a pesar del celo, la pereza o la incredulidad de los hombres. Dios es quien tiene en sus manos el futuro del Reino, pero este futuro será en bien del hombre, es él quien recogerá los frutos salvíficos: "Cuando el grano está a punto, se mete la hoz, porque ha llegado la siega". -"Con un grano de mostaza": El grano de mostaza, imagen de lo que es insignificante, pero que después se hace muy grande. Lo importante en esta segunda parábola es la desproporción entre la pequeñez del principio (grano de mostaza) y la magnitud del final (el árbol). Así ocurre con el reino de Dios: escondido ahora e insignificante, ha de llegar un día, cuando vuelva con "poder y majestad", en que se manifieste según toda su dimensión. En realidad, en lo minúsculo actúa ya lo grandioso: incluso en el mundo que no conoce el reino, este está ya actuando; incluso en el corazón del pecador más endurecido puede brillar aún una lucecita y convertirse en gloria y fuego devorador. Se trata de tomar a Dios en serio a pesar de todas sus apariencias. En Jesús y gracias a Jesús el Reino de Dios está abierto a todos, es un espacio donde todos podemos volar y anidar. Dos conclusiones.
Como el Reino está aquí, en medio de las oposiciones y de los fracasos, entonces no tenemos que huir de la historia. El discípulo sabe ver en todo esto la presencia de Dios. En cierto sentido -y ésta es la segunda conclusión- en el Reino de Dios se desperdician muchas cosas (intentos repetidos, obstinados, como el gesto del sembrador); no se puede ahorrar. Pero se trata sólo de un despilfarro para los que razonan según los cálculos mezquinos de los hombres.

PLEGARIA UNIVERSAL

Oremos hermanos, a Dios nuestro Padre, a fin de que todos los nombres experimenten su bondad y misericordia:

1.- Por la Iglesia: para que sea signo de paz y de reconciliación entre los hombres. Roguemos al Señor.

2.- Por los pueblos de la tierra; para que superen todo lo que les disgrega y promuevan todo cuanto les acerca. Roguemos al Señor.

3.- Por los que odian, por los resentidos y amargados, para que descubran que la felicidad se encuentra en el perdón.  Roguemos al Señor.

4.- Por todos nosotros para que sepamos perdonar como Dios mismos nos perdona. Roguemos al Señor.

ORACION SOBRE LAS OFRENDAS

Oh Dios, que según la doble condijo de los dones que presentemos, alimentas a los hombres y los renuevas sacramentalmente, concédenos, por tu bondad que nos falte su ayuda para el cuerpo y el espíritu. Por Jesucristo nuestro Señor.

ORACION DESPUES DE LA COMUNION

Señor, está sana comunión contigo que hemos recibido, anticipo de la unión de los fieles en ti, realice también la unidad en tu Iglesia. Pr Jesucristo nuestro Señor.

PALABRA DE DIOS Y SANTORAL DE CADA DÍA

Lunes 18: 1R 21, 1-16; Sal 5; Mt 5, 38-42.
Martes 19:   1R 21, 17-29; Sal 50; Mt 5, 43-48.
Miércoles 20: 2R 2, 1.6-14; Sal 30; Mt 1, 6.16-18.
Jueves 21: Eclo 48, 1-15; Sal 96; Mt 6, 7-15
Viernes 22: 2R 11, 1-4.9-18.20; Sal 131; Mt 6, 19-23
Sábado 23: 1Cro 24, 17-25; Sal 88; Mt 6, 24-34.
Domingo 24: Is 49, 1-6; Sal 138; Hch 13, 22-26; Lc 1, 57-66.80

COMENTARIOS AL EVANGELIO
Mc/04/26-34
Las dos parábolas del campesino perseverante y del grano de mostaza, recogidas en este pasaje, constituyen, junto con la del sembrador (Mc 4, 3-8) y la de la levadura (Mt 13, 33), un grupo de relatos orientados hacia la misma conclusión: la justificación de la actitud del Mesías frente a los fracasos de su predicación.
No es imposible que estas parábolas hayan sido compuestas pensando de manera especial en Simón Zelotes y en Judas Iscariote (o el Sicario), discípulos de una secta particularmente extremista que quería provocar la guerra santa contra Roma con vistas a establecer el reino mesiánico.
a) En la parábola del campesino perseverante (vv. 26-29), el reino de Dios es comparado al lento crecimiento de la semilla hasta su cosecha, y, simultáneamente, con la larga inactividad del campesino antes de su febril actividad de la recolección (que es descrita, por lo demás, partiendo de Jl 4, 13; cf. también Ap 14, 14-16). Esa recolección, de conformidad con toda la Biblia y con la referencia a Joel, es, sin duda alguna, el juicio de Dios que inaugura su reino efectivo. Esto equivale a decir que es Dios el agricultor: es indudable que no va a tardar en intervenir y de forma tan espectacular como un segador en la recolección.
Es verdad que ahora, y de manera especial a lo largo del ministerio de Jesús, Dios parece no intervenir: deja a Cristo aislado, sin éxito, cada vez más rechazado por los suyos. Pero este silencio de Dios no deja por eso de estar vinculado al juicio venidero, lo mismo que la inactividad del agricultor mientras brota la semilla no deja de estar vinculada a su actividad de segador.
Jesús es atacado por los judíos: ¡si se presenta como Mesías que presente los signos precursores del reino! Jesús le responde que no hay signos extraordinarios: Dios deja crecer la semilla lentamente, pero no se pierde nada con esperar: no hay continuidad absoluta entre ese laborioso parto del reino de Dios y su manifestación en plenitud. Que quienes hayan de colaborar en la instauración del reino no pierdan su confianza en Dios: El ha comenzado y no puede haber duda de que, tras el silencio, dé cumplimiento a su obra. Que se le espere con paciencia, sin querer adelantarse a Él. Y que quienes no quieran creer en el reino sino en el momento de su manifestación, estén muy atentos: ese reino está ya cerca de ellos en Jesús y hay que saber reconocerlo actuando ya en la pobreza de los medios y la lentitud del crecimiento.
b) La parábola del grano de mostaza alimenta la confianza en Dios al subrayar el contraste entre los humildes comienzos del reino (v. 31) y la magnitud de la tarea escatológica (v. 32, en donde el tema del nido está tomado de las escatologías judías consagradas a la incorporación de los paganos en el pueblo de Dios; cf. Ez 17, 22-24). Con esta parábola Jesús ha querido, seguramente, responder a la objeción de quienes se oponían a la pequeñez de los medios utilizados por Jesús para la gloria del Reino esperado, y que ridiculizaban la pobreza y la ignorancia de los discípulos de Jesús frente al cortejo triunfal que habría de inaugurar los últimos tiempos.
En realidad, en lo minúsculo actúa ya lo grandioso: incluso en el mundo que no conoce el reino, este está ya actuando; incluso en el corazón del pecador más endurecido puede brillar aún una lucecita y convertirse en gloria y fuego devorador. Se trata de tomar a Dios en serio a pesar de todas sus apariencias.
Maertens-Frisque 5.Pág. 67



2.- Texto. En un contexto de incomprensión Marcos introducía el domingo pasado el tema de la nueva familia de Jesús (Mc. 3. 20-35). Sigue a continuación el capítulo 4, del que está tomado el texto de hoy. Hasta ese capítulo el contenido de la enseñanza de Jesús ha sido el formulado en Mc. 1, 15: Se ha cumplido el plazo: el Reino de Dios ha llegado. En el capítulo 4 este contenido es formulado y ampliado por medio de parábolas. Marcos nos ofrece unas cuantas, una selección, y además nos informa de que el sentido de estas parábolas no es obvio ni inmediato.
La primera parábola habla de la semilla de cereal desde su siembra hasta la siega, pasando por las etapas intermedias. La segunda habla de la semilla de mostaza desde su pequeñez como semilla hasta su magnitud como hortaliza, capaz de dar cobijo a los pájaros. Ambas parábolas presentan ciclos completos, totalidades. El Reino de Dios es comparado con una totalidad, simplemente constatada en la primera parábola; exuberante y rica en la segunda.
Comentario. Si en vez del abstracto "totalidad" empleamos el concreto "todos", probablemente habremos dado un paso importante para la comprensión que Marcos tiene de la enseñanza de Jesús en parábola. El texto del domingo pasado marca el final de una concepción del Reino de Dios restringida a unos pocos; las parábolas de hoy señalan el comienzo de un Reino de Dios universal, abierto a todos. De la familia según la carne a la familia según el espíritu: de la semilla a la siega; de lo pequeño a lo grande; de lo limitado a lo espacioso. Donde hay totalidad no hay restricción y donde hay pájaros hay libertad de movimientos. Con el lenguaje de las imágenes Jesús habla de un espacio donde todos podemos volar. ¡Y Jesús sabía mucho de esto: pasó mucho tiempo al aire libre! La literatura judía contemporánea de Jesús era más bien reacia a dar cabida a los no judíos en el Reino de Dios. Incluso un escrito, el cuarto libro de Esdras, obra de talante pesimista, consideraba difícil la salvación de los propios israelitas.
A las parábolas de hoy se las suele denominar parábolas del crecimiento progresivo. Queda por ver si la elección de este título es atinada o no, se pregunta un comentarista actual de Marcos.
No es ciertamente atinada la elección si por crecimiento entendemos algo que nosotros podemos forjar con nuestras buenas obras. Si fuese éste el punto de vista de las parábolas, ciertamente no constituiría una novedad reseñable dentro del judaísmo. Es preciso, pues, superar una interpretación de corte moral que relaciona el proceso del Reino de Dios con el progreso del cristiano en el bien. En realidad, las dos parábolas de hoy se sitúan en una óptica distinta y radical: ¿Es o no el Reino de Dios una realidad abierta a todos? Sirviéndose del lenguaje de las imágenes, Jesús abre el Reino de Dios a todos de una vez por todas. El centro de atención de las imágenes es la totalidad de los ciclos, su compleción, no el crecimiento. Desde una óptica así carece de sentido hablar de crecimiento progresivo. En Jesús y gracias a Jesús el Reino de Dios está abierto a todos, es un espacio donde todos podemos volar y anidar. No es, pues, de extrañar que las concepciones religiosas de corte exclusivistas sientan que sus fundamentos se resienten con estas dos parábolas.
Alberto Benito, Dabar 1988/34




3. Mc/04/26-29.
La parábola de la semilla que crece por sí misma (4, 26-29) es propia de Marcos. Mateo y Lucas prescinden de ella, a pesar de que conocen el discurso.
Jesús habla de la siembra y luego se olvida, voluntariamente, de todo el trabajo que viene después: la poda, la lucha contra la sequía, la preocupación por el mal tiempo... Prescinde de todo esto porque tiene una lección concreta que ofrecernos: el Reino crece de todos modos, "lo mismo que la luz brilla sin que nosotros podamos hacer nada, lo mismo que nada puede ocultarse cuando Dios abre el camino". No son los hombres los que le dan fuerza a la palabra ni son sus resistencias las que pueden detenerla. Por eso el discípulo hará bien en despojarse de toda forma de inútil ansiedad.
Maggioni-B.Pág. 74s



4. Mc/04/30-32.
La breve parábola del grano de mostaza (4, 30-32) encuentra su sentido en el contraste y en la continuidad entre la humildad del punto de partida (un pequeño grano) y la magnitud del punto de llegada (el árbol). El Reino, el Reino grandioso, está ya presente en esta pequeña semilla, o sea, en la vida y en la predicación de Jesús y más tarde en la vida y en la predicación de la comunidad cristiana. Pensamos en la actuación de Jesús: una misión que camina poco a poco hacia el fracaso y un rebaño que se va encogiendo; pueden surgir las dudas y las crisis: ¿cómo compaginar esta situación con la pretensión de universalidad que proclama el Reino? Esta semilla -afirma Jesús- encierra dentro de sí una enorme potencialidad.
Se trata, por tanto, de una lección de confianza válida para entonces y válida, quizás más todavía, para la experiencia de minoría y de diáspora que vive la Iglesia en el seno de la humanidad. Pero no se trata solamente de confianza. Jesús quiere recordar el compromiso que exigen la importancia y el significado de la situación presente: es importante esta ocasión, este encuentro con Cristo; el Reino de Dios está en esta semilla. La humildad de la situación no debe convertirse en motivo de dejadez y de abandono. No se trata de rechazar una cosa sin importancia (como podría sugerir quizás la pequeñez exterior), sino de rechazar ocasiones de consecuencias incalculables. "La enseñanza de esta parábola no concierne propiamente al futuro. No pretende enseñarnos que el Reino de Dios habrá de venir con toda seguridad, o que vendrá pronto, o que el misterio de Jesús dará ciertamente frutos maravillosos. Se trata de hacernos comprender el significado decisivo del tiempo presente". Así pues, la parábola nos enseña a tomar en serio "nuestras" ocasiones, las ocasiones que se ofrecen aquí y ahora, por muy humildes y terrenas que parezcan. Son, en el fondo, ellas las que esconden la presencia del Reino.
Dos conclusiones. Como el Reino está aquí, en medio de las oposiciones y de los fracasos, entonces no tenemos que huir de la historia (aunque ésta sea fragmentaria, equívoca y mezquina). El discípulo sabe ver en todo esto la presencia de Dios. En cierto sentido -y ésta es la segunda conclusión- en el Reino de Dios se desperdician muchas cosas (intentos repetidos, obstinados, como el gesto del sembrador); no se puede ahorrar. Pero se trata sólo de un despilfarro para los que razonan según los cálculos mezquinos de los hombres.
Realmente en el amor no se desperdicia nada, ni tampoco en la actividad de Dios: sólo hay riqueza de obstinación y de fantasía. Dios (y el amor que se le parece) no pretende que cada gesto tenga un fruto, que cada esfuerzo obtenga su recompensa. El amor vale por sí mismo, lo mismo que la atención a los hombres, la obstinación en la solidaridad, la esperanza. Dios se da sin reservas.
Maggioni-B.Pág. 75



5.- La semilla tiene una fuerza que no depende del sembrador. Una vez sembrada, crece misteriosamente hasta dar fruto, sin que el sembrador intervenga. Este ni siquiera sabe cómo acontece todo el proceso de crecimiento de la semilla. Lo mismo ocurre con el reino de Dios, que nadie puede detener y ha de llegar a su plenitud cuando sea la hora. El crecimiento del reino de Dios es un misterio que sólo Dios conoce, él es el que le da el incremento. No debe confundirse a la Iglesia con el reino de Dios y atribuirle una evolución orgánica siempre ascendente en el mundo: la parábola no dice nada de esto. La Iglesia es solamente el "sacramento del reino", es decir, un signo exterior en el que se esconde y anuncia la realidad de la victoria de Dios y la obediencia de los hombres a Dios, en lo que consiste nuestra salvación y el verdadero reino de Dios. Pero la Iglesia está todavía en camino hacia la plena manifestación y el establecimiento definitivo del reino.
Lo importante en esta segunda parábola es la desproporción entre la pequeñez del principio (grano de mostaza) y la magnitud del final (el arbusto). Así ocurre con el reino de Dios: escondido ahora e insignificante, ha de llegar un día (el "día del Señor"), cuando vuelva con "poder y majestad", en que se manifieste según toda su dimensión.
Eucaristía 1988/29



6.- -"El reino de Dios se parece a un hombre que echa simiente en la tierra": Esta lectura evangélica está formada por dos parábolas sobre el Reino. En la primera se compara el Reino con lo que sucede en un proceso de siembra. En este proceso se subraya la pasividad del hombre ("la semilla germina y va creciendo, sin que él sepa cómo") y la productividad de la tierra ("la tierra va produciendo la cosecha ella sola"). Del mismo modo el Reino irrumpe en el mundo de una forma inexorable, como de una semilla nacerán las espigas, y sin que los hombres puedan hacer nada. Ni a favor ni en contra. El Reino crece a pesar del celo, la pereza o la incredulidad de los hombres. Dios es quien tiene en sus manos el futuro del Reino, pero este futuro será en bien del hombre, es él quien recogerá los frutos salvíficos: "Cuando el grano está a punto, se mete la hoz, porque ha llegado la siega".
-"Con un grano de mostaza": La segunda parábola tiene el cuño del estilo narrativo rabínico. El grano de mostaza, imagen de lo que es insignificante, pero que después se hace muy grande. Nos indica el mismo movimiento de crecimiento que la parábola anterior: el Reino está ya presente y va creciendo por sí mismo.
Joan Naspleda, Misa Dominical 1988/13



7.- Texto. Está compuesto de dos parábolas sobre el Reino de Dios y de una nota informativa del autor sobre el hecho general de la enseñanza en parábolas y el de la explicación de las mismas a los discípulos.
La fórmula introductoria "el Reino de Dios se parece a" puede dar pie a malentendidos. El parecido no es con el hombre que siembra o con el grano de mostaza sembrado; sino con la totalidad del proceso reseñado. Ambas parábolas, en efecto, reflejan procesos completos: la siembra termina en siega; el grano de mostaza, en planta frondosa. Con el Reino de Dios sucede lo mismo que con la semilla o con el grano de mostaza: tiene una culminación intrínseca. No habría que hablar de parábolas de crecimiento, sino de parábolas de culminación.
En el contexto de Marcos las parábolas no vienen a dar respuesta a dificultades o fracasos en el trabajo de consolidación del Reino de Dios. Las parábolas están al servicio del "misterio del Reino de Dios" (Mc. 4, 11). Este misterio o secreto escondido es el mismo que existe en la semilla o en el grano de mostaza: parece imposible que de ellos pueda surgir una cosecha, una frondosidad. ¡Y sin embargo surge! Lo mismo sucede con el Reino de Dios: desemboca en cosecha y frondosidad. Todos están llamamos a él. Ya no hay judío y no judío, esclavo y libre, hombre y mujer, rico y pobre. Existen incluso testimonios antiguos que ven en los pájaros un símbolo de los paganos.
Comentario. El particularismo o exclusivismo adopta hoy, indudablemente, formas distintas a las reflejadas en la polémica judío-pagana de tiempos de Jesús. Pero detrás de formas distintas se esconden siempre unos mismos fondos: afán acaparador, espíritu cerrado, orgullo, pobreza de espíritu, corporativismo. Son increíbles, al respecto, la mezquindad y el miedo a desmerecer.
No obstante nuestras proclamas universalistas, no estamos dispuestos a diluirnos unos en otros, a mezclarnos. ¡Nos ha costado tanto trabajo ser lo que somos y conseguir lo que tenemos! La valía es desgraciadamente egoísta y miope.
El universalismo real empieza por los más próximos. Solemos ser muy universalistas con los que están lejos; cuanto más lejos, más universa- listas. El universalismo suele empezar a quebrar con el acortamiento de las distancias.
A.- Benito, Dabar 1991/32

miércoles, 6 de junio de 2018

LECTURAS Y COMENTARIO DOMINGO X TO. CICLO B -. 1O JUNIO 2018

EL PECADO CONTRA EL ESPIRITU


ORACION COLECTA

Oh Dios fuente de todo bien, escucha a los que te invocamos, para que inspirados por ti, consideremos lo que es justo y lo cumplamos según tu voluntad. Por nuestro Señor Jesucristo.

PRIMERA LECTURA

Lectura del libro del Génesis 3, 9-15

Después que Adán comió del árbol, el Señor llamó al hombre: —« ¿Dónde estás?».
Él contestó: -«Oí tu ruido en el jardín, me dio miedo, porque estaba desnudo, y me escondí.». El Señor le replicó: « ¿Quién te informó de que estabas desnudo? ¿Es que has comido del árbol del que te prohibí comer?». Adán respondió: «La mujer que me diste como compañera me ofreció del fruto, y comí.». El Señor dijo a la mujer: « ¿Qué es lo que has hecho?».
Ella respondió: «La serpiente me engañó, y comí.». El Señor Dios dijo a la serpiente: «Por haber hecho eso, serás maldita entre todo el ganado y todas las fieras del campo; te arrastrarás sobre el vientre y comerás polvo toda tu vida; establezco hostilidades entre ti y la mujer, entre tu estirpe y la suya; ella te herirá en la cabeza cuando tú la hieras en el talón.».

SALMO RESPONSORIAL (129)

Del Señor viene la misericordia, la redención copiosa.

Desde lo hondo a ti grito, Señor; Señor, escucha mi voz; estén tus oídos atentos a la voz de mi súplica. R.

Si llevas cuenta de los delitos, Señor, ¿quién podrá resistir? Pero de ti procede el perdón, y así infundes respeto. R.

Mi alma espera en el Señor, espera en su palabra; mi alma aguarda al Señor, más que el centinela la aurora. R.

Aguarde Israel al Señor, como el centinela la aurora; porque del Señor viene la misericordia, la redención copiosa; y él redimirá a Israel de todos sus delitos. R.

SEGUNDA LECTURA

Lectura de la segunda carta del apóstol san Pablo a los Corintios 4, 13-5, 1

Hermanos: Teniendo el mismo espíritu de fe, según lo que está escrito: Creí, por eso hablé», también nosotros creemos y por eso hablamos; sabiendo que quien resucitó al Señor Jesús también con Jesús nos resucitará y nos hará estar con ustedes.
Todo es para su bien. Cuantos más reciban la gracia, mayor será el agradecimiento, para gloria de Dios.
Por eso, no nos desanimamos. Aunque nuestro hombre exterior se vaya deshaciendo, nuestro interior se renueva día a día. Y una tribulación pasajera y liviana produce un inmenso e incalculable tesoro de gloria.
No nos fijamos en lo que se ve, sino en lo que no se ve. Lo que se ve es transitorio; lo que no se ve es eterno.
Es cosa que ya sabemos: Si se destruye este nuestro tabernáculo terreno, tenemos un sólido edificio construido por Dios, una casa que no ha sido levantada por mano de hombre y que tiene una duración eterna en los cielos.

EVANGELIO

Lectura del santo evangelio según san Marcos 3, 20-35

En aquel tiempo, Jesús fue a casa con sus discípulos y se juntó de nuevo tanta gente que no los dejaban ni comer.
Al enterarse su familia, vinieron a llevárselo, porque decían que no estaba en sus cabales.
También los escribas que habían bajado de Jerusalén decían: «Tiene dentro a Belzebú y expulsa a los demonios con el poder del jefe de los demonios.».
Él los invitó a acercarse y les puso estas parábolas: «¿Cómo va a echar Satanás a Satanás?. Un reino en guerra civil no puede subsistir; una familia dividida no puede subsistir. Si Satanás se rebela contra sí mismo, para hacerse la guerra, no puede subsistir, está perdido. Nadie puede meterse en casa de un hombre forzudo para arramblar con su ajuar, si primero no lo ata; entonces podrá arramblar con la casa.
Creedme, todo se les podrá perdonar a los hombres: los pecados y cualquier blasfemia que digan; pero el que blasfeme contra el Espíritu Santo no tendrá perdón jamás, cargará con su pecado para siempre.».
Se refería a los que decían que tenía dentro un espíritu inmundo.
Llegaron su madre y sus hermanos y desde fuera lo mandaron llamar. La gente que tenía sentada alrededor le dijo: «Mira, tu madre y tus hermanos están fuera y te buscan.».
Les contestó: « ¿Quiénes son mi madre y mis hermanos? ». Y, paseando la mirada por el corro, dijo: «Éstos son mi madre y mis hermanos. El que cumple la voluntad de Dios, ése es mi hermano y mi hermana y mi madre.».

COMENTARIO

Es difícil leer este evangelio sin chocar con una frase extraña: “Todo se les podrá perdonar a los hombres, pero el que blasfeme contra el Espíritu Santo no tendrá perdón jamás”. Observemos en primer lugar que se suele insistir en la segunda parte de este texto, la preocupante, pero olvidándose de la primera, que es realmente la luminosa: “Todo se podrá perdonar”. Es la palabra por la que vino Jesús, palabra del amor que sonríe cariñosamente a nuestra debilidad, la palabra que cambia nuestro desaliento en un esfuerzo optimista: “Señor, sé que lo perdonas todo; quiero amarte mucho más”.
Dicho esto, es verdad que el texto nos atrae como un imán hacia ese “pero”; se perdonara todo, pero… No nos encontramos en una predicación tranquila, sino en medio del clima más negro de incomprensión.
Los parientes de Jesús han venido a sacarle de lo que creen que es una locura: “Han perdido la cabeza”. Los inquisidores de Jerusalén se atreven a insinuar algo tan terrible que Jesús, profundamente afectado, no puede menos de decir: “¡Cualquier cosa, menos eso!”. Acaban de matar el perdón envenenando la fuente del perdón. Marcos, literalmente descompuesto, no explica por qué es eterna su culpa: “Es que decían que tenía un espíritu inmundo”. Habiendo venido a revelar hasta qué punto Dios es perdón, siendo el mismo el rostro más limpio de sea perdón total. Jesús se ve acusado de ser tan solo un mago y un endemoniado, manipulado por un espíritu de mentira, de odio y de impureza. Acaban de caer en ese abismo en el que Dios no puede  ya  ser Dios para los hombres que están allí.
Todo es perdonable, menos esa blasfemia que se sitúa a si misma más allá de lo perdonable. Blasfemia contra el Espíritu porque en Jesús, en donde mora y al que mueve, el Espíritu es visto como un espíritu impuro. Entran ganas de decir que eso está muy lejos de nosotros, que ese texto no es más que una curiosidad. Pero la lección sigue siendo muy sabrosa.
Desconcertados ante Jesús, los escribas entran en una incomprensión voluntaria, obstinada. Se van a hacer incapaces de recibir otras ideas que puedan corregir las que tenía: en Jesús, el Espíritu quiere enseñarles y ellos insultan al Espíritu. Sin embargo, lo más grave no es el insulto, sino el estado en que se instalan: seguirán imaginándose a Dios a su modo rechazando lo que el Espíritu les quería decir. Entre el Espíritu y ellos levantan un muro; no puede alcanzarles ningún perdón; no sabrán nunca quien es Dios y cuál es su perdón.
Tengo el sentimiento de este rechazo del Espíritu cuando oigo juzgar a Dios ante un torturado, ante un niño muerto, ante imágenes de nuestro mundo de sufrimiento y de odio: “¿Cómo comprender a Dios?”. Es posible decir eso; a veces incluso es imposible apagar este grito, pero hay que decírselo a él, suplicándole que ponga su luz incluso en medio de nuestras preguntas, de nuestra desesperación. No acusarle a sus espaldas: “¿Qué es lo que hace Dios? ¿Cuál es ese Dios que permite esos horrores? Llegamos a sospechar de las intenciones y del corazón de Dios, pero su corazón es el Espíritu. El que duda del corazón de Dios está dejándose llevar lejos del Espíritu.

PLEGARIA UNIVERSAL

Reunidos hermanos, para recordar los beneficios de nuestro Dios, pidámosle que inspire nuestras plegarias para que merezcan ser atendidas:

1.- Por el Papa Francisco, y los pastores de la Iglesia para que guiados por el Espíritu Santo puedan reaccionar con la sabiduría y bondad de Jesús en las dificultades de su ministerio. Roguemos al Señor.

2.- Por los educadores y padres de familia para que en su difícil tarea educativa y formativa miren a Jesús y cuenten con él. Roguemos al Señor.

3.- Por los enfermos y quienes se sienten abandonados y desesperados encuentren quien les consuele y fortifique que su fe. Roguemos al Señor.

4.- Por todos nosotros para que nuestra vida cotidiana no olvidemos que los sufrimientos son pasajeros y si los vivimos unidos a Jesús. Nos ayuden a madurar en esta vida y nos darán más gloria en el cielo. Roguemos al Señor.

ORACION SOBRE LAS OFRENDAS
Mira complacido, Señor nuestro humilde servicio, para que esta ofrenda sea grata a tus ojos y nos haga crecer en el amor. Por Jesucristo nuestro Señor.

ORACION DESPUES DE LA COMUNION
Que tu acción medicinal, Señor nos libere, misericordiosamente, de nuestra maldad y nos conduzca hacia lo que es justo.

PALABRA DE DIOS Y SANTORAL DE CADA DÍA

Lunes 11: Hch 11, 21b-26; 13, 1-3; Sal 97; Mt 10, 7-13
Martes 12: 1R 17, 7-16; Sal 4; Mt 5, 13-16.
Miércoles 13: 1R 18, 20-39; Sal 15; Mt 5, 17-19.
Jueves 14: 1R 18, 41-46; Sal 64; Mt 5, 20-26.
Viernes 15: 1R 19, 9ª.11-16; Mt 5, 27-32
Sábado 16: 1R 19, 19-21; Sal 15; Mt 5, 33-37.
Domingo 17: Ez 17, 22-24; Sal 91; 1Co 5, 6-10; Mc 4, 26-34.

COMENTARIOS AL EVANGELIOMc/03/20-35

1.- a) El tema esencial de este Evangelio es el combate entre los dos espíritus. Para la tradición judía, explotada ya en la doctrina de Qumrán, el mundo está entregado a merced del espíritu del mal por voluntad de los hombres que le siguen. Pero los últimos tiempos verán la aparición del Espíritu de bondad, que orienta al hombre hacia el bien y le abre el camino hacia el reino. El hecho de que Cristo arroje a los demonios es señal de que ese Espíritu de bondad está ya actuando en el mundo (Mt 12, 28).
Los escribas no niegan que Jesús arroje a los espíritus malos, sino que, en lugar de ver en ello la presencia del Espíritu bueno, se inventan una explicación de lo más peregrina: que seguramente es en nombre del jefe de los demonios como Jesús expulsa a los demonios subalternos (v. 22). Para Jesús, esta interpretación equivale a blasfemar contra el Espíritu Santo, negando su presencia en el mundo y negándole la capacidad de reconstruir un mundo nuevo. Este pecado no tiene perdón, porque quien comparte una afirmación así no puede formar parte del Reino, puesto que niega precisamente la misión del Espíritu, que es el único que puede instaurar el Reino (vv. 28-30).
El caso es que existen los dos espíritus y el combate que libra Cristo es justamente el del "más fuerte" contra el "fuerte" (versículo 27). Los fieles toman parte en ese combate optando por el uno o por el otro: ahora bien, optar por el espíritu de Dios es escuchar su Palabra y ponerla en práctica (vv. 33-35) adquiriendo el compromiso de practicar todas las rupturas necesarias -aun cuando sean familiares- para llevar a feliz término este proyecto.
b) Después de haber instituido a los Doce (Mc 3, 13-20), Cristo encuentra a su familia (Mc 3, 20-21 y 31-35). La oposición entre los apóstoles y la familia de Jesús es frecuente en los Evangelios, eco sin duda de las querellas que separaron a unos de otros sobre la sucesión del Mesías (cf., además, Jn 7, 2-4; Lc 11, 27-28). De hecho, esta oposición entre los "hermanos de Jesús" y sus "apóstoles" ilustra la cuestión de la fe. Los conciudadanos de Cristo, y especialmente su familia, no comprenden su enseñanza (Lc 4, 25). Ni la vista de los milagros, ni las victorias de Jesús sobre Satanás les hacen cambiar de parecer. Cristo no puede desde entonces más que fundar una nueva familia; la pertenencia a esta es cuestión de libertad y no de lazos naturales, de escucha de la Palabra y no de sentimentalismo.
El hombre ha sido creado para responder, mediante la fidelidad, a la iniciativa amorosa de Dios. Y como libre que es puede ser infiel y traicionar su vocación. Eso es el pecado. Pero la experiencia que el hombre saca de ese pecado es la de una especie de solidaridad que es anterior a cada uno de nosotros, una solidaridad que puede abarcar incluso a otras criaturas distintas del hombre: los demonios y la misma Naturaleza. Pecar es introducirse conscientemente en esa solidaridad casi cósmica.
Pero el hombre ha sido creado libre; y no puede, por tanto, ser juguete de otras criaturas, ni siquiera espirituales. Esto es lo que ha venido a revelar Cristo liberándose de la solidaridad cósmica que le rodeaba en cuanto hombre y liberando a sus hermanos de los lazos de los poderes demoníacos. Y no fueron precisamente sus exorcismos los que hicieron efectiva esa liberación, sino, más fundamentalmente, su obediencia victoriosa de la tentación y de la muerte.
Mientras espera la manifestación clara de esta victoria, el cristiano se encuentra entre dos fuerzas contradictorias: o sucumbe al pecado y se hunde en la primera, o escucha la Palabra y la obedece, con lo que elabora la solidaridad del Reino nuevo.
Esta audición de la Palabra toma cuerpo en la liturgia de la Palabra y su realización en la obediencia constituye el contenido del sacrificio espiritual ofrecido en la Eucaristía.
Maertens - Frisque 5. Pág. 43



2.- La frase "la blasfemia contra el Esp. Sto." y el "pecado eterno" (v.29), pone en claro que la vida humana no es un juego de canicas. El hombre es capaz de rebeldías que desencadenan su desdicha.




3. /Mc/03/20-21.
-La incomprensión de los parientes
La manifestación de Jesús deja a la gente asombrada y desconcertada y suscita un grupo de discípulos dispuestos a seguirle. Esta misma manifestación suscita la incomprensión de los parientes y la reacción contraria de los escribas. En un texto anterior (2, 1-3) ya hemos visto la oposición de los fariseos, los practicantes; ahora se trata de los escribas, los teólogos.
Al ver a Jesús asediado por la gente, hasta el punto de que "ni siquiera podía comer", sus parientes creyeron que había perdido su sano juicio, que "se había vuelto loco". Y fueron a buscarlo para llevárselo a casa. Pero ¿por qué sus parientes lo toman por loco? No comprenden su tremenda actividad, su predicación a todos, su disponibilidad incondicionada. Los hombres no acaban de comprender las absolutas exigencias de Dios.
Además la fama que empieza a formarse en torno a él va creando problemas; y esos problemas afectan a toda la familia, empiezan a causarle disgustos. "¡Ha perdido la cabeza! ¡Está fuera de sí!": una forma muy frecuente de desacreditar las manifestaciones de Dios y tomar distancias frente a ellas. Dios debería permanecer encerrado dentro de nuestro concepto de orden y de sentido común, debería ahorrarse energías y efusiones de amor, debería entregarse con un poco más de prudencia. Decimos que carece de sentido todo lo que nos supera, todo lo que nos sorprende y nos desconcierta.
Bruno Maggioni - B. Pág. 60s



4. /Mc/03/22-27. SAS/LUCHA.
-Discusión con los escribas
Los escribas no se limitan a proclamar loco a Jesús. Ellos (¡son teólogos!) hacen una lectura más teológica de su manera de proceder, más reflexiva y consciente; y su repulsa es más radical, más justificada: "echa a los demonios en nombre del príncipe de los demonios".
A pesar de que a Jesús no le gusta meterse en discusiones, aquí se enfrenta con ellos. Está en juego el sentido más profundo de su venida. No puede permitir que los signos de Dios se retuerzan y se utilicen para apartar a la gente de su presencia.
Antes de hacer algunas observaciones más concretas sobre esta discusión será oportuno (no lo hemos hecho todavía) detener nuestra atención sobre el significado general de la lucha contra Satanás, una lucha que aquí precisamente intenta defender Jesús contra la interpretación retorcida de los escribas. Ya desde el principio de su evangelio Marcos subraya que el Hijo de Dios toma parte en esta lucha que agita al mundo.
Mediante los relatos de la liberación de los posesos, el evangelio nos ofrece una visión de la historia, que se desarrolla en profundidad: una lucha entre el bien y el mal, cuyos protagonistas no son las fuerzas de la naturaleza, ni tampoco -simplemente- los seres humanos, sino Dios y el maligno.
Esta oposición entre Dios y su adversario se manifiesta en tres niveles: el contraste entre Jesús y sus opositores, entre Jesús y los endemoniados, entre el Espíritu de Dios y Satanás.
BIEN/MAL. Hemos de decir que Marcos simplifica (quizás voluntariamente) cuando parece eliminar esa ambigüedad que está siempre presente en la historia: el bien y el mal no está aquí o allí, divididos en sectores, sino que luchan en el interior de cada uno de los hombres y de cada institución. El contraste es radical; y este contraste pasa a través de cada cosa.
Localizar el bien y el mal en sectores bien definidos significaría hacer las paces con el mal, señalándolo y combatiéndolo fuera de nosotros, siendo así que está en nuestro mismo interior.
Profundicemos más aún: según Marcos la oposición está no sólo entre Dios y Satanás, sino que en definitiva se trata de una oposición en torno al hombre.
No sólo está en juego la gloria de Dios, sino ante todo el hombre, su consistencia y su libertad. La presencia de Satanás destruye: es el espíritu de confusión, de alienación, de disgregación. La presencia de Cristo es la paz. Se trata entonces de una historia en la que el hombre se debate entre la salvación y la alienación.
Pero este debate no afirma solamente que Jesús está en lucha contra Satanás, que no es ni mucho menos su aliado. En la afirmación de Jesús se encierra una convicción: con su venida la victoria sobre el mal es ya un hecho seguro. Las liberaciones del demonio no son únicamente derrotas parciales del mismo, sino el signo de una derrota total que ya se anticipa. Se trata de una afirmación única, inaudita para los judíos: de declaraciones como éstas no hallamos analogía alguna en el judaísmo contemporáneo; de una victoria sobre Satanás, de una victoria obtenida ya en el presente, no saben nada ni la sinagoga ni Qumrân.
CZ/VICTORIA. Podemos dar un paso más y observar que Jesús vence al maligno con la fuerza de la obediencia y del amor: la fuerza de Dios se hace presente en la disponibilidad de aquel que aceptó en el bautismo ser el Siervo que asume el peso del mal. "Este amor desinteresado de Cristo, dirigido a Dios y a los hombres confiados a él, desenmascara y vence al espíritu de egoísmo y le arranca el mundo del que estaba abusando. Este amor alcanza su plenitud en la cruz. En la cruz, esto es, con la pasión y la muerte, que en el fondo le habían preparado los mismos espíritus del mal, la arbitrariedad de Satanás se hunde ante el amor omnipotente de Dios, amor que soporta incluso la arbitrariedad en sus consecuencias. En la cruz queda derrotado el espíritu de la arbitrariedad. En la cruz de Cristo la fuerza de los espíritus del mal queda rota por la fuerza irrompible del amor que lo toma todo sobre sí" (J. Jeremías, Teología del Nuevo Testamento I, Sígueme, Salamanca 1974, 119).
Bruno Maggioni - B. Pág. 61s



-El pecado imperdonable El pecado de los escribas es imperdonable. Es el pecado de quien rechaza la verdad "con los ojos abiertos". Pero quizás fuera mejor hablar de justicia: el pecado imperdonable es la actitud del que niega y pisotea -a sabiendas- los derechos de los demás. La blasfemia contra el Espíritu Santo es el pecado que tiene lugar no sólo "sabiendo", sino sabiendo y "enmascarando", sabiendo y justificando, incluso distorsionando la misma manifestación de Dios en beneficio propio. Es el pecado cometido con los ojos abiertos y al mismo tiempo justificado, aceptado, racionalizado. Por eso es imperdonable, por estar justificado. ¿No será ése el pecado del mundo que rechaza la verdad y aplasta al hombre, llamando a todo eso "tener mano izquierda", hacer carrera, competir? La frase de Jesús sobre el pecado contra el Espíritu Santo (3, 29) "nos pone en guardia, con profunda seriedad, contra esa extrema y casi inimaginable posibilidad demoníaca del hombre de declarar la guerra a Dios, no en la debilidad y en la duda, sino después de haberse enfrentado a sabiendas contra el Espíritu, plenamente consciente de quién es al que declara la guerra.
Así pues, no es el pecado de los débiles y de los vacilantes, sino el de los hombres duros como el acero que no buscan (ni siquiera a tientas) la gloria de Dios, sino que se ponen a sí mismos en su lugar.
Bruno Maggioni - B. Pág. 53



6. Mc/03/31-35.
-Los verdaderos parientes del Señor
Las palabras de Jesús ("¿quién es mi madre y quiénes son mis hermanos?") pueden parecer duras: en ellas resuena el motivo de la separación de la familia; Jesús ha escogido el Reino y ningún vínculo puede retenerlo. Una antigua colección de frases del Señor (la fuente Q), a la que acudieron Mateo y Lucas, ha conservado una frase de análogo significado: "Si alguno quiere venir a mí, y no deja a un lado a su padre, a su madre, a su mujer, a sus hijos, a sus hermanos, a sus hermanas, o aun a su propia persona, no puede ser mi discípulo" (/Lc/14/26).
En las palabras de Jesús hay algo más: no es el parentesco lo que importa, sino el coraje de la fe. Los discípulos que, con su decisión al seguirle, se separan de la gente y de sus mismos parientes son los que constituyen la verdadera familia de Jesús. Se trata de algo que la comunidad de siempre tiene que tener continuamente ante la vista: la fe y la voluntad de compartir la vida del Maestro es lo que constituye a la verdadera comunidad cristiana; no hay que apelar a más vínculos.
Bruno Maggioni - B. Pág. 64



7. - Posiblemente se trata de la casa de Pedro en Cafarnaúm (cf. 2, 1).
El texto griego habla de "los suyos", una expresión que puede referirse efectivamente a la familia de Jesús, pero también a sus discípulos. No obstante, puesto que los discípulos ya se encuentran con Jesús, parece más probable que éstos que lo buscan ahora sean sus familiares. En este sentido, la escena que relata Marcos, interrumpida por el altercado con los escribas que vienen de Jerusalén, se continúa en los versículos 31-35.
Los familiares están preocupados por la salud de Jesús, bien sea que ellos mismos piensen que está "fuera de sí" o que han oído decir que éste es el rumor de la gente. En cualquier caso, la expresión no indica de suyo una enfermedad psíquica, sino un estado poco normal en sentido amplio (cf. 2, 12; 5; 42; Mt 12, 23). Hay que pensar que "los suyos" miran también por la buena fama de toda la familia. Se trata, pues, de una presión ejercida por los familiares sobre la actividad pública de Jesús y que, a diferencia de lo que ocurre con los fariseos, nace de una buena voluntad. El celo de Jesús por cumplir su misión ni siquiera fue comprendido por los de su casa, sus familiares, que no acababan de superar una mentalidad de pequeños burgueses. Es natural que esto resulte chocante a nuestros oídos; así ocurrió ya desde el principio, como lo atestiguan las numerosas correcciones que ha sufrido este texto y los intentos de algunos comentaristas, incluso actuales, que lo interpretan de otra manera. Es posible que también por este motivo lo silenciaran Mateo y Lucas, pero no hay que olvidar que el mismo Jesús dijo cómo la predicación del evangelio iba a traer consigo conflictos familiares: "Sí, he venido a enfrentar al hombre con su padre, a la hija con su madre, a la nuera con su suegra; y sus propios familiares serán los enemigos de cada cual" (/Mt/10/35/36).
La presión de la familia, nacida ciertamente de la incomprensión, pero no ejercida con mala voluntad, es secundada ahora por la malicia de estos escribas, quizás en misión oficial del sanedrín, que tratan conscientemente de tergiversar la actividad de Jesús, para desprestigiarlo ante el pueblo. El odio entra en acción con todos sus recursos. No pueden negar el poder de Jesús, pero le dan una interpretación malévola: "Jesús es un aliado de Satanás".
Ya los teólogos judíos distinguían entre pecados perdonables y pecados que no son perdonables. Entre estos últimos se contaba el "hablar insolente- mente contra la ley", pues esto es una blasfemia contra el Espíritu que la inspiró. Los pecados imperdonables se llamaban también pecados cometidos "con la mano alzada" quizá en el sentido que tiene hoy entre nosotros la expresión "alzar la mano contra alguien", por ejemplo contra el propio padre. Se trata de un género de pecados cometidos por la mentira, que lucha con odio criminal hasta acabar con la verdad. Por eso son imperdonables, porque es imposible que el que odia la verdad pueda reconocerla, por muy clara que se le ofrezca, y así convertirse y alcanzar perdón. Este es el caso de esos escribas que contradicen y tergiversan la verdad de Jesús, en quien habita el Espíritu de Dios (cf. 2, 10).
Eucaristía 1988/28



3-8. ¿QUÉ PENSAR DE MARÍA?
Volviendo ahora a Mc 3,20-21.31-35, tenemos que arrostrar la cuestión más delicada en relación con la escena que allí se describe: ¿qué sentido puede tener la presencia de María entre los familiares que vienen a retener, a moderar a Jesús? ¿Es quizá indecoroso atribuir también esta actitud a María? No lo es, con tal que tomemos en serio los datos que nos presenta la biblia relativos al progreso de la fe en María.
Como es sabido, es sobre todo Lucas el que se detiene más tiempo en esta dimensión. Pero también Marcos levanta el velo sobre un rasgo tan humano de María de Nazaret. La imagen que de ella nos ofrece es la de una mujer maternalmente preocupada por la suerte de su hijo. No es de maravillar que también María, un día, cuando algunos empezaron a tramar contra la vida de Jesús (Mc 3,6), acudiese a su lado para inducirlo a que tuviese más precaución. En principio, ella misma pudo albergar preocupaciones todavía demasiado humanas por la misión y por la obra de Jesús. Hasta aquí llega Marcos, sin ir más allá.
Queda fuera de su perspectiva el decirnos si María superó y cuándo lo hizo esta fase limitada de su fe, para alcanzar una comprensión más perfecta sobre cómo tenia que recorrer Jesús su propio camino. Marcos deja el tema abierto, pero sin avanzar objeciones en contra. Estrictamente hablando, por ejemplo, en 6,2-6 él no nos dice que fueran la madre o los hermanos y hermanas los que se escandalizaban de Jesús. sino "la multitud" que lo escuchaba en la sinagoga (v. 2).
La intención principal de Mc 3,20-21.31-35 es distinta, solicitada quizá (piensan diversos autores) por la presencia de algunos parientes de Jesús que vivían dentro de la iglesia judeo-cristiana. Marcos entonces advierte a su comunidad que el mismo parentesco carnal con el Señor no es un título suficiente para seguirle con las debidas disposiciones.
Una prueba de ello es el hecho de que, cuando Jesús comenzó su ministerio público, sus familiares lo buscaban, pero "quedándose fuera" (vv. 31.32), es decir, sin adentrarse en el misterio profundo de su persona, en todas sus implicaciones (cf Mc 4,41: "¿Quién es éste...?"). En efecto, ellos albergaban ilusiones y opiniones todavía inadecuadas sobre Jesús, ya que pensaban: "Está fuera de sí" (v. 21). Para superar estas ideas imperfectas y hacerse verdaderos parientes de Jesús, Sabiduría encarnada, los miembros de su familia según la carne tenían (y tienen) que recorrer un camino de fe. En otras palabras, es preciso "hacer la voluntad de Dios' (v. 35). Solamente recorriendo estos senderos entra uno a formar parte del circulo de los discípulos, es decir, de aquellos que "están sentados en torno" a Jesús (vv 32. 34) en aquella "'casa" mística (v. 20), que, a juicio de algunos exegetas, podría ser su iglesia. Esta es ahora la auténtica familia del Señor, la escatológica (v. 35). Que consta de los Doce, llamados por Jesús "para que estuvieran con él" (Mc 3,14); y está formada además por los discípulos de todos los tiempos que, junto con los Doce, se sitúan "alrededor de Jesús" (cf Mc 4,10; 8.34a) y "van tras él" (cf. Mc 8,34b). Lucas será más explícito en decirnos que ése fue efectivamente el camino que escogió María.
CONCLUSIÓN. No se trata realmente (como ocurría de vez en cuando incluso en el pasado más reciente) de relegar a Mc 3,20-21.31-35 entre los pasajes llamados antimariológicos. Todo lo más es un testimonio precioso de los verdaderos vínculos que crean la comunión con Jesús. Marcos enseña que incluso María, la criatura más unida a Cristo con los vínculos de la sangre, tuvo que elevarse a un orden de valores más alto. Las exigencias de la misión del Hijo la inducían a veces a renunciar a sus ideas (muy humanas, por otra parte) de madre según la carne. Después de haber llevado a Jesús en su seno, era preciso que lo engendrase en el corazón, cumpliendo la voluntad de Dios (cf Mc 3,35), una voluntad que se hacia manifiesta en lo que decía y realizaba Jesús. Así la figura de María madre se armoniza y se completa con la de discípula.
A. Serra, Diccionario de Mariología. Págs. 306 S.



9. De los sermones de san Agustín, obispo
Os pido que atendáis a lo que dijo Cristo, el Señor, extendiendo la mano sobre sus discípulos: Éstos son mi madre y mis hermanos. El que cumple la voluntad de mi Padre, que me ha enviado, ése es mi hermano, y hermana, y mi madre. ¿Por ventura no cumplió la voluntad del Padre la Virgen María, ella, que dio fe al mensaje divino, que concibió por su fe, que fue elegida para que de ella naciera entre los hombres el que había de ser nuestra salvación, que fue creada por Cristo antes que Cristo fuera creado en ella?
Ciertamente, cumplió santa María, con toda perfección, la voluntad del Padre, y, por esto, es más importante su condición de discípula de Cristo que la de madre de Cristo, es más dichosa por ser discípula de Cristo que por ser madre de Cristo. Por esto, María fue bienaventurada, porque, antes de dar a luz a su maestro, lo llevó en su seno.
Mira si no es tal como digo. Pasando el Señor, seguido de las multitudes y realizando milagros, dijo una mujer: Dichoso el vientre que te llevó. Y el Señor, para enseñarnos que no hay que buscar la felicidad en las realidades de orden material, ¿qué es lo que respondió?: Mejor, dichosos los que escuchan la palabra de Dios y la cumplen. De ahí que María es dichosa también porque escuchó la palabra de Dios y la cumplió; llevó en su seno el cuerpo de Cristo, pero más aún guardó en su mente la verdad de Cristo. Cristo es la verdad, Cristo tuvo un cuerpo: en la mente de María estuvo Cristo, la verdad; en su seno estuvo Cristo hecho carne, un cuerpo. Y es más importante lo que está en la mente que lo que se lleva en el seno.
María fue santa, María fue dichosa, pero más importante es la Iglesia que la misma Virgen María. ¿En qué sentido? En cuanto que María es parte de la Iglesia, un miembro santo, un miembro excelente, un miembro supereminente, pero un miembro de la totalidad del cuerpo. Ella es parte de la totalidad del cuerpo, y el cuerpo entero es más que uno de sus miembros. La cabeza de este cuerpo es el Señor, y el Cristo total lo constituyen la cabeza y el cuerpo. ¿Qué más diremos? Tenemos, en el cuerpo de la Iglesia, una cabeza divina, tenemos al mismo Dios por cabeza.
Por tanto, amadísimos hermanos, atended a vosotros mismos: también vosotros sois miembros de Cristo, cuerpo de Cristo. Así lo afirma el Señor, de manera equivalente, cuando dice: Éstos son mi madre y mis hermanos. ¿Cómo seréis madre de Cristo? El que escucha y cumple la voluntad de mi Padre del cielo, ése es mi hermano, y mi hermana, y mi madre. Podemos entender lo que significa aquí el calificativo que nos da Cristo de «hermanos» y «hermanas»: la herencia celestial es única, y, por tanto, Cristo, que siendo único no quiso estar solo, quiso que fuéramos herederos del Padre y coherederos suyos.
San Agustín, Sermón 25, 7-8: PL 46, 937-938